Cuando entraba en el Palacio Legislativo, los diputados oficialistas sabían que no tenían mucho margen para algo más que escuchar lo que planteara. En el primer período de gobierno, Danilo Astori manejaba los presupuestos y las rendiciones de cuenta casi como un trámite. El entonces ministro de Economía tenía atrás el respaldo del presidente Tabaré Vázquez.
Con un tono que algunos dentro de la izquierda consideran “soberbio” y que por eso le generó encontronazos, llevó adelante gran parte de la primera administración frenteamplista.
El entonces ministro de Ganadería, José Mujica, dio algunas peleas pero no muchas. La más grave fue al principio, en 2005, cuando con otros sectores de la izquierda discutían el Presupuesto y Astori se negaba a otorgar 4,5% del Producto Interno Bruto (PIB) a la enseñanza. Mujica lo fue a buscar y logró frenar su renuncia.
Pero más o menos, la lógica de disputas de poder dentro del gobierno implicó choques entre Mujica y Astori, pero con un claro predominio de la línea impulsada por el equipo económico. Vázquez se ponía en un rol de laudar los conflictos que surgieran pero la balanza estaba equilibrada para el lado de Astori.
En el segundo gobierno la lógica se modificó un poco. Lo que cambió es que no estaba Vázquez para laudar y que en vez del poder absoluto del equipo económico, habían otros focos en la administración puestos para hacerle contrapeso. La Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) por un lado, el Ministerio de Industria por el otro y también la Presidencia, con el prosecretario Diego Cánepa y fundamentalmente con Mujica.
Pero ahora, para el tercer gobierno, la lógica de la disputa de poder parece cambiar profundamente. La puja Astori – Mujica seguirá. Con un ministro de Economía con amplio respaldo presidencial (tal vez mayor aún que en el primer período) y con un expresidente Mujica con una bancada más potente, esos choques por algunas decisiones económicas estarán presentes.
Pero hay dos nuevos factores. El primero es un escenario mucho más confrontativo entre Vázquez y Mujica. En el primer período –salvo al final, cuando el líder del MPP decidió ser candidato– esa relación no tuvo sobresaltos. Pero en el último tiempo los choques fueron frecuentes. Si bien la transición está transcurriendo en paz, Mujica decidió dar otras peleas más adelante. Y tiene armas en el Parlamento: seis senadores y 24 diputados.
El segundo factor es un nuevo actor: el vicepresidente Raúl Sendic. El líder de la Lista 711 es visto por algunos como un mujiquista pero no está tan alineado con Mujica como parece. En la campaña electoral logró una muy buena relación con Vázquez y pretende ser un puente entre esos dos líderes del FA. Pero lo que sí está claro es que Sendic y Astori tienen desde hace muchos años una muy mala relación. La campaña posterior a las internas aplacó esas diferencias, pero las tensiones están a flor de piel.
Además, Sendic tenía el interés primero de tener un peso mayor en el gabinete al que tendrá. Y ahora lo mismo le sucede con las empresas públicas. El vicepresidente electo pretendía no solo tener predominio sobre ANCAP y OSE –como lo tendrá– sino también sobre las otras empresas. Logró mantener a Milton Machado en OSE y seguramente también continúe José Coya en el ente petrolero. Pero Astori también pidió el compromiso para que las finanzas de los entes autónomos estén controladas desde el Ministerio de Economía.
El último elemento que se agrega es el de la futura ministra de Industria, Carolina Cosse, que también pretendía influir sobre las empresas públicas desde su cartera.
El nuevo escenario implica que Vázquez tenga más focos de reclamos para atender a la hora de laudar las disputas del nuevo gobierno. Las primeras señales son que Astori tendrá la derecha porque el presidente electo confía en él para manejar la economía en momentos en que se avecina un crecimiento más lento.
Lo que sucedió esta semana con las diferencias en el gobierno por el aumento de la tarifa de electricidad y una victoria del astorismo luego de varias derrotas durante los últimos cinco años, es un ejemplo de lo que se presume seguirá sucediendo.
