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Es la hora del recreo en la escuela Nº 157 de Villa García, al costado de la ruta 8. Decenas de niños juegan y bailan al aire libre. En el fondo de la escuela se oyen las risas y los gritos divertidos de los escolares, pero el ambiente es opuesto. Una malla sombra separa el jolgorio de la inquieta calma que reina allí, en la policlínica de ASSE que desde hace 11 meses funciona en una precaria construcción que solía habitar el casero de la escuela.

Once personas aguardan esa mañana su turno con la médica. La improvisada sala de espera mide dos metros cuadrados. Allí, sentadas en bancos de escolares, cuatro personas comparten el aire y el silencio. Afuera, recostadas en la pared o simplemente de pie sobre el escaso espacio con baldosas sanas, esperan dos madres con sus bebés de dos y tres meses respectivamente, un anciano y otras personas que cada tanto dan unos pasos hacia la calle en señal de impaciencia.

La policlínica original fue construida en 1997 a dos cuadras de allí. “Teníamos todo: pediatra, ginecólogo, psicólogo, cardiólogo, vacunación, extracción de sangre, papanicolau”, lamenta Cristina, una usuaria que acaba de terminar su consulta. Dicen que era una policlínica “ideal”: grande, moderna, completa. Pero de a poco empezó a revelar fallas de construcción. Se llovía el techo, se agrietaban las paredes. Luego comenzaron a “caerse pedazos enteros” de la casa, hasta que en diciembre de 2011 por amenaza de derrumbe se determinó su clausura. Hace una semana, luego de meses de abandono y vandalismo, se demolieron los restos de la casa.

La solución temporal que encontró ASSE fue usar la construcción del fondo de la escuela, que tenía solo dos ambientes. En uno de ellos colocaron una tabla de madera para generar dos minúsculos consultorios. El otro fue destinado a sala de espera. Afuera instalaron un baño químico (que no se vacía desde hace meses) y pusieron una malla sombra para impedir que los niños ingresen.

Cuando aún funcionaba el local anterior se atendían allí los habitantes de cinco asentamientos irregulares sobre los márgenes de la ruta: 8 de Marzo, La Rinconada, Paso Hondo, Villa Isabel y 6 de Enero. En total, unas 2.000 personas recurrían a la policlínica para consultar todo lo que no fuera urgente en relación a su salud.

“Lo de la escuela es una contingencia: fue para salir del momento, no es lo que va a quedar”, afirmó el vicepresidente de ASSE, Enrique Soto, a El Observador. Lo cierto es que la policlínica funcionó allí durante todo el año y aún no hay un proyecto de construcción en el horizonte cercano. En todo ese tiempo el personal de salud se redujo a una médica general que atiende todas las mañanas con un asistente, y otra médica que va algunas tardes.

Frío
Lo peor fue durante el invierno. “Fue horrible. Cuando llovía los que esperaban afuera se mojaban, porque no hay techo. En la salita se colaba el frío. Soplaba un viento espantoso porque no hay árboles”, recuerda Lourdes, la presidenta de la comisión de vecinos de la zona.

El hijo de Ana Laura nació en agosto y se enfermó de los bronquios un tiempo después. Si le tocaba el control médico un día de lluvia, prefería no exponer a su bebé a la espera a la intemperie, y en vez de caminar las tres cuadras que hay entre su casa y la escuela, se tomaba un ómnibus hasta la policlínica más cerca, en la calle Libia. Queda a 11 kilómetros de Villa García y en ómnibus, según Ana Laura, no se llega en menos de media hora.

“Su planteo es cierto, hay que darles una solución porque la policlínica no está funcionando donde debería”, reconoció Soto. “No justifica, pero sí hay que tener en cuenta que cerca de ahí hay otras policlínicas no muy lejos que pueden absorber la demanda. Esto no quiere decir que no se vaya a construir (otra), pero no están sin atención”, agregó el jerarca.

Los usuarios de ASSE que siguen yendo a la construcción detrás de la escuela lo hacen porque viven a pocas cuadras, pero sobre todo porque la doctora –coinciden todos– es “excelente”. Hace 20 años que atiende allí y se mantiene constante a pesar de las condiciones en las que tiene que trabajar hoy. “Cualquier otra se hubiera ido”, destacan los vecinos.

La profesional no quiso hablar con El Observador. A través de una usuaria hizo saber que prefería no involucrarse para no tener problemas con ASSE.

Piden soluciones
Aunque ahora el tiempo es benevolente, los usuarios de la policlínica se están movilizando para lograr que antes de fin de año se encamine una solución y así evitar otro invierno en la escuela.

Hace más de 10 meses que venimos con esta lucha”, alega Ruben, otro dirigente de la comisión de vecinos. Dicen que sus reclamos fueron ignorados y por eso llegaron al extremo de cortar la ruta 8, hace aproximadamente un mes. Luego de ese episodio, que fue registrado por las cámaras de televisión, fueron recibidos por Soto en su despacho en el Edificio Libertad.

“Él quedó comprometido en venir al barrio, pero no ha venido todavía. Si no recibimos noticias pronto, vamos a volver a cortar la ruta”, amenaza Lourdes mientras a su alrededor otros vecinos asienten.

Soto dijo a El Observador que la semana próxima irá a conocer en persona la situación. Está al tanto de que el lugar “es muy chiquito” y que “afuera no hay techo” para cubrirse de la lluvia. Sin embargo, reconoció la imposibilidad de ASSE de dar una solución rápida. “Lo que estamos analizando ahora son las prioridades en la construcción para el año que viene. Esto no estaba contemplado, pero vamos a ver si podemos hacer algo. Algunos arreglos en la casa que tienen ahora, o construir otra”, indicó el director.

Por su parte, en las últimas semanas los vecinos salieron a buscar apoyo financiero y donaciones para empezar a juntar un fondo que les permita construir una policlínica con sus propias manos. Incluso tienen visto un predio vacío cerca de la escuela que pertenece al Ministerio de Vivienda y que, según ellos, originalmente estaba pensado para hacer una plaza. “Lo único que pedimos a ASSE es que nos mande un ingeniero para supervisar la obra y que la apruebe, porque después vamos a precisar que nos mande los médicos”, razonó Ruben. Ayer realizaron un festival con músicos voluntarios (algunos de la zona y otros no), en el que aprovecharon a vender comida para recaudar dinero para la obra.

Investigación
Lo que antes era la policlínica hoy es un gran terreno vacío. Solo se mantiene en pie parte de una pared de ladrillo visto de lo que era la entrada a la casa. Un hombre aprovecha la oportunidad para excavar y sacar vigas y restos de escombros valiosos. En cambio, se encuentra con materiales que, según él, son de mala calidad. Del pozo de dos metros de profundidad también asoman rastros del basural que existió antes. Los vecinos están convencidos de que la policlínica se derrumbó porque se construyó sobre una base de residuos y no se realizaron adecuadamente los cimientos.

Y es probable que estén en lo cierto. De hecho, Soto aseguró que ASSE tiene una investigación en curso para determinar por qué se construyó sobre un terreno “no apto”, cuáles fueron las “fallas técnicas” y quiénes tienen “las responsabilidades” de ese costoso error.
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