Una meta de inflación en la que nadie cree
Inflación en la meta, dólar competitivo, suba de salarios y déficit fiscal; es un compromiso imposible
Si hay algo que le ha costado mantener a este gobierno en lo que va de su gestión es el discurso único, muchas veces producto de una pluralidad de visiones difíciles de conciliar dentro del propio Ejecutivo; y otras, debido a una cierta impronta pragmática, de gobierno sobre la marcha, que persigue objetivos de corto plazo y al que le cuesta apuntar la mirada más allá de lo inmediato.
Hay áreas donde el ida y vuelta no solo genera confusión en los agentes privados, sino que afecta seriamente sus decisiones y perjudica los intereses de toda la sociedad. Una de ellas está vinculada con la política monetaria y cambiaria. Cuando un gobierno adopta un esquema de manejo de tasas y meta de inflación, está firmando un compromiso. Está diciendo que los precios serán la guía para comprender la política del gobierno. Está diciendo que los demás objetivos de política estarán supeditados a que la inflación se encuentre a resguardo en un umbral que podrá ser más o menos acotado, dependiendo de las posibilidades concretas del país.
En Uruguay, hace ya 14 meses que el gobierno no honra ese compromiso y la inflación se dispara dos puntos por encima del rango meta de entre 4% y 6%. En diciembre, el Banco Central sorprendió a todos con una fuerte suba de la tasa de referencia, más de lo esperado por cualquiera de los expertos locales. El mensaje fue claro: "la inflación es la prioridad absoluta en materia macroeconómica".
El alza de precios a 12 meses pasó de 8,6% al cierre del año a 7,94% en la medición de febrero. Una mejora, sí. Pero todavía queda mucho para adentrase en la meta. La semana pasada, el presidente Mujica dijo a Búsqueda que tiene "bruta preocupación" por la evolución del dólar respecto a los vecinos. La visión del presidente está en línea con la participación muy activa del BCU en el mercado de cambios durante los últimos tiempos.
Unas semanas atrás, la buena noticia de que el gobierno había sobreestimado el déficit fiscal para 2011 se esfumó, cuando las autoridades resolvieron que buscarían un uso para ese dinero. A varios ministros se les hizo agua la boca. Por lo tanto, el empujón al precio del dólar no vendrá de la mano de una mejora de las cuentas públicas, que mantenga los precios a resguardo... pero tampoco debería de venir en detrimento de "la prioridad absoluta" en materia macroeconómica, ¿o sí?
Al final del día, los anuncios realizados por las distintas autoridades se anulan entre sí. No se puede cuidar la estabilidad de precios, permitir un crecimiento de 4% del salario real, gastar por encima de las posibilidades y encima, mantener la competitividad. Cuando los compromisos no se respetan, la credibilidad se pierde. Y cuando ya nadie sabe a quién creerle, es cuando empiezan los problemas.