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El gobierno preparó una alternativa al fallido Impuesto a la Concentración de los Inmuebles Rurales (ICIR) que pasa por cobrar impuesto al patrimonio a la tierra, con progresividad para desalentar las escalas mayores de explotación rural. A mi juicio, es una propuesta inconveniente por múltiples factores.

En primer lugar, es un impuesto más, y eso es malo, cualquiera sea ese impuesto; los uruguayos pagamos impuestos de más y el que rompe ya pagó, y pagó mucho para llegar a producir algo en este país.

En 2002, el gobierno recaudaba US$ 2.000 millones y hoy recauda unos US$ 12.000 millones, ¿se precisan 60 millones más? En segundo lugar, el Impuesto al Patrimonio es un mal impuesto técnicamente hablando, esto dicho y consensuado por la academia especializada en tributaria; así lo entendía el equipo económico de Astori que en su reforma tributaria de 2007 se orientaba a eliminarlo gradualmente.

Es un impuesto ciego, pesado al comparar con la renta que da un activo (no con su valor porque los impuestos se pagan con renta, no con venta de activos), que puede desestabilizar empresas en tiempos de crisis.

En tercer lugar, la mezcla de asignación de renta en el corto plazo y rentas generales en el largo plazo es una formula insólita, compromiso entre ideología y promesa a los intendentes.

Hablando de intendentes, espero que hayan recapacitado y nunca más apoyen alegremente nuevos impuestos a cambio de promesas de dinero; lo que los intendentes deben reclamar es frenar el gasto público desbocado (porque eso lleva a problemas de competitividad gravísimos) y coparticipar en los impuestos nacionales. Eso es de total justicia: que una parte del IVA, Imesi, IRAE, etc., que se generan y pagan en el interior del país vuelva por ley (y no por promesa del mandamás de turno) a las intendencias.

En cuarto lugar, combatir el crecimiento de la escala de producción es un grave error solo entendible por la fuerza de una ideología de los años de 1960, que obliga a considerar malos a quienes tienen mucho campo, por definición.

Esto va en contra de lo que sucede en el planeta entero y aquí también. Se necesita más escala para bajar costos y ganar eficiencia; pensar en un agro integrado solamente por productores chiquitos y medianos es un enfoque de pura teoría, desenganchado de la realidad.

En quinto lugar, en el mundo entero las personas agrupan sus ahorros, a través de las bolsas de Valores, de los fondos de pensiones y de otros mecanismos para encarar operaciones más grandes, competitivas y rentables, y esto no solo en el agro sino en todos los sectores de actividad. Ir en contra de esa sana tendencia es una mala idea que solo se explica por ideología de izquierda antimercado, antiempresa, antiagro y antipropiedad privada.

En resumen, esta discusión nos aleja del buen tema : cómo bajar el gasto público y mejorar su calidad para así controlar de verdad la inflación (no llamando a los supermercados) y gracias a eso poder bajar la tasa de interés y gracias a eso hacer subir el dólar y gracias a eso mejorar la competitividad y gracias a eso exportar más, defender mejor el mercado interno (no con el gesto inútil del cero kilo), ayudar al turismo, fomentar la inversión, el crecimiento, la creación de empleo y el aumento del pago de impuestos por mayor actividad económica sana.

Por el camino del gobierno se van a recaudar 60 millones de dólares más y se van a dejar de recaudar por enfriamiento de la economía y desconfianza de los empresarios cientos de millones de dólares menos durante mucho tiempo. Una propuesta inconveniente para todos.

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