Cuando entraba en el Palacio Legislativo, los diputados oficialistas sabían que no tenían mucho margen para algo más que escuchar lo que planteara. En el primer período de gobierno, Danilo Astori manejaba los presupuestos y las rendiciones de cuenta casi como un trámite. El entonces ministro de Economía tenía atrás el respaldo del presidente Tabaré Vázquez.
Con un tono que algunos dentro de la izquierda consideran “soberbio” y que por eso le generó encontronazos, llevó adelante gran parte de la primera administración frenteamplista.
El entonces ministro de Ganadería, José Mujica, dio algunas peleas pero no muchas. La más grave fue al principio, en 2005, cuando con otros sectores de la izquierda discutían el Presupuesto y Astori se negaba a otorgar 4,5% del Producto Interno Bruto (PIB) a la enseñanza. Mujica lo fue a buscar y logró frenar su renuncia.
Pero más o menos, la lógica de disputas de poder dentro del gobierno implicó choques entre Mujica y Astori, pero con un claro predominio de la línea impulsada por el equipo económico. Vázquez se ponía en un rol de laudar los conflictos que surgieran pero la balanza estaba equilibrada para el lado de Astori.
En el segundo gobierno la lógica se modificó un poco. Lo que cambió es que no estaba Vázquez para laudar y que en vez del poder absoluto del equipo económico, habían otros focos en la administración puestos para hacerle contrapeso. La Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) por un lado, el Ministerio de Industria por el otro y también la Presidencia, con el prosecretario Diego Cánepa y fundamentalmente con Mujica.
Pero ahora, para el tercer gobierno, la lógica de la disputa de poder parece cambiar profundamente. La puja Astori – Mujica seguirá. Con un ministro de Economía con amplio respaldo presidencial (tal vez mayor aún que en el primer período) y con un expresidente Mujica con una bancada más potente, esos choques por algunas decisiones económicas estarán presentes.
Pero hay dos nuevos factores. El primero es un escenario mucho más confrontativo entre Vázquez y Mujica. En el primer período –salvo al final, cuando el líder del MPP decidió ser candidato– esa relación no tuvo sobresaltos. Pero en el último tiempo los choques fueron frecuentes. Si bien la transición está transcurriendo en paz, Mujica decidió dar otras peleas más adelante. Y tiene armas en el Parlamento: seis senadores y 24 diputados.
El segundo factor es un nuevo actor: el vicepresidente Raúl Sendic. El líder de la Lista 711 es visto por algunos como un mujiquista pero no está tan alineado con Mujica como parece. En la campaña electoral logró una muy buena relación con Vázquez y pretende ser un puente entre esos dos líderes del FA. Pero lo que sí está claro es que Sendic y Astori tienen desde hace muchos años una muy mala relación. La campaña posterior a las internas aplacó esas diferencias, pero las tensiones están a flor de piel.
Además, Sendic tenía el interés primero de tener un peso mayor en el gabinete al que tendrá. Y ahora lo mismo le sucede con las empresas públicas. El vicepresidente electo pretendía no solo tener predominio sobre ANCAP –como lo tendrá– sino también sobre las otras empresas. Y Astori también pidió el compromiso para que las finanzas de los entes autónomos estén controladas desde el Ministerio de Economía.
El último elemento que se agrega es el de la futura ministra de Industria, Carolina Cosse, que también pretendía influir sobre las empresas públicas desde su cartera (ver página 2).
El nuevo escenario implica que Vázquez tenga más focos de reclamos para atender a la hora de laudar las disputas del nuevo gobierno. Las primeras señales son que Astori tendrá la derecha porque el presidente electo confía en él para manejar la economía en momentos en que se avecina un crecimiento más lento.
Lo que sucedió esta semana con las diferencias en el gobierno por el aumento de la tarifa de electricidad y una victoria del astorismo luego de varias derrotas durante los últimos cinco años, es un ejemplo de lo que se presume seguirá sucediendo.