Un nuevo escenario global pone en peligro la expansión
Más allá de la crisis, hay desafíos que obligan a Uruguay a reaccionar para seguir creciendo
Cuando los uruguayos comenzábamos a comprender que la nueva configuración económica del mundo era funcional a un crecimiento acelerado de nuestra economía, llegó la crisis internacional en 2008 para patear el tablero. Por supuesto que nos asustamos. Era la prueba de fuego para la economía uruguaya. Aguantamos la tormenta y a la hora de evaluar los daños nos sorprendimos al ver que todo seguía en su lugar.
Pero ahora la crisis europea volvió a trastocar los fundamentos de la economía mundial y por sobre todo, las proyecciones a mediano plazo. El panorama que se abre no es ahora tan favorable para Uruguay porque el país se encuentra en otra situación, compite en otra categoría.
La crisis de 2002 obligó a la reconstrucción de una economía. Había que empezar prácticamente de cero, con un mercado interno destruido, niveles de desocupación astronómicos y sobre todo, mucha pero muchísima capacidad ociosa en los diferentes sectores de actividad.
Solo con oler la demanda, los empresarios podían poner a trabajar los recursos disponibles y eso le permitió al país aprovechar de la mejor manera los vientos favorables. La abundancia de capitales desde el norte y las florecientes economías en el sur fueron la chispa que encendió el motor.
Pero hoy en día, el panorama es diferente. Uruguay se encuentra en una situación de pleno empleo en la cual sus recursos humanos, naturales y de capital se encuentran al servicio de la nueva demanda. Es difícil creer que China va a reducir su consumo o que una crisis sistémica dañe a Brasil, los principales mercados que, junto con la demanda interna, le permiten al país sostener su crecimiento.
Sin embargo, ya el escenario de desaceleración puede complicarle a Uruguay mantener las tasas de crecimiento a las que se había acostumbrado. Y no solo eso, por el lado de la oferta también se enfrenta una situación muy diferente a la de 2004.
Uruguay no cuenta ya con una reserva de recursos humanos disponibles, a bajo costo, para emplearlos en la expansión económica. Con una tasa de desempleo en el entorno de 6%, no se puede crecer por agregación de nuevas manos a los procesos productivos. Tampoco por el lado de la inversión, dado que los países desarrollados, principales expulsores de capitales en los últimos años, encontrarán opciones más rentables en sus propias economías, una vez que se inicie el proceso de recuperación.
La única alternativa de crecimiento para Uruguay será a partir de la generación de nuevas capacidades en los recursos ya existentes. La apuesta a la productividad, la formación y diferenciación de los recursos, se visualiza hoy como la única alternativa para mantener el crecimiento de cara al nuevo escenario global.