ver más

Tal vez no venga a cuento el autor de la frase, pero hace muchos años se escucha que los productores ganaderos uruguayos tienen una deuda con el país: la plantación de árboles para sombra y abrigo de los animales.

Esa asignatura pendiente vuelve positiva la propuesta que lanzó el 20 de marzo pasado el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) para que los pequeños y medianos productores –de hasta 1.250 hectáreas– planten árboles en sus establecimientos.

El emprendimiento productivo, que contará con apoyo oficial no reembolsable para cubrir el 50% de los costos de implementación, con un máximo de US$ 8.000, puede ser aprovechado con una doble finalidad.

Por un lado, efectivamente para plantar cortinas de árboles que protejan a los animales de las inclemencias del tiempo y, en otras ocasiones, otorguen la sombra que necesitan los días de calor.

Está comprobado que el animal sufre cuando le faltan ambas cosas y también que tener los árboles incrementa la productividad por el lado del bienestar que obtiene.

Por ese lado, los productores ganaderos que se sumen a esta iniciativa comenzarán a pagar la deuda de la que se habla y que, aunque parezca una paradoja, es en beneficio propio.

Por otra lado, la idea del MGAP de promocionar la plantación de árboles puede cumplir con uno de los objetivos que el ministro Tabaré Aguerre tiene entre ceja y ceja: incluir a los pequeños y medianos productores en las cadenas de valor.

Consultado por El Observador Agropecuario, el presidente de la Sociedad de Productores Forestales (SPF), Diego Mora, aseguró esta semana durante una conferencia en el MGAP que la iniciativa “es bienvenida y positiva”.

El sector forestal uruguayo es pujante. La superficie plantada bajo proyecto se arrima al millón de hectáreas y tal vez haya otro tanto de bosque nativo. Al influjo de ese desarrollo, en los últimos años las exportaciones crecen y superaron en 2012 los US$ 1.000 millones, ubicándose en los primeros puestos del ranking de productos agropecuarios.

Tan importante como ello es otro dato de la estadística: Uruguay tiene la tasa de reforestación más alta de América Latina, posicionándose de forma positiva en el tema de la emisión de gases de efecto invernadero y el cambio climático.

Volviendo al campo. Hace un par de años, el Plan Estratégico Nacional del Rubro Ovino invitó al productor ganadero Jaime Gómes de Freitas a dar un testimonio acerca de su establecimiento. Además de los datos físicos y los resultados económicos, Gómes de Freitas contó una anécdota que viene a cuento.

Al hacer hincapié en la importancia de las subdivisiones en el campo, el productor de Durazno recordó que su padre le enseñó que en su establecimiento no se podía empezar algo nuevo sin terminar lo anterior.

¿A qué se refería Gómes de Freitas? A que cada potrero debía tener agua, sombra y abrigo para los animales. Y que no se podía trabajar en el siguiente si no se cumplía con esos requisitos en el anterior potrero.

Esa es la deuda que habría que empezar a pagar, en la medida de las posibilidades. Y si es como parte de una cadena productiva de valor, mejor.

Seguí leyendo