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Parece una sala de una mutualista o, mejor dicho, de un seguro privado. La temperatura es la ideal, está todo extremadamente limpio, los espacios se ven nuevos y funcionales. Se respira paz. Hay dos camas por habitación, hay sillas para los acompañantes, los enfermeros preguntan si está todo bien, retiran la bandeja del desayuno y se van con una sonrisa. Parece un seguro privado, pero es un servicio de la mal afamada Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE).

“No me quiero ir”, confiesa a los médicos un señor que ingresó el día anterior con un cuadro respiratorio. “Y nadie se quiere ir. La conformidad es del 99%”, asegura a El Observador Nancy Silva, una de las coordinadoras de esa sala que funciona dentro del Piñeyro del Campo, en la Unión. Sin embargo, por más bien que se sientan los pacientes allí, se trata de un paraíso con fecha de vencimiento: después de 12 horas, hay que abandonarlo.

La Unidad de Corta Estancia es un proyecto piloto que ASSE ejecuta desde principios de junio en el marco del Plan Invierno. Es, quizás, uno de los reclamos más antiguos de las emergencias móviles: contar con un espacio para recibir a los pacientes que ameritan una atención de emergencia, pero cuyo estado no es tan crítico como para requerir internación. Allí se evacúan, principalmente, consultas por patologías respiratorias leves, y digestivas.

Todos los inviernos, las móviles se quejan de que las puertas de emergencia de los hospitales públicos se saturan de ambulancias con pacientes esperando que se les asigne una cama. Los CTI no dan abasto y las emergencias tampoco, porque pasan horas estancadas en los hospitales, sin poder dar respuesta a otras consultas.

La Unidad de Corta Estancia busca aliviar esta situación, y algunos opinan que ese objetivo se está logrando.

Cuando una emergencia móvil atiende en el domicilio a un paciente de ASSE y estima que necesita internación, consulta con un centro coordinador del organismo. Si los síntomas descritos por teléfono coinciden con el tipo de patologías que admite la Unidad de Corta Estancia, lo derivan para allí.

Una vez que el paciente ingresa a la sala, empieza a correr el reloj. En menos de cuatro horas se realizan los análisis necesarios y se define el diagnóstico. Luego se lo trata y, si evoluciona bien, se le da de alta y se lo lleva a su casa. Si el paciente requiere un seguimiento, es el mismo personal de la unidad el que vuelve a visitarlo en su domicilio. Si pasadas las 12 horas en la sala la persona no mejoró, se la deriva a un hospital. En el mes y medio que lleva funcionando la unidad, pasaron por allí unos 170 pacientes. Solo el 30 % debió luego ser internado.

Todo en 20 días
Francois Borde es el director de la 105 (la emergencia de ASSE) y está a cargo de este servicio. Borde explicó a El Observador que la unidad se armó en 20 días, un tiempo que reconoció récord para ASSE.

“Fuimos solicitando a los hospitales todo lo que precisábamos. Conseguimos una sala que el Piñeyro tenía sin usar y nos prestó temporalmente. Todo lo conseguimos en 20 días: recursos humanos, aparatos de radio, articulaciones con laboratorios, tecnología. ¿Por qué? Porque hay mucha preocupación de ASSE por solucionar el tema”, alegó.

Para seleccionar el personal, se procuró que se entusiasmara con la propuesta y se compartiera la filosofía. Según Borde, la unidad “implica un cambio cultural para los médicos”, ya que deben atender solo “el episodio agudo”. La dotación de personal es superior a la que hay en los hospitales de ASSE. Por turno hay dos médicos internistas, tres auxiliares de enfermería y un nurse. “La idea es que el paciente no se demore”, explicó Borde.

Experiencia positiva
En ASSE se muestran orgullosos respecto al funcionamiento de la unidad. Repiten que se trata de una experiencia positiva e innovadora, y que es posible que, al cabo del invierno, se evalúe ampliarla para 2014. Lo ideal sería contar con salas de ese estilo anexas a todos los hospitales.

Pero no solo allí hablan bien de la unidad. Las propias móviles, que siempre tienen sus quejas sobre ASSE, esta vez reconocen que el proyecto funciona, y bien.

Jorge Díaz, gerente de UCM, aseguró que la presencia de la unidad se nota y “ha aliviado el ‘cuello de botella’ en los hospitales”. Y el presidente de la Cámara de Emergencias, Guillermo Ramírez, admitió estar de acuerdo con el concepto de la unidad, pero pidió más tiempo para evaluar su funcionamiento. “Es un buen punto de partida”, comentó.
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