El español Pedro Arrojo, relator especial sobre los Derechos Humanos al Agua Potable y al Saneamiento, afirma que “aunque no haya una intención manifiesta, los datos muestran que la guerra se encamina a un genocidio”.
El español Pedro Arrojo, relator especial sobre los Derechos Humanos al Agua Potable y al Saneamiento, afirma que “aunque no haya una intención manifiesta, los datos muestran que la guerra se encamina a un genocidio”.
Arrojo, experto independiente de las Naciones Unidas (ONU), sostiene que un alto el fuego del ejército israelí en la franja de Gaza es necesario para “evitar un grave riesgo de genocidio”. Se apoya en el artículo 7 del Estatuto de Roma, creado en 1998 y que fundamenta la creación del Tribunal Penal Internacional. Ese artículo se refiere a “la privación del acceso a alimentos o medicinas, entre otras”, como el agua.
“Inevitablemente, las enfermedades se dispararán en Gaza y muchos morirán al no tener acceso a los más básicos medicamentos”, dijo Arrojo en diálogo con El País de Madrid. Dice que en la Franja de Gaza “no queda agua potable” y que muchos pobladores beben agua salada e insalubre para no morir de sed.
“La situación ha llegado a un punto de inflexión catastrófico” y responsabiliza no solo a Israel sino también a sus aliados internacionales sobre la obligación de proteger a los 2.200.000 de palestinos que residen en el enclave palestino.
Los camiones de ayuda humanitaria que llegan a la Franja a través del paso egipcio de Rafah son “insuficientes, al punto que no llegan a cubrir ni el 1% del agua potable que se necesita”, según Arrojo.
La ONU ya había avisado que los residentes de Gaza viven desde el inicio de la guerra, el 7 de octubre, con menos de tres litros de agua al día, muy por debajo de los 50 litros que recomienda la Organización Mundial de la Salud para satisfacer la bebida y la higiene.
También expresó su preocupación por la seguridad de los trabajadores humanitarios y los médicos, que están “protegidos por el derecho internacional”.
Recuerda que “la guerra tiene normas”. Desde el inicio de la contraofensiva israelí han muerto 9.227 personas, incluidos casi 4.000 niños, según el Ministerio de Sanidad de Gaza, que tiene tres fuentes principales de agua: los acuíferos, las plantas desalinizadoras y las tuberías que conectan con Israel.
Los acuíferos “están siendo sobreexplotados, pues se está extrayendo más del triple del agua que se repone en ellos de manera natural”, advierte. Esto no solo reduce los niveles de agua dulce, sino que también provoca una “infiltración masiva” de agua salada, que proviene principalmente del mar Mediterráneo.
Las plantas desalinizadoras están funcionando solo parcialmente como consecuencia de los cortes de luz en la Franja. De las tres que hay en el enclave, según la cadena CNN, solo funciona una al 7% de su capacidad habitual. Antes de la guerra, el 90% del abastecimiento procedía de esta fuente. “Cortar la energía es cortar el agua”, afirma Arrojo.
El agua suministrada a través de tres tuberías conectadas con Israel, por las que entra el 10% del agua que se consume en Gaza, fue cortada al inicio de la guerra. El abastecimiento solo se retomó parcialmente en dos de las tres cañerías a partir del 15 de octubre.
Ante este escenario, Arrojo denuncia que miles de personas están consumiendo agua salada de los pozos agrícolas, que extraen de manera manual, “para poder vivir”, siempre y cuando cuenten con combustible o energía suficiente para poner a funcionar las bombas.
El principal problema es que la ingesta continua de agua salada e insalubre puede producir enfermedades como diarreas, que luego se traducen en deshidratación o colapsos renales. “Beber esta agua te hace vomitar, pero si lo dejas de hacer, en cinco o seis días te mueres”, agrega.