Una irresistible tentación: la oposición no para de hablar de Mujica y Topolansky
A veces, la pareja que lidera el MPP le busca la boca a sus oponentes; pero, en ocasiones, son los opositores los que salen a buscarlos
Mirá qué buena la crónica policial de 1964 sobre un asalto en pleno barrio del Cordón. ¡El chorro es superconocido!”, escribió el 3 de abril en su cuenta de Twitter el exdirector de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), Conrado Hughes. Acompañando el comentario, el exfuncionario del gobierno nacionalista de Luis Alberto Lacalle publicó un recorte de la edición del 1° de abril de 1964 de El Diario de la noche en el que se daba cuenta de un asalto en el que participó José Mujica cuando tenía 28 años y comenzaba su militancia tupamara.
Pocas horas antes, la escritora Mercedes Vigil –quien respaldó públicamente la candidatura de Luis Lacalle Pou– había dicho en su cuenta de Facebook que la esposa de Mujica y postulante a la intendencia de Montevideo, Lucía Topolansky, es “una de las mujeres menos aseadas” que ha conocido.
Las opiniones de Hughes y de Vigil transmiten un fuerte rechazo –extendido en buena parte de la sociedad– hacia el estilo y el pensamiento de la pareja que lidera el Movimiento de Participación Popular (MPP).
Rechazo que coloca a los exguerrilleros una y otra vez en el centro de atención aunque no siempre son ellos los que buscan ese destino. Es decir, Mujica y Topolansky son expertos en torear rivales –cayendo muchas veces en la descalificación– pero, en ocasiones, son los rivales los que promocionan su protagonismo.
Integrantes del MPP dijeron a El Observador que los cuestionamientos de la oposición, sobre todo cuando son furibundos, estimulan a la militancia del sector. Incluso admiten que esos ataques externos pueden llevar a muchos frenteamplistas a “abroquelarse” en torno a Topolansky quien no ha sido precisamente delicada con sus adversarios. “Si pusieron tres payasos (de candidatos) el problema es de ellos”, dijo la senadora y candidata a la IMM el 13 de marzo en referencia a los postulantes del Partido de la Concertación Alvaro Garcé (Partido Nacional), Ricardo Rachetti (Partido Colorado) y Edgardo Novick (Independiente).
Unos días antes, Mujica había calificado de “boniato impresentable” a la coalición de blancos y colorados. En esa oportunidad, y por decisión propia, Mujica y Topolansky se expusieron a que, por ejemplo, Novick tratara a Mujica de “payaso mal hablado” y a que Garcé se mostrara “indignado” ante los “insultos”.
Vaivén
Sin embargo, en este reciente intercambio de excesos fue el colorado Rachetti el que tiró la primera piedra cuando el 24 de febrero en una reunión reservada de dirigentes montevideanos dijo de Topolansky: “No le importa la basura (de la capital) porque no sé si se baña”.
Y fue en ese ida y vuelta que la escritora Vigil escribió sobre el presunto desaseo de Topolansky para agregar luego en declaraciones al programa Justicia Infinita de Océano FM que la candidata es “asesina y ladrona”.
El 3 de abril en su audición de M24, Mujica respondió que su esposa no merece “la grosería del insulto, de la bajeza”.
Es así que –por obra y gracia de la beligerancia de algunos de sus adversarios– el expresidente que llegó a putear enemigos y a hablar de la presunta falta de decencia de las esposas de los senadores nacionalistas, pudo mostrarse como un pretendiente de ese premio Nobel de la Paz para el que alguna vez fue postulado.
Pero aún falta un mes para las elecciones municipales del 10 de mayo y la bronca mutua entre los exguerrilleros tupamaros y un sector de los partidos fundacionales es mucha, se gestó a lo largo de varias décadas y, seguramente, todavía tiene muchos frutos amargos para dar.