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A pesar de que “había tomado un ómnibus al Cerro e iba sentado al lado de la vida”, como recita y canta en su memorable Guitarra negra, la muerte detuvo ese viaje de Alfredo Zitarrosa a sus 52 años de edad, dejando tras de sí un invalorable acervo personal que ahora su familia, de la mano de Moriana Peyrou y Diego Barnabé, busca rescatar del deterioro a través del Archivo Digital Alfredo Zitarrosa, un proyecto que no solo apunta restaurar el patrimonio del artista sino también generar material de investigación, con una exposición multimedia y un libro-catálogo que sea el reflejo de la calidad y riqueza que tiene todo el patrimonio de la voz más aguardentosa de la música popular latinoamericana.

Para entender mejor de qué se trata el Archivo Digital Alfredo Zitarrosa primero hay que señalar algo importante: el creador de Adagio en mi país, Canto de nadie, Milonga para una niña, El violín de Becho y Candombe del olvido –entre muchas otras canciones–, además de un gran artista era un hombre que documentaba, mantenía y ordenaba metódicamente toda su historia personal y profesional.

Un ejemplo de esto, según comentó Peyrou a El Observador, es su biblioteca personal, la cual se encuentra toda encuadernada por él mismo, con tapas de cuero negras y las iniciales “AZ” grabadas.

“Hay miles de libros en la biblioteca de Zitarrosa, pero cerca de 200 son los que tienen esta característica, dado que él los consideraba como sus libros de cabecera. Lo curioso es ver qué cosas le interesaban o qué cosas estudiaba, porque tenía muchos libros de robótica y cibernética llenos de anotaciones o reflexiones. Por ejemplo, en uno de esos apuntes Zitarrosa muestra cierta preocupación por cómo la robótica va a suplantar el trabajo de la gente”, señaló Peyrou, agregando que entre algunos de los libros encuadernados por él se encuentran títulos de Albert Einstein, Antonio Gramsci, Mikhaïl Bakounine, Winston Churchill y Emmanuel Kant.

Otro ejemplo de la meticulosidad de llevar un registro de su vida es el orden que Zitarrosa llevaba de toda su correspondencia, tanto de las cartas que recibía como de las que enviaba, ya que escribía todas con papel carbónico, como queda demostrado con la copia de epístolas a Joan Manuel Serrat y a un innumerable grupo de músicos de toda Latinoamérica.

Esta vocación por preservar su historia y su creación es una tarea que Zitarrosa hizo a conciencia hasta el día de su muerte. Al parecer, el creador de Doña Soledad trasladó esta misma convicción a su familia –más precisamente a sus hijas María Serena y Carla Moriana–, que entre 1995 y 2002, y luego a través de la Fundación Zitarrosa, comenzó un trabajo de ordenamiento, preservación y rescate de parte del acervo.

El hecho es que, según Peyrou, este trabajo realizado por los herederos de Zitarrosa no pudo seguirse por falta de recursos humanos y económicos, dejando librado al azar un importante material histórico, de gran valor cultural y patrimonial para el país, que actualmente está en riesgos de conservación dado a que se encuentra guardado en espacios no adecuados para su preservación desde el punto de vista de la humedad, temperatura y seguridad.

“De hecho, todo este acervo, que está en manos de las hijas de Zitarrosa, está guardado en una sola habitación, que ha llegado incluso a lloverse. Es por eso que nosotros buscamos, mediante la documentación y digitalización, crear el Archivo Digital Alfredo Zitarrosa, un proyecto que, al estar inscripto en el registro de los Fondos de Incentivo Cultural, otorgará beneficios fiscales a las empresas que nos apoyen”, apuntó Peyrou, fundadora y directora junto a Barnabé de la empresa DÚO.

Según la comunicadora y gestora cultural, el dinero que precisan para llevar adelante este proyecto ronda los $ 3 millones y el tiempo para terminarlo es de aproximadamente 18 meses.

“Lo rico de todo este patrimonio es la multiplicidad de productos culturales que pueden surgir del mismo, ya que pueden hacerse muestras temáticas a partir de sus cartas, de sus escritos, de todo el material sonoro y audiovisual que existe, pero sobre todo de su acervo personal”, remarcó Peyrou, recordando que estamos hablando de Alfredo Zitarrosa, un incansable artista que, desde sus inicios como cantor profesional –allá por 1964 en Perú– hasta sus últimos años de trabajo –abocados más a su obra literaria–, supo siempre dejar un rastro indeleble en todo lo que hizo.

Un rico acervo

Entre los materiales que posee la familia del artista se encuentran 80 cintas de audio del programa Casi en privado, difundido por Radio Educación de México, en el que Zitarrosa entrevistaba a importantes figuras de la cultura latinoamericana; también hay 450 cassettes de audio conteniendo pruebas, ensayos, recitales y entrevistas, más otras 150 cintas de audio de carrete abierto conteniendo más de un 75% de material sin documentar ni categorizar. Por si esto fuera poco, existen 950 fotografías del artista, 1.700 diapositivas, 700 artículos de prensa archivados, 200 afiches, 25 videos en formato VHS y 220 respaldos de audio en formato CD correspondientes a 140 cintas. A su vez hay carpetas con cartas enviadas y recibidas, más otras carpetas con apuntes y escritos varios, así como también numerosas publicaciones de prensa sin clasificar ni archivar. Obviamente entre los materiales de este acervo se encuentra su discoteca y biblioteca personal, documentos y objetos personales, como sus trajes, sombreros y guitarras.

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