Una batalla pero no la guerra
El riesgo de alcanzar una inflación de dos cifras se disipa, pero requiere atención
Lejos de celebrar su victoria, ahora que el peligro se disipó, que la inflación de dos dígitos abandonó el terreno de lo posible y que al Índice de Precios al Consumo (IPC) no le queda más que atenuar su crecimiento, las autoridades deberán concentrar sus fuerzas en un segundo objetivo: encauzar la inflación dentro del rango meta –aun más ambicioso– que empezó a regir a partir de este mes. Si bien la inflación interanual se volvió a acelerar en mayo, los expertos entienden que ya atravesó la zona de peligro.
“En ausencia de shocks inesperados de gran magnitud, la posibilidad de que la inflación sobrepase en el año el nivel de 10% presenta una probabilidad prácticamente nula”, enfatizó en un comunicado la consultora CPA Ferrere.
No es un dato menor. Una inflación de 10% tendría consecuencias para nada deseables no solo desde un punto de vista económico. La última negociación salarial con el sector público eliminó las cláusulas gatillo. Una inflación de dos dígitos ya no dispara ajustes automáticos, sino que vuelve a reunir a las partes para adelantar una nueva negociación.
En materia económica representa un alivio. Las cláusulas gatillo eran un riesgo en sí mismas. Una vez atravesado el 10% –en un escenario de precios a todas luces fuera del control de las autoridades– la indexación de los salarios públicos daría un renovado impulso a la inflación.
Desde el punto de vista macroeconómico, los acuerdos actuales generan un margen para negociar. Posponen el efecto de la inflación sobre los salarios y eso permite a las autoridades ganar tiempo. Pero desde el punto de vista político, resulta más complicado.
Volver a abrir negociaciones salariales en un clima de incertidumbre respecto a la inflación implica, para el gobierno, ganarse un gran problema. Paros, huelgas, un freno a la administración pública, no son situaciones difíciles de imaginar.
Pero ese escenario quedó atrás. El 10% de inflación parece, como poco, improbable. ¿Pero eso quiere decir que los precios se encuentran bajo control? No necesariamente.
Incluso si se la mira en términos tendenciales –con un aumento de 7,7% en los últimos 12 meses, según los cálculos del instituto Cinve–, la inflación se mantiene prácticamente incambiada, y lejos aún de la meta de entre 4% y 6% vigente a partir de este mes. “Este nivel de la inflación tendencial denota que se requiere aún un esfuerzo significativo en materia de políticas a los efectos de lograr que la inflación converja al rango meta”, señalan los expertos de Cinve.
El ministro de Economía, Fernando Lorenzo, reconoció el jueves la necesidad de hacer coincidir el dato de inflación con el rango objetivo “lo antes posible” a través de políticas activas. Pero la guerra no se ganará, según los expertos, con el actual rumbo de las políticas. Es necesaria una mayor contracción monetaria que se materialice en una tasa de interés más alta y un dólar más barato. Ese tema concentró la atención en las últimas Jornadas de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas, celebradas a mediados de mayo. En esa instancia, académicos, consultores y autoridades expusieron sus puntos de vista sobre el rumbo de la economía y la política.
El director del departamento de consultoría de Deloitte, Pablo Rosselli, y el investigador principal de Cinve y asesor del directorio del Banco Central (BCU), Nelson Noya, coincidieron al respecto: el combate a la inflación requiere políticas más activas, que no necesariamente serán compatibles con los actuales niveles de tipo de cambio.
¿Pero si la inflación tiende a moderarse, es tan acuciante adentararla en la meta? El alza de precios le quita margen de acción a las políticas macroeconómicas en un contexto de incertidumbre frente a posibles shock externos. De hecho, a fines de 2008, Uruguay fue uno de los pocos países que en pleno estallido de la crisis encareció el costo del dinero, mientras que el mundo se desvivía en planes de estímulo y medidas contracíclicas.
Esta vez, la posibilidad está de ganar la guerra a tiempo.