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La imagen de Uruguay como un equipo que muerde a sus rivales, que entrega la pelota y que corre, que gana defendiendo y sufriendo hasta el final, le empieza a dar paso a una nueva versión que nace de un mediocampo renovado con jugadores de buen pie, que interpretan el fútbol de otra forma y que procuran hacer jugar al equipo desde la posesión. Con protagonismo con la pelota. Es muy interesante el fútbol desde ese lugar. Resulta más agradable, y menos sufrido.

El asunto que no se puede perder de vista, en estos tiempos en los que el fútbol vistoso puede empezar a endulzar al hincha, es que tanto toque lindo y jugar en puntitas de pie no lleve a Uruguay a perder su esencia.

La selección necesita, primero que nada, aferrarse a su estilo de defensa agresiva, con mucha presión sobre el balón para recuperar y luego jugar. También necesita mucha concentración y aplicación táctica. Serán claves.

Los torneos de 2015 y 2016 desnudaron las debilidades de un equipo que no supo plantarse con intensidad desde el primer partido. Por tanto, en el camino a la Copa América 2019 Uruguay está frente a desafíos muy importantes y si definitivamente avanza en el sendero de la belleza futbolística como recurso válido para salir campeón, no puede olvidar sus hábitos esenciales: defender como siempre, morder al rival, trancar y, luego, ponerle el plus de devolver al espectador la mejor expresión futbolista.

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