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Imágenes de las diferentes etapas de los 27 años de vida de Amy Winehouse están desparramadas por toda la web. Su infancia, su adolescencia, su pequeño éxito inicial, su intempestiva entrada en el mundo del espectáculo, su ascenso a la fama bajo los lentes de los paparazzis del globo, su decadencia y su súbita muerte.

Todas esas fotografías se unieron al paisaje sonoro de sus canciones que se escucharon y reprodujeron ayer a modo de homenaje en el primer aniversario de su trágica muerte, ocurrida el 23 de julio de 2011.

La familia de Winehouse recordó a la cantante como una “artista talentosa” y admitió las dificultades para superar su muerte, ocurrida hace un año en su casa del norte de Londres, producto de su adicción a las drogas y alcohol.

La familia colgó un mensaje en la página electrónica dedicada a la “reina del soul”, en el que subraya que Amy fue una artista que perdió la vida a “una edad ridículamente temprana”, los 27 años.

El padre de la cantante, Mitch Winehouse, admitió en declaraciones a la cadena BBC los difíciles momentos vividos con motivo de la reciente publicación del libro dedicado a ella y que apareció bajo el título Amy, mi hija.

Los beneficios de la publicación del libro serán destinados a la Fundación Amy Winehouse, dedicada a ayudar a jóvenes con problemas de drogas y alcohol.

La música de Amy sigue viva en el mercado como demuestran cifras divulgadas ayer. La cantante ha vendido en el Reino Unido en los últimos 12 meses más de 1,2 millones de copias de tres de los dos álbumes que editó estando viva (Frank y el hiper aquillero Back to black), más el póstumo Lioness: hidden treasures.

Este último es un álbum con material inédito de la cantante, que salió al mercado el pasado mes de diciembre y que permite recaudar fondos para su fundación.

La hija del taxista
Hace un año, la policía encontró el cuerpo sin vida de Winehouse en su casa del barrio de Camden Town, en el norte de Londres. Fue un domingo de verano en la mañana, luego que familiares y amigos hubieran estado casi 48 horas sin poder comunicarse con ella.

Ganadora de cinco premios Grammy, la cantante tuvo en su corta carrera constantes problemas con las drogas y el alcohol, y había ingresado en el pasado en numerosas clínicas de rehabilitación.

Hija de un taxista judío del suburbio londinense de Southgate y de una farmacéutica, su madre la llevó a los 9 años a una academia de canto que terminó condicionándole la vida.

El periodista Tim Jonze, del diario inglés The Guardian, remarca la idea de Winehouse como una artista con un don musical admirable y con una capacidad de trabajo genial, opacada por las imágenes de una mujer trastabillando en su concierto final en Belgrado.

Ante los ojos del mundo, la imagen de Winehouse fue cambiando desde una sonrisa lozana de joven veinteañera a una figura cada vez más flaca y cadavérica, cuya piel se fue llenando de tatuajes y su pelo de peinado de colmena fue creciendo proporcionalmente a la palidez de su rostro. Tocó la cima creativa con el disco Back to black, donde regaló himnos a una generación que muy pocas veces había escuchado música de la buena.

A un año de su muerte, en más de una cara en el mundo la lágrima todavía no se ha secado. Programas de televisión y homenajes de distinto tipo se han multiplicado alrededor del globo. Hace un año el mundo perdió una gran voz y una gran actitud sobre el escenario. Seguirá extrañándose muchos años más.

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