El tradicional club social ubicado en la Plaza Matriz (símbolo de la alta burguesía del siglo XIX), se convertirá desde mañana en la sede elegida por el director Alberto Zimberg para llevar a cabo el casamiento imaginado por Bertolt Brecht en 1919.
El tradicional club social ubicado en la Plaza Matriz (símbolo de la alta burguesía del siglo XIX), se convertirá desde mañana en la sede elegida por el director Alberto Zimberg para llevar a cabo el casamiento imaginado por Bertolt Brecht en 1919.
La boda (cuyo título original es La boda de los pequeños burgueses), que se convirtió en un clásico del director alemán, será condimentada con elementos teatrales más contemporáneos como la utilización de un espacio no convencional, una estética con reminiscencias al director serbio Emir Kusturica y hasta con un menú gastronómico para los espectadores, que incluye quesos y fiambres.
La obra fue escrita por el dramaturgo alemán cuando apenas tenía 21 años y recién comenzaba a gestar su denominado distanciamiento brechtiano. Esta forma teatral buscaba que el público pudiera reflexionar de una manera crítica y objetiva, en lugar de identificarse con los personajes e hiciera catarsis.
Las técnicas usadas para esto incluían la locución directa de los actores al público, la exageración, el uso de formas de iluminación poco convencionales o de pancartas que anticiparan qué iba a suceder. Así, la puesta que se verá mañana tomará algunos de estos elementos e irá aún más lejos.
“Aunque La boda es anterior al distanciamiento bretchiano, en ella ya se perciben algunos mecanismos de distanciamiento, como por ejemplo, cuando los personajes exteriorizan que están en una obra de teatro. Pero en esta puesta, opté por agregar otros mecanismos como la utilización de un espacio no convencional o el tratar al público como si fueran invitados”, contó Zimberg.
En consecuencia, el público será invitado a comer y beber, como si de verdad estuviera participando del acontecimiento, y hasta deberá recibir a los novios desde los balcones.
Otro mecanismo de distanciamiento que fue incorporado por Zimberg es la inclusión de tres músicos en escena que serán los responsables de hacer sonar en escena acordeón, clarinete, guitarra y bongó.
La adaptación
La versión del texto, que llegará al Club Uruguay es el resultado de una traducción realizada por Javier Martínez, uno de los músicos que aparece en escena.
“Trabajamos mucho en lograr un lenguaje que no resultara extraño o poco creíble. Apelamos a frases más directas y el resultado fue un texto más universal”, indicó Zimberg.
El director agregó que en materia estética el cineasta serbio Kusturica fue su mayor influencia en la puesta.
Otro de los cambios que se verán en esta puesta será la supresión de un personaje. Mientras que en la versión original son nueve, en la de Zimberg, aparecen solo ocho.
El elenco está integrado por Roberto Bornes, Alicia Garateguy, Mariela Maggioli, Carla Moscatelli, Sergio Muñoz, Tito Prieto, Sebastián Serantes y Leonor Svarcas, acompañados por los músicos Nicolás Escobar, Javier Martínez y Martín Cantarini.
En los rubros técnicos acompañan a Zimberg, como en sus últimos cuatro proyectos, Paula Villalba en vestuario, Claudia Schiaffino y Beatriz Martínez en escenografía y Martín Blanchet en el diseño de iluminación.
Serán solo seis funciones, entre el miércoles 7 y el lunes 12 de noviembre, todas a las 21 horas. Las entradas valen $250 y están a la venta en todos los locales de Abitab. l