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El mismo día que enfrentaron con Sud América a Peñarol, Mariano Miño se enteró que en Argentina, su país, su padre Roberto de 50 años sufrió un accidente cerebrovascular (ACV). No sabía qué hacer, si irse o no porque las noticias recién llegaban. Hasta que le avisaron que se quedara en Montevideo.

Lo internaron y los médicos le dijeron a su madre Mónica: "Si no firma aquí para aprobar la operación de cerebro, su marido se muere".

La intervención quirúrgica duró cinco horas y Roberto estuvo dos días en coma. Pero cuando despertó y apenas pudo hablar algo, pidió que Mariano se quedara y siguiera con su carrera.

"No me fui, porque él me lo pidió", explicó a Referí el volante de Sud América que le hizo el gol en la hora a Nacional que les permite jugar dos partidos ante El Tanque Sisley para ver quién desciende.

"En esas operaciones, existe un 70% de probabilidades de que quede alguna secuela cerebral o en el cuerpo, pero él de a poco, sigue internado, pero ya está mejor y camina", agregó.

Cuenta Mariano que su padre pudo escuchar por radio este domingo el partido ante Nacional y su gol. "Hicimos una videollamada que fue muy emocionante, porque mi viejo quedó sensible luego de la operación", dice.

Ese mismo que se está recuperando, es el que llegaba de trabajar a las 6 de la mañana como valet parking del casino de Puerto Madero en Buenos Aires, y sin dormir, lo llevaba a las prácticas o a los partidos.

Como Mariano hoy está en pareja con Laura y tiene un hijo –Noah, de un año y medio–, entiende aún más aquel esfuerzo que hacía su papá.

"¿Sabés cómo valoro hoy lo que hacía mi viejo? Cuando sos papá te das más cuenta de esas cosas", explica Mariano.

Se crió en Tigre, Buenos Aires, y jugaba en las inferiores de River Plate de Argentina. Lo hizo durante tres años, mismo lapso que concurrió al colegio del club.

Pero cuando a su padre le empezó a ir mal en el trabajo, emigraron a Mercedes, "un pueblo de Corrientes", y allí el protagonista prácticamente se crió, comenzó su carrera, se ennovió con su actual pareja y hasta tuvo a su hijo.

Empezó a jugar en Comunicaciones de esa ciudad, el equipo del que es dueño el gobernador actual de la provincia, Ricardo Colombi. "Jugué en el Argentino C y el Argentino B y también en la liga del pueblo. Es un club que tiene una gran infraestructura y ellos se portaron muy bien conmigo. Yo no tenía obra social (mutualista) y con el nacimiento de Noah me dieron una mano y me consiguieron médicos", recuerda.

Entonces se fracturó la tibia y como fue algo complicado, estuvo ocho meses sin volver a jugar. Siguó luchando y "nunca pensé en dejar. Laura, mi señora, me ayudó muchísimo en eso", dice.

Cuando nació su hijo, "trajo un pan debajo del brazo" y lo contrató Boca Unidos de Corrientes para jugar la B Nacional. Ese fue su primer club profesional y cuando él llegó, se fue Paolo Montero a Colón. "No lo conocí, pero dejó una muy buena impresión en mis compañeros y en el club. Le fue bárbaro", indicó.

En algunos encuentros en que bajó de categoría, fue dirigido por el uruguayo Sergio Umpiérrez, quien hace años que está por aquellos lares.

Le ofrecieron firmar un contrato por tres años, pero también podía quedar libre si él lo decidía así, y tomó por este camino. Sus representantes lo trajeron con el técnico Daniel Timpani a Sud América. "Surgió venir para acá y lo elegí porque la idea es apuntar a pegar el salto al exterior cuando terminara este torneo".

Claro que pasó momentos complicados porque el club estuvo atrasado en el pago de los sueldos y allí sus representantes lo ayudaron económicamente. "Yo me la puedo bancar, pero no puedo pasar necesidades con mi hijo", expresó.

El parate del fútbol le dio la posibilidad de que Gustavo Bueno lo viera más en las prácticas y desde que arrancó la actividad, jugó siempre.

"Me gusta mucho Montevideo. La gente es muy amable, a diferencia de Argentina, como que quieren que te sientas cómodo", indicó.

En los ratos libres lleva a Noah al Parque Rodó o a un shopping y también disfruta con su señora de la rambla.

En la semana previa a enfrentar a Nacional, dice que en broma con algunos compañeros le dijeron al técnico Gustavo Bueno que le pidiera a Gonzalo (su hijo quien juega en los tricolores) que no la rompiera contra ellos: "Es que en realidad, dependíamos de qué pasaba con El Tanque. Cuando terminó nuestro partido, algunos compañeros se quedaron escuchando ese encuentro y cuando pitaron el final, saltamos todos en el vestuario".

El gol más importante de Sud América en los últimos tiempos, lo festejó sin muchos gestos. Así lo comenta: "Es que siempre ligo mal en los goles. Cada vez que festejo, algún compañero me pisa un tobillo o me lastima. Cuando vi que se me venían todos pensé: 'Acá me matan' y me quedé tranquilo".

Le encanta el chamamé, la música de su tierra y sus compañeros lo gastan. '¡Apagá eso!', le dicen sonriendo.

Mariano disfruta su presente con Laura y Noah. De aquel pueblo de Corrientes, a Montevideo.
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