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Uruguay, un líder en productividad de arroz donde caen empresas y se achica

El área de siembra más baja de los últimos 25 años amenaza empleo e industria, en un sector que lleva cinco campañas con números en rojo al hilo

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31 de agosto de 2018 a las 18:13

Cuando un grande sucumbe, los cimientos se mueven. A pesar de que el cierre de dos plantas de la industria arrocera Saman en la ciudad de Río Branco (Cerro Largo) no sorprendió a los actores del sector por una coyuntura cuesta arriba para el conjunto de la cadena, el achique de un buque insignia de la productividad del agro uruguayo sigue en picada y amenaza con   eliminar más empleos. Productores y expertos coinciden en el motivo: los costos.

El cereal ocupará en su próxima zafra –que comenzará en aproximadamente dos semanas– la menor superficie de los últimos 25 años, considerando que los productores avizoran esta vez una caída del 30% en la intención de siembra, el mayor ajuste desde que hay registros.  

Según pudo saber El Observador, otras empresas vinculadas tanto a la industria como al sector productivo reducirán en los próximos días sus plantillas de empleados, a razón de que la caída en las plantaciones generará capacidad ociosa para la industria, mientras que los costos fijos se diluyen en menores volúmenes de exportación.
 En este sentido y pese a su ejemplar productividad (Uruguay se encuentra entre los líderes del mundo) y a que los precios internacionales se mantienen en niveles estables, los altos costos para producir no dejan otro camino que el repliegue. 

 Según afirman desde la Asociación de Cultivadores de Arroz (ACA), el área arrocera –que viene en descenso desde 2010/2011– se desplomará en la próxima campaña, cuando según estimó el presidente de la institución, Alfredo Lago, se pase a un área de siembra de 135 mil hectáreas (ha) frente a las 155 mil ha cultivadas en la zafra anterior ( 20 mil ha menos).

Para encontrar un área tan baja hay que remontarse a la campaña de 1991/1992, cuando se implantaron en 127 mil ha. Luego el cultivo fue ganando espacio y se llegó a un récord de superficie cultivada en 1998/1999 con 205 mil ha, con otros registros elevados en 2003/2004 y en 2010/2011, en ambos casos de 195 mil hectáreas. 

El precio del arroz se mantiene cerca de los US$ 200 por tonelada al productor desde hace años, es decir US$ 10 por bolsa de 50 kilos, lo que lo hace un cultivo bastante previsible. Con un rendimiento que suele ubicarse cerca de los 8.500 kilos por hectárea, la venta a unos US$ 200 arroja una facturación estable en el entorno de US$ 1.700 por hectárea, frente a un costo estimado por la Asociación de Cultivadores de Arroz (ACA) que se ubica en el entorno de US$ 2.000 por hectárea. 

"En el mundo el arroz es un alimento sensible para países de poblaciones grandes y aunque el mercado mundial está mejor que hace 20 años, llevamos siete zafras con una ecuación económica negativa (con excepción en 2012/2013). Nos ingresa menos dinero de lo que nos cuesta hacer una hectárea de arroz. Las primeras zafras las llevas con reservas que pueden tener los productores de años anteriores, pero aunque la agricultura es cíclica, el problema es que ahora venimos con demasiados años en rojo”, dijo Lagos a El Observador.       

Uruguay exporta casi la totalidad del arroz que produce. No tiene mayores dificultades en lo productivo y por ello y por la calidad del grano está entre los líderes en el mercado internacional. Además, suele concretar los negocios en forma fluida y a precios considerados buenos. El obstáculo, sostienen los productores, es interno, concretamente los costos para producir en las chacras y también los costos industriales.

Luego de años de buenos resultados productivos y malos resultados económicos, muchos productores han abandonado el sector, mientras que los que se quedan se preguntan cómo será el futuro de un sector en el que una parte mayoritaria de la producción se realiza alquilando tierra y agua y con escasas alternativas productivas.  

Según explicó Lago, para volver a sembrar en los últimos años se entró en endeudamiento, en parte financiado por un fondo arrocero creado hace ocho años que retuvo el 3% de las exportaciones con el fin de crear un fidecomiso que es administrado por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP). 

En la actualidad, el 70% de los productores no accede a préstamos del Banco República por falta de garantías, por lo que la mayoría  de esos productores son financiados por la propia industria. El problema, señaló Lago, es que una vez terminada la zafra con números negativos los productores se endeudan, al punto que en las últimas campañas se estima una pérdida promedio de US$ 200 al año por hectárea en los últimos siete años, a pesar de buenos rendimientos y calidad productiva.

Gobierno admite retracción  

El ministro de MGAP, Enzo Benech, señaló en comisión del Senado este miércoles que “el arroz es un sector en el que la tecnología se usa y, además, es propia, es uruguaya y tiene reconocimiento en el mundo, pero también se trata de un cultivo que no ha tenido los picos de precios que tuvieron otros cultivos, como el de la soja. Está más o menos en los mismos niveles desde hace bastante tiempo”.

El jerarca indicó que se trata de un sector que viene con complicaciones difíciles de arreglar y que no son de ahora, sino de hace bastante  tiempo. “Si las áreas caen, pasa lo que pasa. Para quienes estamos en la vuelta diría que eso no es novedad porque las áreas vienen cayendo y además se piensa que este año va a caer sensiblemente la siembra. Sabemos que se trata de una situación difícil, que nos preocupa”, reconoció el secretario de Estado. 

