Un villano que se hará extrañar
Además de vivir una larga vida en la pantalla como un malvado icónico, Christopher Lee fue un hombre de muchos talentos que incluyeron la música pesada, el dominio de los idiomas y un pasado bélico exitoso
En pleno estallido de la segunda guerra mundial, un joven británico de 1,96 de altura y voz profunda, enlistado para servir a su país como piloto, fue requerido para cumplir otras tareas. Su dominio fluido del alemán y el francés lo convirtieron en un candidato idea para cazar nazis desde otra área, la de inteligencia militar.
Tras la victoria de los Aliados, el joven volvió a Inglaterra con 22 años y una encrucijada: retomar su antiguo trabajo de oficina o lanzarse a hacer otra cosa. Motivado por un familiar, decidió probar suerte con la actuación, pese a que su madre se oponía fuertemente.
Alto, oscuro y espantoso. Esas son las palabras que Christopher Lee eligió para describir en un juego de palabras su vida y carrera como actor, que empezó ese día en el que su primo le dijo que utilizara sus heridas de guerra para conseguir papeles en el teatro y el cine.
El británico falleció el domingo pasado a sus 93 años debido a complicaciones respiratorias e insuficiencia cardíaca, pero su esposa desde hace 50 años, Birgit Kroencke Lee, decidió comunicarlo oficialmente ayer.
Antes de su muerte, Lee sabía que su figura sería recordada por imponer miedo. El actor tuvo su primer gran papel como el monstruo de Frankenstein en una adaptación de la novela de Mary Shelley, de 1957, titulada La maldición de Frankestein. La película fue producida por los estudios Hammer Film, cuyos superiores se vieron sorprendidos por la entrega de Lee y le ofrecieron encarnar el año siguiente otro rol de monstruo clásico: Drácula.
Lee encarnó al célebre vampiro concebido por Bram Stoker durante ocho películas, en lo que hoy su papel más recordados. Cansado de la repetición que le exigía el personaje, en sus últimas películas Lee ya se concentraba en asustar con sus colmillos y morder cuellos, pero afortunadamente para él su carisma como el chupasangre le abrió las puertas hacia otros géneros, en los que emprendería una carrera activa hasta sus últimos días.
Pero antes de ocupar su tercera edad con papeles memorables en franquicias que afianzaron su estrellato, Lee se mostró como un intérprete versátil con más capacidades que solo la de proveer miedo.
Además de sus papeles como monstruo o villano en películas como La Momia (1959) o El rostro de Fu Man Chu (1965), el británico también encarnó a Sherlock Holmes en dos ocasiones y un líder de un culto pagano en The Wicker Man (1973), considerada un clásico del culto dentro de las películas de horror.
Mientras su figura crecía, también lo hacían sus papeles. Por eso es que tal vez los más cinéfilos recuerden a Lee como el antagonista del James Bond de Roger Moore en El hombre de la pistola de oro (1974), donde encarnó al diabólico Francisco Scaramanga.
Si bien su filmografía detalla que Lee se mantuvo trabajando de manera constante, fue gracias a su legado como icono del cine de terror que el actor tuvo un segundo auge.
Grandes franquicias
Tanto el creador de Star Wars, George Lucas, como el director de la trilogía de El señor de los anillos, Peter Jackson, recordaban en el alto y veterano actor una figura cautivante capaz de seducir al espectador con su presencia, que toma la pantalla por asalto. Ambos directores lo tuvieron al frente como un villano de sus películas, siempre balanceando sus viles papeles con la emoción inherente a cualquier ser humano.
Disfrutando de su renovada fama, Lee escribió libros y, ya entrado en sus 80 años, hasta lanzó canciones y discos dentro del género heavy metal. Gracias a esta faceta musical recibió varios galardones potenciados por su timbre de voz bajo.
Pese a pasar una larga vida en pantalla rodeado de papeles oscuros, Lee –quien fue condecorado en 2001 como caballero del Imperio Británico– supo aportar su luz en forma de clase y personalidad a una carrera que no será olvidada.