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El sector ganadero que venía en franca aceleración, y que sigue a la espera de la mayor parición de la historia, está en situación de parálisis. La faena de la semana pasada fue la menor desde 2007 y la de este mes tendrá una caída de aproximadamente 30% respecto a la de mayo.

La industria está embarcada en un ajuste de precios fuerte que los productores no aceptan. Los productores a través de la Federación Rural, principalmente, han propuesto un cambio en el sistema de comercialización que la industria no acepta. Los costos de Uruguay se han despegado de los de Brasil y Paraguay y el precio de la hacienda local es más alto que el de Australia. Un sector que venía escapado del pelotón, pedaleando y pedaleando, está ahora en una situación más parecida a una guerra de trincheras donde nadie avanza y nadie cede.

Al despacho del ministro de Ganadería ha llegado un planteo que lo pone en incómoda posición. La Federación Rural (FR) ha pedido el fin de la venta del ganado en cuarta balanza, como se realiza habitualmente, es decir la carcasa ya despojada de todos los componentes que la industria considera de menor valor. La gremial entiende que los recortes que se hacen en el pasaje entre “la tercera” y “la cuarta” balanza son erráticos y en muchos casos excesivos.

Tras largos meses de discusiones, análisis y negociaciones no se logró un acuerdo y le tocará al Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) la difícil decisión de cambiar el sistema comercial o dejar “todo como está”.

El planteo se fue moviendo políticamente. El presidente del Instituto Nacional de Carnes (INAC) y ex presidente de la FR había anunciado en la Expo Prado 2012 que apoyaría el planteo si alguna gremial lo realizaba. Se hicieron estudios analizando el dressing que realizaba cada planta y arrojó diferencias considerables. La idea, aunque generaba dudas, logró la adhesión de la Asociación Rural del Uruguay (ARU) y finalmente del presidente del INAC fue el fiel de la balanza en la votación. Y de esa forma, en votación dividida y con la oposición de los industriales, la propuesta de eliminar el pago en cuarta balanza fue enviada al MGAP.

Va en carácter de asesoramiento, por lo que no obliga a una decisión aprobatoria.

Para muchos productores que están convencidos que la industria utiliza el diferencial entre tercera y cuarta balanza como un mecanismo para bajar costos y –en definitiva– pagar menos kilos al productor, lo sucedido es una victoria política. La aprobación de esta recomendación de INAC fue recibida con una aclamación por el congreso de la FR.

Una vez aprobada la medida la industria empezó a tomar sus recaudos. Bajó drásticamente y en forma monolítica el precio de compra de los novillos a US$ 3,50. Pero recibió también una respuesta casi monolítica de los productores que no aceptaron vender a ese precio. La faena por lo tanto cayó drásticamente.

Para la industria no hay demasiada urgencia por faenar porque ya se ha cumplido con el cupo Hilton, que finaliza a mediados de mes.

Los productores tampoco tienen mayor apuro por vender: los campos está buenos con un otoño que fue excepcionalmente favorable y que recién en los últimos días trajo algo de frío.

De modo que la faena fue bajando fuerte de 50 mil reses por semana que fue frecuente en los primeros cinco meses del año a menos de 40 mil y aún de 30 mil la semana pasada, cuando al enfrentamiento entre productores e industriales se agregó una parálisis de origen sindical.

El desencuentro entre productores e industriales llega en un momento muy especial. Porque hay una oferta que va en gradual crecimiento en el mediano plazo. Estacionalmente están por delante los tres meses de menor actividad. Los productores ya han vendido la mayor parte de su producción, que sale en otoño.

Pero en contrapartida, la oferta a partir de octubre irá en aumento y lo que se viene para los próximos años será un volumen cada vez mayor de ganado disponible.

En particular a partir del próximo otoño cuando salga al mercado la mayor cantidad de terneros de la historia.

Mientras esto sucede aquí, del otro lado del mundo las multitudes de Turquía se lanzan a las calles a protestar contra el gobierno y el principal comprador de ganado en pie no da señales de interés. Ni siquiera manda las autorizaciones sanitarias para que los privados puedan negociar la venta de terneros.

De modo que la válvula de salida del mercado ante una eventual baja de precios no está operando en forma fluida y es muy difícil saber cuándo lo hará.

Indicador de preocupación

Aún con un otoño excepcionalmente favorable el precio del ternero ha caído en las ultimas semanas por primera vez a cotizaciones menores a las que tenía el año pasado. Quien busque, puede conseguir terneros a dos dólares por kilo. Es algo que hace tiempo no pasaba y que tiene varias causas. Por un lado la propia oferta que va en aumento podría ser una razón. Pero no es esta una época de gran oferta. Ciertamente la llegada de los primeros fríos lleva a que algunos productores se vean forzados a vender.

Pero en la baja de precios hay una mirada de preocupación sobre el futuro de la ganadería. ¿Cuánto valdrá el novillo en el segundo semestre del año? Ya las perspectivas de una suba importante de precios sobre agosto y setiembre parecen diluirse. Los ganados que se está reteniendo en este momento saldrán a la venta más temprano o más tarde. Y esa oferta ejercerá presión sobre las cotizaciones.

Los datos del último remate de Lote 21 realizados la semana pasada son un alerta respecto a una perspectiva que se ve con dudas. La baja para las vacas preñadas, entoradas y las terneras superó el 10% respecto al remate previo y los precios quedaron por primera vez en niveles inferiores a los de 2012.

Tras disfrutar de 30 meses de estabilidad sin precedentes la ganadería enfrenta a su primer tormenta fuerte, a varios frentes. De cómo se resuelvan los actuales y variados conflictos dependerá que el crecimiento de la ganadería se sostenga o entre en pausa.

Los precios de exportación no justifican la parálisis

Aunque mantienen una estabilidad y un nivel que nunca tuvieron, los precios de exportación también atraviesan un período de leve baja.

El precio promedio de las últimas cuatro semanas cayó por debajo de los US$ 3.600 por tonelada y marcó así un mínimo desde fines de 2010.

Sin embargo, tanto por la suba del dólar en la plaza local como por la suba del euro en las últimas semanas que dará nuevo aliento a las compras europeas, los márgenes de la exportación tienden a mejorar. De modo que la baja de precios parece en buena medida convalidada por un conflicto que está limitando la posibilidad de faena.

El precio medio de exportación se ha mantenido entre los US$ 3.500 y US$ 4.000 desde noviembre de 2010. La primera vez que logró ese precio promedio fue en mayo de 2008, durante un momento de violento empuje de todas las materias primas que se derrumbó en el último trimestre de ese año.

Hasta comienzos de 2008 nunca se había alcanzado un precio estable de US$ 3.000 por tonelada. Y nadie cree que vaya a caer por debajo de esos US$ 3.000 en el futuro próximo. Una vez que el conflicto esté superado puede esperarse que el interés en faenar vuelva. La parálisis tiene principalmente una causa sindical.
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