Benech informó que recientemente se estuvo trabajando en la Comisión Sectorial del Arroz junto a todos los actores: los industriales, los productores y las gremiales. “De cualquier manera, los datos objetivos son que los números están ajustados, que las áreas vienen disminuyendo, que hay gente que está perdiendo plata y por esa razón la cantidad de hectáreas baja”, dijo. 
El sector del arroz fue uno de los primeros en el contexto de una serie de baterías de medidas llevadas adelante por el gobierno a cuyos productores –a los que tributan por Imeba– se les devolvió el IVA del gasoil, además de brindarles descuentos en la energía eléctrica (15%), pero no fue suficiente.

En un estudio realizado por la consultora Apeo Agro –asumiendo que cada empresa tiene su estructura de costos propia–, se cálculo que la “estructura resumida de costo de una hectárea de arroz” se divide:  8% en fletes, 5% en poscosecha, 15% de la renta, 13% el gasto de gasoil, 24% la mano de obra, 19% en maquinaria y 16% en costos por agroquímicos. 

En tanto, la gerenta senior de Asesoría Financiera de Deloitte, Florencia Carriquiry, coincidió en que el rubro más complicado de los últimos años ha sido el sector primario sobre todo por el aumento de costos. Añadió que dada la importante inversión por hectárea en riego y sistematización muchos productores siguen apostando al cultivo del arroz a pesar de los acumulados años de magros beneficios económicos.  

La inversión que no va a ser

El ingeniero agrónomo e integrante de la consultora Apeo, Ignacio Buffa, indicó que esta reducción en el área a sembrarse, por su efecto dinamizador de los campos y naturaleza, afectará la inversión de las economías regionales del país (si se toma un costo de US$ 1.900 por ha), hasta en 
US$ 63 millones.  

Según el experto, el cultivo del  arroz –dado que conlleva importantes inversiones en infraestructura (caminos, canales, riego)– es aprovechado por el resto de los componentes del sistema, como puede ser la ganadería. 

Bajo el supuesto de que no se trata de un cultivo que se aconseja realizarse por más de cuatro años porque surgen problemas de maleza que empiezan que complican, la rotación con pasturas, según el profesional, tiene un valor tres veces menor que si se hiciera sobre un lugar donde se plantó soja. 

“Instalar una pastura en un lugar donde se cultivó arroz vale US$ 100 por ha, mientras que hacerlo en donde se plantó soja vale alrededor de US$ 300 por ha. Es una pradera que es muy barata y funcional al cultivo además, porque esa pastura después de utilizarse para ganadería, al volverse a plantar arroz va a ser un mejor arroz. Es una inercia muy positiva que además potencia la ganadería”, explicó. 

El último tiro 

Tras cuatro años con números en rojo una importante empresa como Arrozal Treinta y Tres, decidió “por múltiples razones, pero principalmente económica”, una reestructuración que recortó en primera instancia a 39 trabajadores. Según el gerente de la empresa, Álvaro Platero, para la firma “es el último tiro para lograr la supervivencia, haciendo una reestructura grande en la manera de producir y en las distintas producciones, eliminándose por ejemplo la explotación ganadera por sacar recursos para sostener la financiación del arroz”. 

 Arrozal Treinta y Tres achicó su área de siembra de arroz para la próxima zafra de 8.500 ha a 7.000 ha, aduciendo que “el golpe de gracia del arroz” se dio en la zafra pasada producto de una baja producción y precios de venta que no cambiaron. De todas formas, las principales causas están dadas, según Platero, por los altos costos de producir el cereal , que rondan entre US$ 1.800 y 1.900 la inversión por ha.   “La idea es dar un pasito corto este año, a ver si el que viene volvemos a estar en los niveles históricos, pero si no achicamos no tenemos chance porque faltan recursos incluso para mantener cierta área de cosecha”, explicó ejecutivo.

Un cultivo con un siglo de historia

El arroz como cultivo está presente en la historia productiva del Uruguay desde principios del siglo XX. El primer plantío en el país data del 1919 y a mediados de la década de 1930 se sembraron más de 4.000 hectáreas para abastecer el consumo interno, a la vez que se  exportaroon 2.300 toneladas. En 1940 se sancionó la Ley Arrocera y se alcanzó en todo el país las 5.000 has cultivadas con un rendimiento promedio de 3.400 kg/ha. En octubre de 2017 el Parlamento aprobó la ley de riego con respaldo de todos los partidos. El exministro de Ganadería y también productor arrocero, Tabaré Aguerre, fue el principal impulsor de la iniciativa, a la que calificó: “va a haber un antes y un después en el desarrollo de la agricultura del Uruguay”. 

Las cifras

190 mil hectáreas fue la superficie de arroz sembrada en 2010. A partir de ese año la tendencia es a la baja  y este año se va a dar la menor área cultivada desde 1993, con unas estimación de 135 mil ha. 

800 dólares por hectárea es la diferencia estimada entre producir en Uruguay y en Paraguay, aunque el arroz uruguayo se vende un 10% más caro por su calidad. En Paraguay el costo es de US$ 1.200. 

180 millones de dólares es la deuda que tiene el sector, lo que implica un endeudamiento por hectárea de US$ 1.200. La mayor parte del financiamiento proviene de los fondos arroceros. 

 

 

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