ver más

Los productores agrícolas uruguayos podrían evitar un incremento en los costos productivos –oscila del 20% al 30%– solo con tener la actitud adecuada para encarar la problemática de las malezas, que es un enemigo de creciente impacto en las chacras, no obstante lejos está de ser una adversidad que no se pueda controlar, comentó a El Observador Agropecuario la ingeniera agrónoma Amalia Ríos.

Investigadora del INIA entre 1979 y 2012 (en manejo de malezas en pasturas y cultivos) y asesora de empresas nacionales e internacionales, participó el jueves 11 de julio en el congreso No Malezas organizado por Syngenta en el hotel Sheraton de Retiro, en Buenos Aires.

Lo hizo en compañía de otras 18 personas que viajaron en el marco de una actividad coordinada por Syngenta Uruguay.

Ríos precisó que el avance de las malezas “es una problemática mundial que se va complicando”. Lo mejor, enfatizó, “es prevenir, por eso siempre en nuestros seminarios hablamos de viabilidad del glifosato en sistemas productivos sustentables”.

Para solucionar este problema “hay medidas, se puede revertir, hay tecnología, pero es fundamental actuar a tiempo”, afirmó.

Más allá del glifosato

Joaquín Ponce De León, otro de los integrantes del “equipo” de uruguayos presentes en el congreso, es agrónomo y un experiente asesor de productores en el país.

Dijo que en Uruguay “están apareciendo más resistencias, más tolerancias, el problema en realidad es el mismo y para mi proviene de una mala utilización de productos. Nos hemos centrado en el uso del glifosato y ya no sabemos distinguir, esa es la realidad, esos cotiledones que están saliendo del suelo a qué maleza corresponden, y tampoco estamos manejando la gama de herbicidas que manejábamos antes, no tratamos el problema como debemos tratarlo”.

Comentó, para ilustrar esa consideración, que “hoy es muy común que alguien avise que el potrero Nº 2, por ejemplo, está verdeando, entonces recibe como orden echarle dos litros de glifosato, y ya está… ¡ni siquiera se va a ver al potrero! Estoy generalizado, y me incluyo, pero creo que nos debemos preparar mejor en lo que es saber qué maleza tenemos que tratar, con qué la tenemos que tratar y también en qué momento la tenemos que tratar”.

“Es fundamental realizar un monitoreo permanente y, cuando sea necesario, una aplicación adecuada y en la dosis adecuada, usando toda la gama de herramientas, incluido el movimiento del suelo, que no sean agresivo claro, no hablo de usar el arado, hablo de usar otras herramientas. Todo esto de las malezas se complicó más una vez que vino la siembra directa, no movemos la tierra, se que hay muchos productores que están moviendo el suelo y no tienen tantos problemas; la verdad es que hay herramientas que debemos armonizar para utilizarlas bien”, expresó.

Es mejor prevenir

Mauricio Morabito, director de Syngenta LAS (Latinoamérica Sur) y uno de los expositores en el congreso (ver en el recuadro), admitió que “uno de los obstáculos para mejorar es el gran desconocimiento sobre la biología y sobre todos los aspectos de las malezas; no podemos hacer bien las cosas si desconocemos el problema, aprender todos es el camino a recorrer para atacar un problema que solo lo podemos resolver en conjunto”. Añadió que “se aprecia en el productor una actitud de recurrir a productos de alta calidad a la hora de solucionar, pero lamentablemente vemos que en todas partes lo hacen una vez que tienen declarado el problema, despiertan tarde y los costos son mayores; cuando no tienen el problema es difícil que usen un producto que de pronto les sale un poco más caro pero que a lo largo de los años les dará mayor beneficio y evitará esos costos adicionales”.

Pablo Mainez, integrante del equipo de profesionales de Syngenta Argentina (ver en el recuadro), señaló que en Argentina la problemática de las malezas “viene aumentando, pero hay un grado de concientización del manejo de este tipo de malezas que nos va a llevar a mejorar; la situación es de una problemática creciente con un horizonte en el que el problema no se va a terminar, pero se puede controlar”.

Planes y ganadería

Ponce De León, luego sobre si los planes de uso y manejo del suelo ayudarán para controlar la problemática, expresó que “creo que lo que está exigiendo ahora el ministerio (MGAP) nos va a dar una mano, está en un proceso inicial, pero será algo bueno”.

En relación al aporte de la integración agrícola-ganadera, comentó que “hay que acordarse de que Uruguay es un país agrícola-ganadero, que yo le diría ganadero-agrícola, tenemos que magnificar más la ganadería sobre lo que es la agricultura, y digo magnificar la ganadería en cuanto a la utilización de las pasturas, uso de fertilizantes y de pasturas, de manera de no tener 85 kilos de carne por ha por año, y sí tener 1.000 kilos de carne por ha por año, que es posible y está demostrado en Uruguay, eso nos hará muy bien, hay que buscar un balance entre ganadería y agricultura”.

