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Cuatro chicos y una chica se escapan a los balazos de un correccional de menores y se internan en una naturaleza (monte, sierras, bosque) que se va volviendo cada vez más espesa. Intentan llegar al campo del padrino de dos de ellos, pero en el camino tienen que enfrentar la hostilidad de la vegetación, la fauna y la gente. Para intentar sobrevivir deben apelar al instinto y la violencia.

Ese es el resumen que hace el boletín de Cinemateca a la película Los salvajes, ópera prima en solitario del director argentino Alejandro Fadel, que se emite en Cinemateca 18, desde el 29 de noviembre al 5 de diciembre. Fadel codirigió El amor (primera parte) y fue guionista de tres películas de Pablo Trapero.

La crítica en Argentina está dividida sobre la propuesta de Fadel, quien ha definido su filme como un “falso western”, ya que “si el western hace un camino para construir una nación, creo que Los salvajes es el camino para destruirla o hacerla desaparecer”. La película comienza con una fuga en un tono de thriller vertiginoso y, a medida que los protagonistas se internan en el bosque, la narración se vuelve mística, lo que afecta la actuación, la dirección y el montaje.

Desde “una obra maestra” directamente a “un fiasco pretencioso”, sin pasar comentarios intermedios, los especialistas se mantienen en sus trincheras.

Lo que parece claro es que nadie permanece indiferente a esta propuesta que arriesga tanto en lo formal como en lo conceptual. Para filmarla, Fadel se fue a las sierras con un pequeño equipo de rodaje, cinco jóvenes sin experiencia actoral previa y un guión de 90 páginas.

El resultado es un viaje hacia lo primitivo y atávico, y el estilo mismo de la película también acompaña ese tránsito: empieza como un thriller realista para derivar luego hacia lo místico y panteísta, un tono que ha hecho pensar en el cine de Terrence Malick o en El hombre que podía recordar sus vidas pasadas, de Apichatpong Weerasethakul. El primer corte duraba cinco horas y Fadel debió reducirlas a dos. Su película se convirtió así, sobre todo, en un asunto de montaje.

Es también un asunto de seres humanos y paisaje, entre los cuales parece haber una barrera imposible de derribar.

Fadel tiene 31 años. Se inició en la Universidad del Cine, donde conoció a un grupo de personas con las cuales trabaja hasta hoy. Fue asistente de televisión (Tumberos, de Caetano), codirigió con amigos (Martín Mauregui, Santiago Mitre, Juan Schnitman) El amor, primera parte (2004), y luego escribió para Caetano, Trapero, Szifrón y más recientemente Walter Salles. Los salvajes obtuvo un premio de estímulo a óperas primas en el festival de Cannes 2012.
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