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La misma calificadora que tomó la iniciativa de quitarle a Uruguay su confianza en el momento más negro de su historia económica, fue la primera en devolverle, 10 años después, el carné de ingreso al club de los países amigos de los mercados financieros.

El 14 de febrero de 2002, en medio de una crisis mundial, Standard & Poor’s redujo la calificación crediticia de Uruguay de BBB- a BB+, pasando de la comodidad del grado inversor al árido terreno de la especulación. En medio de otra crisis, esta vez que amenaza la estabilidad del mundo desarrollado y lleva a los socios comerciales de la región a blindar sus fronteras, Uruguay recuperó el grado inversor.

“Uruguay vuelve a lo que logró en el año 1997, después de un largo proceso”, dijo a El Observador Carlos Steneri, ex director de la Unidad de Gestión de la Deuda del Ministerio de Economía (MEF) y hombre de primera línea en las decisiones relacionadas con el manejo de los pasivos del Estado desde el restablecimiento de la democracia. “A pesar de la crisis de 2002, el país pudo recuperar lo que había perdido. Cuando las cosas se hacen bien, uno recupera lo que merece”, concluyó exultante.

El camino al grado inversor fue largo y estuvo signado por el escepticismo por el lado de las calificadoras de riesgo, y de indignación por parte del gobierno. El mercado le dio a Uruguay el reconocimiento desde mediados de 2008, cuando el riesgo soberano empezó a ir atado al de Brasil, Colombia y Perú, los países de la región que se encuentran –como ahora Uruguay– en los primeros escalones del grado inversor. En palabras del ministro de Economía, Fernando Lorenzo: “Hoy los inversores estaban reconociendo a Uruguay todo lo que las calificadoras recién ahora reconocen”.

Las gestión de la deuda pública y la credibilidad de las políticas macroeconómica fueron los elementos que más destacó Standard & Poor’s a la hora de hacer el camino inverso al de febrero de 2002 y elevar la nota uruguaya de BB+ a BBB- con perspectiva estable. Según señaló la agencia estadounidense en un comunicado difundido ayer poco después de las seis de la tarde, a pesar de un agravamiento de las condiciones internacionales, se espera que Uruguay siga fortaleciendo su posición y manteniendo la prudencia en su política fiscal.

“Van a venir años que no son fáciles”, dijo a El Observador Sebastián Briozzo desde Buenos Aires, responsable del análisis de Standard & Poor’s para Uruguay. “Si la situación externa o regional se complicara, sabemos que el país está bien preparado”.

De ahora en más
Las autoridades de gobierno y los analistas privados consultados por El Observador coinciden en que las restantes calificadoras de riesgo no tardarán en seguir los pasos de Standard & Poor’s.

A Uruguay se le abren perspectivas auspiciosas. En primer lugar, en el mercado de crédito. Deuda más barata a partir de un mayor apetito internacional por los títulos emitidos. Ahora que Uruguay posee el grado inversor, muchos fondos de pensiones de nivel mundial tendrán acceso a los activos orientales. Bonos en dólares y en Unidades Indexadas podrían tener un salto de nivel en sus precios.

Pero además, el país se perfila de otra manera ante los ojos de los inversores. No solo de aquellos que prestan sus capitales al Estado sino también de quienes apuestan a la inversión productiva dentro del país. “Para Uruguay es excelente, es un reconocimiento. Tiene un efecto de marketing equiparable con la selección de fútbol”, señaló el presidente de la Bolsa de Valores de Montevideo (BVM), Pablo Montaldo.

Al mismo tiempo, es también un respaldo. Para la directora de la Unidad de Gestión de la Deuda, Azucena Arbeleche, “si hay una turbulencia financiera, si la incertidumbre que vemos afuera se traduce en un shock negativo, que Uruguay cuente con esa calificación puede hacerle una gran diferencia al inversor”.

Para el gobierno es un espaldarazo tanto en lo que respecta a la política fiscal como en el equilibrio de los objetivos de mejora de los indicadores sociales y del atractivo del país para el mercado. Según sostuvo el vicepresidente Danilo Astori, “confirma una trayectoria y una forma de hacer las cosas. Y si al mismo tiempo mejoramos los indicadores sociales, lo que está mostrando es que éste es el camino a seguir”.
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