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Mario Techera y Ariel Rodríguez tienen varias cosas en común; los 75 años de vida que cargan sobre sus espaldas y el amor por la política, son dos de ellas. La escuela no 27 de Coronilla del Cebollatí, donde estudiaron de niños compartiendo la misma clase, y donde cada cuatro años se reencuentran para celebrar las elecciones, es otra de las tantas.

Desde el retorno de la democracia, allí se instala el circuito rural no 157 de la localidad de Lascano, en Rocha. Y, desde entonces, Techera y Rodríguez se instalan con sus respectivas listas desde temprano en la mañana y no se mueven hasta finalizado el escrutinio, sobre las 20 horas.

“Yo soy del Partido Nacional desde que empecé a hablar”, contó Rodríguez, quien desde los 18 años es delegado partidario. “Cuando era chico me regalaron una camisa a cuadros rojos y cuando me la dieron me escondí en el granero de mi casa y la hice tiritas. Yo no me iba a poner ese color”, relató entre risas. Afirma que esta vez tiene muchas esperanzas de que su partido gane las elecciones.

La misma historia pero con otros colores se repite con Techera, que es ferviente delegado del Frente Amplio. Ambos bromean en confianza y hasta se acompañan. “Si quieres te ayudo a entrar al cuarto oscuro”, le dijo Rodríguez a su amigo que está en silla de ruedas. “Bueno, mira si ahí adentro te contagio el voto”, le respondió Techera, siempre en un clima divertido.

Según explicó a El Observador un integrante de la Corte Electoral, en las zonas rurales no es obligatorio que haya delegados, la responsabilidad es de los partidos y generalmente no mandan representantes.
En Coronilla del Cebollatí, la escuela a la que habitualmente concurren siete niños, se llega por caminos de balasto desde las rutas 9 o 15. Caballos y bicicletas son los vehículos más utilizados por las 90 personas que votan en ese circuito a ejercer su derecho como ciudadanos.

“Este señor que acaba de votar sale de su casa solo cada cinco años para venir hasta acá”, contó Natalia Alcántara, directora y maestra de la escuela, y presidenta de la mesa electoral. “Este no es un circuito rural, es el circuito de los Rodríguez y los Silvera”, bromeó por su parte uno de los votantes, dejando entrever que en ese lugar varios apellidos se repiten y muchos son familiares entre sí.

Alcántara, los dos integrantes que la acompañan, el policía que custodia y los delegados de los partidos hace ya varias elecciones que trabajan juntos en ese lugar, y conocen a cada uno de los votantes. Quienes entran saludan con un beso a todos los presentes. Con algunos hasta comparten un mate o un bizcocho.

“Días antes nos llamamos y nos coordinamos para ver qué trae cada uno para comer”, explicó la presidenta de la mesa, debido a que los centros urbanos más cercanos –Cebollatí, Lascano y Chuy– quedan a 40 kilómetros de allí.

Las elecciones pasadas hicieron un guiso de porotos y para esta trajeron un cordero que se preparará “a la pizza” en el horno de barro ubicado al fondo de la escuela, que está rodeada de palmeras y donde el sonido ambiente es el cantar de los pájaros. Allí almuerzan todos juntos, Rodríguez, Techera y quien se acerque, sin importar el color que represente.

Temas:

Decisión 2014

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