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29 de enero 2023 - 5:00hs

Una pareja busca a alguien con quien “divertirse” en una aplicación de citas. Cuatro personas salen juntas de un boliche camino a un hotel. Seis parejas alquilan una casa en un balneario para pasar un fin de semana. “¿Y si probamos?”, pregunta una publicación en un sitio web junto a la foto de un matrimonio europeo que estará de vacaciones en Montevideo.

Son muchas las historias vinculadas con el origen de la práctica swinger y pocas las certezas. Algunos investigadores lo asocian a un período entre los años cuarenta y lo años sesenta en Estados Unidos, cuando los soldados norteamericanos pasaban largas temporadas en bases militares lejos de casa y algunas parejas permitían que un amigo mantuviera relaciones sexuales en el matrimonio para evitar infidelidades. Otros señalan una práctica que podría haberse dado en reuniones entre amigos –también proveniente del ámbito militar norteamericano–: dejar las llaves de sus habitaciones o autos en un gorro y tomar una al azar para pasar la noche con otra pareja.

Con el impulso de la revolución sexual y el desarrollo de la píldora anticonceptiva las experiencias swingers se fueron expandiendo. El movimiento hippie y la defensa del “amor libre” también fue un ambiente propenso para los intercambios de parejas, pero todavía se mantenía como una práctica discreta. Fue en Europa, a partir de 1975, que el término "swingers" se popularizó en libros, prensa y revistas.

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En Uruguay hay registros de encuentros con intercambio de parejas desde hace al menos 40 años. En principio las parejas publicaban pequeños avisos en las páginas de clasificados: "Pareja busca pareja". El avance de la tecnología y con ella el desarrollo de las redes sociales fueron haciendo más rápido el encuentro, y abriendo las posibilidades: desde el MSN hasta el Telechat, los grupos de Whatsapp o los perfiles de Tinder. La práctica incluye a personas de diferentes clases sociales y generaciones.

A pesar de que se trata de un movimiento que se viene afianzando en el país, la llegada de un crucero con 564 pasajeros que forman parte de la comunidad swinger al puerto de Punta del Este –y la noticia en el informativo de Teledoce– despertó la curiosidad de muchos: se replicó en redes sociales, fue el tema de conversación de espacios de trabajo, rondas de amigos y encuentros de parejas. Despertó, también, muchas preguntas.

Nosotros y ellos

Hace 18 años que Felipe y Noelia son pareja, y hace 11 que incursionaron en el ambiente swinger. Empezaron asistiendo a fiestas privadas y encontrándose con amigos, pero con el tiempo decidieron inaugurar Punto Encuentros. En una casona de Ciudad Vieja, que por fuera es tan discreta como cualquier otra, instalaron un bar con el objetivo de que sea un “espacio seguro” para que la gente se encuentre: un boliche para parejas.

Noelia es la encargada de recibir a aquellos que llegan por primera vez y explica que muchas veces las personas traen miedos e incertidumbres.

“Venimos con una mentalidad donde lamentablemente decimos la palabra 'swinger' o 'intercambio' y se asocia a la oscuridad. Se preguntan qué es todo esto, pero te reciben dos personas como en cualquier resto-pub de Montevideo. Hay espacios para todos. Tenés el espacio de la cumbia, tenés el espacio del rock, tenés el espacio de la electrónica, tenés el espacio de la diversidad, y Punto es el espacio del intercambio. Un lugar para venir a conocer a otra gente”.

No están abiertos a todo público. La dirección es reservada y antes de ingresar le envían a cualquier pareja interesada una serie de lecturas con información que establece las pautas del ambiente. "Si la gente tiene curiosidad y se siente cómoda con esa propuesta viene. Pero no venís obligado a nada”, explica Felipe.

Nadie está obligado a nada. La idea se repite cada tanto y queda claro que existen una serie de reglas dentro de la comunidad entre las que el “no es no” está en la tapa del libro. Nadie puede forzar ninguna interacción.

– ¿Qué pasa si alguien insiste?

– Se retira del lugar. Hay una regla en el ambiente que es mundial: No es no. Hoy, en 2023, ya es una regla en cualquier contexto.

–Un “no, gracias” alcanza. La insistencia te retira del lugar.

¿Cuáles son las otras pautas están en la tapa del libro swinger? El respeto, la discreción, la higiene y el uso de preservativos. “El no exceso de alcohol y no consumo de drogas, porque la idea es que uno venga porque quiere, no porque en el estado o la sensación que estoy me lleva a querer hacerlo”, señala Felipe.

“Otra de las reglas es la no prostitución. No hay chicas trabajando, ni vienen chicas a trabajar. Acá lo que va a pasar es porque tenemos ganas de que pase. Tengo ganas de salir a tomar algo con Feli, charlar y si llegamos a un encuentro es '¿donde vamos?' Es casi seguro que nos vayamos a un hotel. Porque no todos están cómodos con prestar su casa", agrega Noelia.

¿Pero qué significa "ser swinger"? Felipe y Noelia explican que la respuesta no es lineal ni acotada, sino que se trata de una comunidad “muy grande y muy diversa”. Por lo que cada uno tiene su experiencia y sus preferencias. “Si tenemos que hablar de cómo funciona la gente sexualmente no terminamos más”, dicen entre risas. Podría haber tantas definiciones como experiencias.

