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Si bien se trata de una plantación típica del Mediterraneo, en los últimos 10 años, los olivos comenzaron a generar interés por estos lares y se comenzó a procesar sus frutos para obtener aceite de oliva “made in Uruguay”.

En poco tiempo, los productores locales han logrado procesar un producto de muy buena calidad, destacado a nivel internacional.

Este año la producción uruguaya fue premiada en la feria especializada de Israel, Terra Olivo y en la argentina Olivinus, donde Establecimiento Joanicó obtuvo un reconocimiento como “Mejor aceite del concurso”, por su producto Familia Deicas, mientras Agroland recibió el premio “Mejor serie de aceites”, por sus productos Colinas de Garzón.

El consumo de aceite de oliva en Uruguay está en crecimiento: en 2011 el promedio de consumo fue de 400 gramos per cápita, unos 1.300.000 litros en total, de los cuales 1.200.000 fueron importados y unos 100.000 fueron de producción nacional, según datos revelados por el presidente de la Asociación Olivícola Uruguaya (Asolur), Daniel Davidovics en comparecencia ante la Comisión de Ganadería, Agricultura y Pesca, de la Cámara de Senadores. Si bien se trata de un mercado que importa casi en su totalidad, Asolur espera que la situación se revierta.

Las tendencias marcan que el sector ha crecido con fuerza. Las 9.000 hectáreas plantadas, lo transforman en el segundo rubro de plantación en extensión, detrás del citrícola, informó Davidovics. Este incremento, responde también a las nuevos y pequeños emprendimientos que ha visto nacer el sector.

Un camino largo

Aunque Uruguay ofrece ventajas naturales para las plantaciones, los tiempos de crecimiento del olivo hacen que el camino del productor sea cuesta arriba. Dos establecimientos consultados por C&N Emprendedores - Sabiá y Verde Oliva- lo resaltaron como un factor determinante.

El profesor especializado en comercialización e investigación de mercados, Manuel Parrás, que también se presentó ante el Senado, explicó que los emprendimientos de este sector, deben invertir importantes sumas de dinero y que la rentabilidad solo se ve transcurridos algunos años.

Esto fue ratificado por la directora del establecimiento Verde Oliva, Lucía Rodríguez, y por la gerenta de marketing y ventas del establecimiento Sabiá, Laura da Trindade; ambos, jóvenes de emprendimientos familiares que lograron este 2012 su primera producción de aceite de oliva.

Sabiá comenzó su camino en 2008 cuando Hugo da Trindade compró un campo sobre la ruta 12 en el departamento de Lavalleja. Verde Oliva dio inicio a sus actividades en 2005, cuando Carlos Rodríguez adquirió 12 hectáreas sobre la ruta 5, en el departamento de Canelones.

Aunque ninguna de las familias viene del mundo de la agricultura, el impulso que desde 2002 ha visto el sector y la expectativa de convertir los establecimientos en el sostén futuro de la familia, los llevó a dedicar su tiempo libre a la construcción de las dos marcas.

Por el momento todos los integrantes de las empresas solo perciben ingresos de otros trabajos paralelos que realizan.

Para Rodríguez, la perseverancia es fundamental. “El rendimiento se ve a largo plazo, hoy lo que sale es para seguir invirtiendo”, dijo.

Tanto Rodríguez como Da Trindade coincidieron en que la utilidades comienzan a verse entre los ocho y los diez años de trabajo. Rodríguez aclaró que: “tratándose de emprendimientos familiares, donde no hay un inversor externo que inyecte capital, los dueños ponen de sus bolsillos todos los días”.

Cosechan lo que siembran

En 2012 los dos establecimientos consiguieron una cosecha que les permitió procesar los frutos para convertirlos en aceite para comercializar. Sabiá, alcanzó a producir 760 litros que envasó en unidades de cuarto litro para obtener más cantidad de botellas.

Verde Oliva, que logró este año completar 24 hectáreas de plantación -12 están en la etapa de producción y las restantes en desarrollo-, alcanzó a producir 7.500 litros de su aceite Rodríguez y Romero.

Ya en 2010, con su primera cosecha había conseguido producir para consumo familiar.

Con estos resultados y aprovechando un mercado de 1.200.000 personas y que irá creciendo en los próximos años -según expresó Parras-, apuntan a ingresar en tiendas gourmet y restaurantes.

Mientras Da Trindade explicó que la producción de Sabiá, en esta primera cosecha, no les permite apuntar a grandes cadenas, la emprendedora de Verde Oliva aseguró que con los litros que lograron ya pueden abarcar ese mercado. El aceite Rodríguez y Romero consiguió ingresar a dos restaurantes y tienen interés en entrar en una cadena de supermercados como Tienda Inglesa.

Entre marzo y abril, los establecimientos estarán sacando la segunda cosecha y esperan que se triplique la obtención de fruta.

Abarcar toda la cadena

Verde Oliva y Sabiá, que aún cosechan de forma manual, optaron, para el procesamiento de las aceitunas, tercerizar el trabajo con una almazara (planta procesadora o molinos de aceite de oliva).

Según comentó Da Trindade, la abundancia en las cosecha de este año y la escasa cantidad de almazaras en comparación a la de productores (ver cifras) produjo una saturación de las primeras. Esta es una de las razones por la que ambos establecimientos tienen proyectado montar sus propias almazaras.

Sabiá ya se encuentra en conversaciones con diferentes productores de Lavalleja y Maldonado para poner en funcionamiento una planta.

En tanto, Verde Oliva tiene pensado importar la maquinaria desde Italia para instalar su propia almazara.

Rodríguez resaltó que la obtención de los implementos para la producción de aceite es uno de los mayores costos que tendrán que afrontar, sin embargo, se ahorrarán, una vez que tengan su propia planta, los costos de tercerizar la producción.

Si bien la inversión total de estos emprendimientos es difícil de estimar, según señaló Rodríguez, se puede calcular que cada planta de olivo, cuesta unos US$ 4 y por cada hectárea se pueden plantar unos 300 ejemplares.

Un mundo de oportunidades

Desde el año pasado Uruguay está haciendo algunas incipientes exportaciones de aceite de oliva.

Según estimaciones de Asolur, en los próximos años se espera un incremento de la producción que produzca un gran excedente para la exportación. “Esperamos que de aquí a seis o siete años, Uruguay tenga 10.000.000 litros para vender. Ante esto, es evidente que debemos ser exportadores”, dijo ante el senado Davidovics.

El mercado extranjero es uno de los objetivos a largo plazo que se marcaron los dos establecimientos consultados. Da Trindade expresó que la esencia colaborativa del sector es muy positiva para acceder a los mercados extranjeros, dado que entiende que deberá unirse con uno o dos marcas para fortalecer la exportación.

Esta es también una recomendación que sostiene Asolur. Parras indicó que no se puede competir en el mercado con 105 marcas (existen 105 oleicultores en Uruguay). “Hay que buscar cooperación, para que conjuntamente se puedan situar bajo el paraguas del aceite de oliva extra virgen de Uruguay”, expresó.

Asolur firmará un convenio con Uruguay Natural y espera establecer acuerdos con Inac e Inavi, para presentarse a nivel internacional con los alimentos que Uruguay produce con calidad.

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