Un fantasma recorre Europa
La posible quiebra de Grecia y el temor al efecto dominó resquebrajan al clan
Han pasado tres años desde que la palabra crisis se instauró como un trágico vocablo cotidiano, cuando la quiebra de Lehman Brothers arrastró al mundo a la recesión más grave desde el fin de la segunda guerra mundial. Hoy la sombra del descalabro financiero se encuentra en el viejo continente y las similitudes entre la crisis global de crédito en 2008 y la que atraviesa Europa reavivan la preocupación.
El miedo tiene varios flancos. La posible quiebra de Grecia y que se genere un efecto dominó; la desconfianza de los inversores hacia la capacidad de los países más afectados para recomponer la situación; la posibilidad de crecimiento en un contexto de restricción; el que sea necesario rescatar a una economía demasiado grande, como la italiana.
Uruguay podría verse afectado por la disminución de la demanda y los capitales externos, así como por la influencia de este fenómeno en Brasil, el principal comprador de productos uruguayos.
Han pasado tres años desde que la palabra crisis se instauró como un trágico vocablo cotidiano, cuando la quiebra de Lehman Brothers arrastró al mundo a la recesión más grave desde el fin de la segunda guerra mundial. Hoy la sombra del descalabro financiero se encuentra en el viejo continente y las similitudes entre la crisis global de crédito en 2008 y la que atraviesa Europa reavivan la preocupación.
El miedo al contagio surge de Grecia, en riesgo de quiebra inminente, sin poder afrontar los pagos de una deuda pública que alcanza casi el 150% de su PBI. España e Irlanda, luego del pinchazo de la burbuja inmobiliaria, se enfrentan a una tasa de paro que supera el 20% en el país ibérico, y a un déficit desproporcionado en el caso de la isla.
Italia también cuenta con una deuda pública superior a su economía y Portugal se parece cada vez más a Grecia: para Moody’s solo es cuestión de tiempo para que se pida otro rescate.
La incertidumbre se acrecienta en esta familia disfuncional en la que se ha convertido la UE, en la que los platos rotos de los hijos revoltosos los paga el resto del clan, no sin cierta resistencia y rezago. La integración de la unión es discutida desde lo político por la falta de homogeneidad y acuerdo, y desde lo económico por la ausencia de una integración que vaya más allá del euro e implique una deuda conjunta o un gasto fiscal uniforme.
El miedo tiene varios flancos. La posible quiebra de Grecia y que se genere un efecto dominó; la desconfianza de los inversores hacia la capacidad de los países más afectados para recomponer la situación; la posibilidad de crecimiento en un contexto de restricción; el que sea necesario rescatar a una economía demasiado grande, como la italiana.
Uruguay podría verse afectado por la disminución de la demanda y los capitales externos, así como por la influencia de este fenómeno en Brasil, el principal comprador de productos uruguayos.