“En el ambiente hay gente que hace tríos, gente que hace intercambios, gente que hace swinger soft –que es ese juego de intentar excitarse y excitar pero después cada uno vuelve con su pareja–. No hay una regla. No es que soy swinger entonces voy a hacer esto, esto y esto. Es lo que se va dando”, explica él. “Swinger es como el título de una novela muy grande”, acota ella.

También señalan que “ser swinger” no quiere decir que sí o sí vas a tener un intercambio con otra pareja. “No siempre es sexo. Hay muchas parejas que vienen y no han hecho nada. También hay gente que viene y te dice ‘una vez sola y no repito’”. Se trata, finalmente, de una forma de vincularse que no se circunscribe exclusivamente a la experiencia sexual sino al encuentro con otras personas.

Lo entienden como un "juego" o un "condimento" para la pareja. Así como hay personas que incorporan a una relación un juguete sexual o una película erótica buscan "un poquito más". "Es esa experiencia que tenés en tu habitación entre cuatro paredes con tu pareja y hay cosas que van sucediendo. Una película, un juguete, pequeñas sensaciones del momento que estás pidiendo algo más y ese algo más en ese lugar no lo tenés. En este caso lo salís a buscar para que estén presentes", explica.

Pero no hay que confundirse. No se trata de una forma de "arreglar" una relación. La pareja sugiere que la decisión de incursionar en el intercambio se tome en un momento de estabilidad en el vínculo: "Si no estás en tu mejor momento cuando llegues, pasaste la puerta y estás divorciada. Es automático, no vas a tener una opción B. Si venís para ver si se puede ajustar algo, olvidalo", dice Noelia. 

En este sentido destacan la importancia de conversar sobre el deseo, de estar en la misma página con la pareja y tener las mismas inquietudes para que no existan presiones ni inseguridades. La comunicación es clave cuando se trata de experimentar en el mundo swinger.

También la discreción es una premisa base en “el ambiente” –como lo llaman cuando no le dicen “la movida”– y está estrechamente vinculado con el respeto. Tiene que ver con la necesidad de cuidar un espacio donde sienten que es posible dejarse llevar, ser uno mismo y olvidarse de sus etiquetas personales. “Es lo que tiene el ambiente, la gente dice 'acá puedo ser yo, lo que siento y lo que quiero'. No necesito ser el patrón ni el empleado ni el empresario ni la figura pública ni nadie. Soy yo”, dice Felipe. 

Noelia y Felipe observan que las personas más jóvenes por lo general tienen otra forma de vincularse y otro pensamiento a la hora de cómo compartir su sexualidad. Sin embargo, la comunidad es amplia y participan personas tanto de 20 años como mayores de 60. Y cada uno tiene una forma particular de expresar su sexualidad y manejar sus vínculos.

Si bien Punta del Este, como el principal balneario de atractivo turístico del país, suena como el principal destino del ambiente swinger, la pareja señala que hay encuentros en todo el país

"La gente piensa que esto es para la elite. Hay gente de todas las clases sociales porque uno tiene una experiencia con una pareja, no con una cuenta bancaria ni con una billetera", aclara Felipe. Y así funciona en su boliche. Pero también existen fiestas de clase alta, encuentros organizados donde el precio de la entrada hace que las personas que accedan tengan un cierto nivel económico. Como en un boliche convencional, hay organizadores que quieren elegir quiénes ingresan de acuerdo a un estándar monetario.

Al mismo tiempo, hay personas que prefieren mantener experiencias swinger fuera del Uruguay por lo que visitan otros países como Argentina, Brasil, México o España. "Si te gusta comer y te vas de viaje vas a probar comidas, si te gusta bailar vas a ir a un boliche, si te gusta el teatro vas a ver una obra. Si sos swinger vas a conocer la noche, buscar nuevas experiencias y conocer otro tipo de lugares", dice él. 

También hay parejas que prefieren organizar un encuentro directamente con un tercero o con otra pareja. Personas que sienten que se exponen en un club o en una fiesta y prefieren conocer gente en sitios web o aplicaciones de citas. La forma no es diferente a la de cualquiera que quiera conocer a alguien: acordar una cita y ver si hay química.

¿Qué es un “tercero” o una "tercera"? En el ambiente swinger es una persona que tiene claro que va a vincularse con dos personas. "Un complemento de la pareja". A diferencia de un "hombre solo" o una "mujer sola", como se le dice a una persona que quiere seducir a una persona que no tiene pareja. "El hombre solo es el que viene a cancherear y ver qué levanta. Y en realidad son ellos los que te eligen a vos y no al revés", ejemplifica ella.

La visión sobre el ambiente swinger se ha modificado a lo largo del tiempo. La representación de la práctica en los productos de consumo cultural también, desde la película Bob & Carol & Ted & Alice, estrenada en 1969, parando por la popular Dos más dos de la vecina orilla, hasta la reciente Élite.

Sin embargo, todavía carga con una mirada cargada de juicios desde el exterior: que se trata de un lugar de excesos donde todo puede suceder. “La gente que no conoce el ambiente piensa que es gente grande aburrida de su sexualidad que quiere intercambiar o gente joven drogada que no sabe lo que hace”, señala la pareja como una especie de hipérbole del prejuicio. Pero marcan también que una vez que la gente se interesa por el ambiente, sus códigos y las formas de moverse en la comunidad, más allá de que puede o no ser algo que deseen practicar, la mirada puede cambiar.

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