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“Vidas antiguas, nuevos descubrimientos”, que estará abierta al público desde mañana y hasta el 30 de noviembre, revela interesantes aspectos físicos, sociales o culturales de ocho de las 120 momias que integran la colección del museo, procedentes de Egipto y Sudán y que se remontan a hace más de 4.000 años.

Después de dos siglos sin destaparlas para evitar un posible riesgo de dañar su interior, este proyecto de investigación realizado mediante la técnica de la tomografía computarizada ha hecho posible indagar dentro de las momias de una manera no invasiva para obtener descubrimientos sorprendentes.

Se ha podido determinar de manera más precisa la edad de los individuos momificados, averiguar qué dolencias padecían o sus posibles causas de fallecimiento, analizar sus problemas dentales –muy graves en algunos casos– o descubrir qué amuletos llevaban, al tiempo que se ven sus rostros por primera vez.

Entre las momias expuestas figuran las de dos niños y la de una cantante de un templo.

“El Museo Británico no ha destapado las momias en los últimos 200 años y eso es algo que los comisarios agradecen ahora pues ese proceso implica un riesgo por el que a veces se destruyen las evidencias que se quieren analizar”, observó John Taylor, principal comisario de la exposición.

De hecho, los expertos se centran actualmente en “analizar las momias sin ocasionar alteraciones, contemplando lo que hay bajo el envoltorio”, agregó ese experto.

Daniel Antoine, especializado en Antropología Física del museo londinense, subrayó la importancia “crucial” de esos progresos tecnológicos al haber permitido “ver cosas sorprendentes con todo detalle sin precedentes”.

“Gracias a ellos se ha podido descubrir, por primera vez, muchos más aspectos sobre estos individuos como las enfermedades que tenían al poder mover las capas virtualmente”, explicó Antoine.

Si antes se tendía a hacer un particular hincapié en las circunstancias que rodeaban a la muerte y los rituales fúnebres, esta nueva exhibición aboga por enfatizar “los aspectos de la vida de esas personas, como su estado de salud, su aspecto físico o sus hábitos de nutrición”, aclaró John Taylor.

Con mecanismos interactivos, el visitante puede observar las caras de esas personas que vivieron en Egipto o Sudán hace miles de años, y que aún conservan pelo y piel. Las momias fueron llevadas por primera vez al Museo Británico en 1756 y en muchos casos los expertos ni siquiera fueron capaces de determinar el sexo de esas personas. (EFE) l

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