22 de julio de 2026 5:00 hs

Dos parejas se reúnen a cenar y a pasarla bien, pero salen los trapos al sol y la terminan pasando mal. El argumento es viejo. El efecto de las películas que lo utilizan es, en general, duradero. Un dios salvaje, ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, los que nos hemos sentado en la butaca antes ellas sabemos que el tópico funciona porque tenemos pruebas. ¿Y por qué funcionan? Porque en el fondo siempre es reconfortante saber que hay alguien peor que nosotros, que tiene pensamientos más ruines, cuyas explosiones y discusiones son, posiblemente, mucho más sísmicas e histriónicas, y que las miserias que desintegran a las parejas de la ficción terminan tomando la forma de un espejo opaco en el que, sin reflejarnos de forma nítida, al menos nos permite acomodar el cuerpo para seguir funcionando o funcionar mejor.

Y porque ver un choque cultural y dialéctico en apartamentos de revista, entre copas y canapés, suele ser divertidísimo.

La invitación es la última película de la actriz y cineasta estadounidense Olivia Wilde y camina por esa línea. En cines uruguayos está desde el jueves pasado peleando por su lugar en las salas con el maremoto de La Odisea, y a juzgar por su buen desempeño el fin de semana, encontró su público extra homérico.

Más noticias

La historia propone un enfrentamiento entre formas de entender el matrimonio e idiosincrasias personales que, de nuevo, se inscriben en la tradición de las películas mencionadas anteriormente, y a las que se pueden agregar otros títulos más recientes como la deliciosa The Party, de Sally Potter. Todas, en algún sentido, terminan bebiendo de las aguas de la película de Mike Nichols (¿Quién le teme a Virginia Woolf?) o de la obra de Yasmina Reza (Un dios salvaje).

En este caso, La invitación comienza abriendo la puerta de la casa de Angela (la propia Olivia Wilde) y Joe (Seth Rogen), un matrimonio con hija preadolescente, que siente las décadas en las costuras de su relación, que tiene la mecha muy corta y la capacidad de ofenderse muy liviana, y que, por encima de todo, afronta un problema que ha decidido tapar con un pacto de silencio: dejaron de tener sexo. Detalle nimio o no, lo juzgará cada espectador, es sobre ese centro que gira esta película, que podría definirse sin empacho como una comedia dramática sexual. Sus disparos, todos, tienen ese destino. Los cómicos y los no tanto.

Porque esa falta de sexo se traduce en otro tipo de frustraciones con las que cargan estos dos personajes al borde de la crisis de ansiedad, y también con las expectativas que, sobre los demás, proyectan. Es ahí cuando entra la tan mentada invitación del título: la que le propone Angela a sus vecinos “de arriba”, Hawk (Edward Norton) y Pina (Penélope Cruz), que durante las madrugadas no son precisamente silenciosos a la hora de manifestar el clímax de su placer, una situación que a cada una de las partes de esta pareja la sitúa en rincones distintos. Mientras que Angela pretende utilizar la cena para “conocerse mejor” y de paso resolver algunas dudas que le quedan picando sobre la aparentemente exaltada vida sexual de sus vecinos. Joe solo quiere dejar claro que no puede dormir y está cansado de escucharlos ejercer el coito como conejos.

Cuando los vecinos se apersonan y las incomodidades se manifiestan, de a poco el entramado de la cena toma caminos peculiares y la película encuentra un punto de inflexión: una propuesta de parte de Hawk y Pina que, atónitos, Angela y Joe tendrán que decidir si aceptan o no. Y que los pone frente a un camino bifurcado: o los une más, o los rompe más. No hay término medio.

Wilde llega a su tercera película en una situación extraña como cineasta. Su primera película, Booksmart, es una de las mejores comedias adolescentes que se hayan hecho en mucho tiempo. Es ácida, divertida, es original, confortablemente transgresora y tiene dos protagonistas en estado de gracia. Fue un comienzo más que prometedor. Su segunda película, No te preocupes, cariño, fue un desastre. Su guion no tiene ni pies ni cabeza, y fue un fracaso económico y artístico.

La invitación, por suerte, no es un fracaso. Tampoco es su mejor película. Wilde recupera fuerza en una película de interiores que recuerda a cosas ya vistas y manidas, pero que se apoya en un guion solvente y, sobre todo, en la dinámica de sus cuatro actores, y por ende depende mucho de lo que entregue cada uno. Cosa que en esta película es, finalmente, dispar.

Wilde elige ponerse en el lugar de Angela, la protagonista, una mujer agobiada y en un punto muerto a nivel vital. Es una decisión interesante y audaz que, además, sale bien. Rogen, por su parte, es una máquina de latiguillos, chistes instantáneos, reacciones hilarantes y salidas de tono que terminan siendo el gran termómetro cómico de una película que, en ocasiones, parece algo insegura con el tipo de humor que quiere hacer. Pero el comediante va a fondo y se luce. Lo peor está en los vecinos: Norton parece estar sin demasiadas ganas de actuar y tiene un discurso presuntamente conmovedor que da vergüenza ajena, en tanto que Penélope Cruz tiene poco que hacer con el personaje que le tocó, una especie de estereotipo extraño de bomba latina y gurú espiritual que no tiene demasiada fuerza.

Pese a los contrapesos actorales, o a la distancia entre el interés que genera una u otra pareja, el guion de Will McCormick y Rashida Jones es inteligente a la hora de plantear ilusoriamente al sexo a su carencia en un problema, cuando en realidad lo que está haciendo es revelarlo como un síntoma. Eso permite que, debajo de todas las discusiones y chistes sobre penetración anal, pegging, orgasmos y fiestas swingers, en el fondo lo que subyace es la crítica a las decisiones que tomamos cuando la insatisfacción general toma el control. ¿Cuál es el punto de quiebre? ¿Y qué posibilidades quedan cuando ese punto de quiebre pasó y no lo identificamos a tiempo? Allí La invitación se muestra como una propuesta más singular. Le cuesta y tiene que sacarse mucha viruta de encima, pero cuando lo muestra, vale. Y encima uno se ríe un montón.

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos