Una gallina divertida
La lluvia me hizo claudicar y caí en la decadente espiral de los programas de chimentos argentinos
Había logrado pasar gran parte del verano sin caer en la decadente espiral de los programas de chimentos argentinos que nuestra televisión repite día tras día, pero esta especie de diluvio interminable en que la naturaleza nos ha sumido me hizo claudicar.
A las ya conocidas peleas veraniegas entre estrellas y estrellitas, suscitadas con el único fin de vender entradas en sus espectáculos de balneario, se ha sumado una que no tenía precedentes. Es normal que se acusen unos a otros de golpeadores, ladrones, faltos de talento, mentirosos, abusadores y demás; pero debo confesar que no había visto jamás imputar a alguien prácticas satánicas. Hay que reconocer que este año se han esforzado un poco más para acaparar la atención del televidente aburrido, no sólo de la tele sino de la vida misma.
Los acusados son los hermanos Caniggia, Charlotte y Alexander, los hijos del exfutbolista Paul con la inefable Mariana Nannis. Estuvieron de moda hace un par de años, haciendo vaya uno a saber qué en el programa de Tinelli, y gracias a esos cinco minutos de fama, al apellido familiar y a su constante exposición mediática, han logrado que varios incautos paguen para verlos sobre un escenario.
En medio de acusaciones de alcoholismo y homosexualidad, a alguien se le ocurrió decir a los cuatro vientos que los hermanitos practican magia negra, con sacrificios de animales y todo.
La respuesta no se hizo esperar, y Charlotte respondió que eso no era cierto, y que la gallina con la que los vieron, la habían comprado porque estaban aburridos. Quien esto escribe se ha aburrido miles de veces, pero si hay algo que jamás se me ocurrió, fue comprar una gallina para divertirme. Convengamos en que poca cosa debe haber más aburrida que la contemplación de un pollo. Pero esta es la excusa de Charlotte, que evidentemente no es nada buena inventando excusas.