En el congreso además del presidente de Syngenta LAS Antonio Aracre y Morabito expusieron Ian Zelaya (Investigación y Desarrollo de Syngenta), Michael Owen (Universidad de Iowa), Juan Carlos Papa (INTA Oliveros), Marcelo de la Vega (Universidad Nacional de Tucumán), Kaundun Deepak (Resistencia Biológica a Herbicidas de Syngenta) y Raúl Moreno (Herbicidas Biológicos de Syngenta).

En síntesis, sean resistentes o tolerantes, las malezas amenazan los sistemas agrícolas, consumen además agua y nutrientes y son un ámbito propicio para el desarrollo de plagas y enfermedades. Controlarlas cuando avanzaron mucho implica costos relevantes, que el agricultor puede achicar y hasta evitar monitoreando en forma constante e invirtiendo en forma preventiva mediante las aplicaciones adecuadas.

Solo se cambia a través de la tecnología

Cambios acelerados en el mercado plantean al agricultor –y a quienes le aportan productos y servicios– un desafío tan relevante que en pocos años con la producción de alimentos de una hectárea habrá que satisfacer la demanda de siete personas, cuando en la actualidad desde esa área se atiende a cuatro.

Eso expresó Antonio Aracre, presidente y director general de Syngenta para Latino América Sur, en su discurso de apertura del congreso No Malezas, realizado en Buenos Aires, donde se dio cuenta que a mediados del siglo XX en una hectárea era necesario producir el alimento para solo dos personas.

Aracre explicó que esa exigencia a los productores (y a sus chacras), que casi se duplicará a corto plazo, responde por un lado al crecimiento demográfico mundial, sobre todo en países asiáticos, pero también a las modificaciones dietarias, pues mucha gente está cambiando su base alimenticia vegetal a una cárnica, lo que se traduce en mayor demanda de granos para alimentar a los rodeos, lo cual influye en los precios, en un escenario que se sostendrá por mucho tiempo.

Así las cosas, en una agricultura cada vez más compleja y con restricciones para expandirse en área productiva, solo se puede obtener un cambio significativo y sustentable a través de la tecnología, manifestó.

Señaló que Syngenta diseña y traslada soluciones de manejo adecuadas para aplacar problemáticas como las de las malezas, en una agricultura que en la región ha ingresado en zona de riesgo, aludiendo a que en el caso de Argentina, por ejemplo, en muchas zonas se han acumulado 20 años de monocultivo, citando concretamente al cultivo de sojas resistentes a glifosato.

Un costo extra de US$ 30

Los productores que conviven con la problemática de las malezas resistentes “deben invertir US$ 30 por hectárea adicionales a los costos habituales por herbicidas, por un mayor uso de herbicidas de hoja ancha para controlar sobre todo la maleza rama negra yerba carnicera (Conyza bonariensis) que en Argentina es muy importante, y por uso adicional de graminicidas para controlar malezas resistentes a glifosato”, informó Mauricio Morabito, director de Marketing de Syngenta para Latino América Sur.

Tras su oratoria en el congreso No Malezas dijo además a El Observador Agropecuario que se trata de una problemática que viene incrementando el perjuicio en forma alarmante: “en Argentina en la campaña de 2010 se usaron alrededor de US$ 100 millones adicionales a lo que se invierte habitualmente en herbicidas para controlar malezas resistentes, en 2012 ya fueron US$ 400 millones y para 2016 estimamos que se crecerá a US$ 900 millones”.

Sobre si eso podrá detenerse y revertirse, citó que “es la idea de Syngenta, el problema no lo vamos a erradicar, pero se puede convivir, por eso hacemos este congreso; la de las malezas es una de las grandes problemáticas que afronta el productor en la región, tanto en Argentina como en Uruguay”.

Tolerancia y resistencia

Pablo Mainez, miembro del Servicio Técnico de Syngenta en Entre Ríos, Argentina, precisó que “se suele confundir malezas resistentes con tolerantes, por un lado hay una condición natural de la maleza que tolera un herbicida, con determinado mecanismo de acción, y por otro un proceso de selección donde quedan aquellos individuos resistentes a ese determinado mecanismo de acción”.

Comentó que la llegada a las chacras de la tecnología de la siembra directa “produjo un cambio florístico”, empezando a surgir especies perennes, bianuales o de semillas más chicas que “se diseminan muy rápidamente apareciendo entonces biotipos resistentes a determinados mecanismos de acción, o especies tolerantes, un tema que hay que solucionar a través de la rotación de los herbicidas”.

Inversión y ventas

En el congreso se actualizó que en el ejercicio de 2013 Syngenta invirtió US$ 1,25 billones en investigación y desarrollo con ventas por US$ 14,2 billones, considerando en ambas evaluaciones los segmentos semillas y eventos biotecnológicos; tratamiento de semillas; protección de cultivos; y flores. Todo, se explicó, promoviendo mayores producciones, pero a la vez respetuosas de la biodiversidad, del cuidado del medio ambiente y con el objetivo de contribuir a comunidades más prósperas.
Seguí leyendo