El Frente Amplio asumía por primera vez en la historia un rol ejecutivo. Era el año 1991 y el entonces intendente de Montevideo, Tabaré Vázquez, mostraba ya su particular carácter de líder político. Con la oposición de los sectores más radicales del Frente Amplio –en ese momento alineados detrás del MPP– Vázquez decidió desalojar por la fuerza a los vendedores ambulantes que no se habían regularizado en un proceso iniciado por la comuna. Fue su primera crisis política y el intendente utilizó su poder para ir –como si fuera un cirujano– con el bisturí hasta el fondo.


Siempre fue un líder político que jugó fuerte a la interna de su partido para lograr imponer sus decisiones. Así se manejó mientras fue intendente de Montevideo (1990-1995), cuando fue presidente del Frente Amplio (1994-1997 y 1998-2004) y también cuando fue presidente de la República (2005-2010). Tan fuerte jugó, que muchas veces amenazó con renunciar a la presidencia del FAy lo hizo (ver recuadro) y en 2008 renunció al Partido Socialista luego de críticas a su veto de la ley del aborto.

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Algunos por eso lo acusaron de “autoritario”. Para el analista político Oscar Bottinelli, Vázquez “siente el tamaño de su poder, tiene vocación por el mismo y un fuerte sentido de la autoridad siempre”. “Desde que ha disputado el mando en la Intendencia de Montevideo hacia adentro, el mando de la intendencia en relación al liderazgo del Frente Amplio (en manos de Líber Seregni), el liderazgo de la izquierda en oposición a Seregni, el liderazgo de la izquierda en relación a grupos y sectores. Y cuando no ha logrado la aplicación pacífica de la autoridad, recurrió a cortar el nudo gordiano: lisa y llanamente se fue, con renuncia o con licencia sine die, pero dejó a los demás con sus cuitas y sus reyertas”, escribió Bottinelli en 2004.

Mientras fue presidente de la República desde un año después de eso, también gobernó así. Fue para adelante en todo lo que pudo y cuando vio que no tenía fuerza (como con el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, por ejemplo), él mismo frenó sus proyectos para no ser derrotado.


Pero en los siguientes cinco años de gobierno frenteamplista, el estilo de conducción fue totalmente distinto. El presidente José Mujica (2010-2015) no es un líder de todo el Frente Amplio. Además su personalidad es diferente. Cultiva los acuerdos políticos y evita dar ‘lineazos’.


Eso en cierta medida dio la sensación de que más que el presidente gobernaba el partido.
Ahora en la izquierda están convencidos que se inicia el retorno de Vázquez al poder. Esta semana tuvo su primera prueba de fuego, al meterse sobre el final de la discusión de la ley penal empresarial para pedir “cuidado” y evitar la inconstitucionalidad de una ley con la que dijo está de acuerdo. Su intervención en este caso no fue en línea con su estilo de conducción habitual. En vez de trancar fuerte, fue sutil. La semana pasada dijo que había que evitar dar un paso para adelante y tres para atrás. El lunes, día que la bancada resolvía su posición ante la ley, se reunió con la presidencia del FA y reiteró su mensaje. Sin embargo los senadores, bajo el impulso del MPP, el Partido Comunista y el Partido Socialista, desoyeron su postura y aprobaron la ley tal como venía de Diputados (ver página 4).


En un eventual segundo mandato, Vázquez enfrentará un mapa interno del FA distinto al de su primera vez. Durante su alejamiento, quienes ganaron peso fueron el MPP y el PCU. “Ni Vázquez ni su poder en la interna del FA serán idénticos a los de su primer mandato. Es un líder declinante. Mal que le pese está teniendo que soportar el desafío permanente de Constanza Moreira. Si mis sospechas son correctas, después de junio deberá aceptar un candidato a la Vicepresidencia que represente al ‘ala izquierda’ del FA”, escribió el 5 de marzo el analista político Adolfo Garcé en El Observador.


En el Frente Amplio –especialmente en los sectores astoristas y vazquistas– hay algunos dirigentes preocupados por cómo será la relación del expresidente y la fuerza política en un eventual tercer gobierno de la izquierda. Lo cierto es que en esta oportunidad el Partido Socialista no se volcó para el lado del expresidente, pero más adelante puede ser determinante su rol de ladero de Vázquez.

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