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La carrera por una moneda más débil comenzó y ya en el arranque Brasil se distanció del resto de los competidores. Hasta hace pocos días se hablaba del real como la segunda moneda más apreciada frente al dólar. Pero esa es historia económica. Hoy en día el real es la moneda que más terreno perdió frente al billete verde en lo que va de setiembre.

Aunque rezagado, Uruguay corre la misma carrera. El dólar acumula una suba de 7% en setiembre y las perspectivas son al alza en el cortísimo plazo, el único horizonte temporal para el cual es posible hoy hacer proyecciones. Sin embargo, esa corrección no es suficiente. En Brasil la moneda estadounidense se encareció 16,8% en el mismo período.

Este miércoles el dólar subió 1,17% en Uruguay y se cotizó a $ 19,937 en el promedio de las operaciones interbancarias, el mayor valor desde mediados de enero. En cambio en Brasil, la suba fue de 4,33% y se alcanzó un máximo de 15 meses.

De esa manera, Uruguay se encarece. La distancia que lo separa de Brasil en la carrera por un dólar más alto llevó a que los bienes y servicios locales que se exportan a Brasil resulten hoy 9,9% más caros que a fines de agosto. Del mismo modo, los productos que Uruguay importa del país vecino son hoy 9% más baratos. Ante ese panorama, en pocos días la competencia por los mercados se hizo más complicada.

De hecho, el real alcanzó este miércoles su nivel más bajo frente al peso uruguayo desde el 7 de junio de 2010, la semana en la cual el Ministerio de Economía apostó fuerte por cambiar el signo a las operativas de mercado a través del manejo de expectativas.

Cuando el entonces subsecretario de Economía, Pedro Buonomo, salió a la prensa a decir que el tipo de cambio considerado “de equilibrio” por el gobierno se ubicaba en el entorno de entre $ 21 y $ 22, estaba mirando con preocupación el desfasaje del dólar en Uruguay respecto a Brasil.

Hoy en esencia, el problema es el mismo: Uruguay pierde competitividad respecto a su socio comercial, un error que las autoridades bien saben, por la experiencia de 1999, se paga muy caro. Pero al comparar la situación con la de junio del año pasado, el desafío es mayor. Una cosa es evitar que la moneda se aprecie y otra muy distinta es perseguir la depreciación frenética de otra moneda.

Un dólar bajo funciona como un bálsamo para el nivel de precios. Los bienes que se comercializan con el exterior y toman sus precios del mercado internacional se abaratan en pesos, y de esa manera se ven aliviadas las presiones inflacionarias. Frenar una caída del dólar a nivel local implica renunciar a ese handicap.

Sin embargo, acelerar la suba del dólar tiene un costo mayor. Implica, en forma deliberada, acelerar la suba de precios en un contexto en el cual la inflación se encuentra todavía a una distancia considerable de la meta oficial.

El dato de agosto arrojó una suba de 7,57%, más de un punto y medio por encima del límite superior del rango objetivo.

Los últimos estudios arrojan que una apreciación del dólar de 5% termina en el mediano plazo acelerando la inflación en un punto porcentual. Homologar una suba del dólar de la magnitud que se registra en Brasil, podría encender la luz de alerta en los precios al consumo, que acelerarían su crecimiento y podrían quebrar la barrera psicológica del 10%.

No es un peligro inminente. De hecho, algunos operadores y analistas internacionales dudan acerca de qué tan sostenible sea el valor actual del real. ¿Podrá Brasil, a este ritmo, terminar la carrera? No es una duda infundada. La incertidumbre a nivel internacional lleva a que muchos inversores retiren sus capitales del país vecino, provocando una suba en el precio del dólar. Pero también genera otro fenómeno: hay operadores que se trepan a la ola y ante las perspectivas de valorización del dólar, juegan unas fichas en el corto plazo, que luego retirarán.

La pregunta que queda hoy abierta es qué parte de la suba del billete verde en Brasil se da por un cambio rotundo en las expectativas y qué otra, por simple especulación. Uruguay deberá seguir corriendo, avanzando a su paso con la vista bien puesta en Brasil. Pero debe controlar la ansiedad. Respetar el paso. Y recordar que la carrera es muy larga como para agotar todas las energías en la próxima zancada.

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