Una poesía universal se mueve en la Sala Verdi
Maureen Fleming llega con su peculiar forma de pensar el cuerpo humano
La bailarina Maureen Fleming no es una artista común. Hija de un marino estadounidense, que formó parte de la ocupación de Japón en 1954, vivió sus primeros años de vida en Yokohama. Sus peculiares movimientos, se deben en gran medida, a un accidente automovilístico que tuvo cuando tenía dos años, tras el cuál perdió el disco entre la cuarta y la quinta vértebra.
“A partir de entonces empecé a experimentar con el movimiento, a retorcer mi cuerpo, mis músculos uno a uno, para recuperarme”, dijo en una entrevista realizada por el periódico mexicano El Debate.
Inclusive agregó que considera a aquel momento en que voló a través del cristal del auto como “el primer paso de baile que ejecuté”.
La artista que estudio Butoh (movimiento de danza vanguardista japonés) con su propio fundador Kazuo Ohno y el método Cecchetti (que propone reducir la formación del bailarín a una ciencia exacta) con Margaret Craske en Nueva York, llega por primera vez a Uruguay con dos únicas funciones de Aguas de la inmortalidad, hoy y mañana a las 21 horas en la Sala Verdi.
En el espectáculo, que propone un cruce de culturas y formas de arte surrealista, Fleming inventa un movimiento poético orientado a transformar la forma de pensar el cuerpo humano. En él, la bailarina yuxtapone su movimiento singular , en el que predominan las contorsiones, con proyecciones de video en tres dimensiones.
Los trabajos solistas y en grupo de Fleming han recorrido el mundo, cosechando elogios y premios. Sus últimos espectáculos After Eros, Decay of the Ángel y el propio Aguas de la Inmortalidad cuentan con las colaboraciones del dramaturgo David Henry Hwang (Madame Butterfly), el compositor Philip Glass, el diseñador de sonido Brett Jarvis y el diseñador de iluminación y arte visual Christopher Odo.
El acceso al espectáculo es gratuito pero se requiere retirar invitación en la propia sala (Soriano 914).