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La plaza Tomás Gomensoro, ubicada sobre la rambla de Pocitos, está pasando por una etapa que el concejal Luis Marcelo Pérez calificó como propia del “botellón español”. Este término describe la costumbre de jóvenes de consumir bebidas alcohólicas en ciertos puntos de la vía pública.

Ese es un ritual que indigna a los vecinos puesto que, en especial por las noches, el consumo se sale de control, se originan peleas entre los visitantes -muchos de ellos habitantes de la zona- y la respuesta policial es considerada insuficiente. Por este motivo, los miembros de la Comisión de Vecinos Plaza Gomensoro se entrevistaron ayer con el jefe de Policía de Montevideo, inspector Mario Layera, para demandar más actuación policial en las inmediaciones de la plaza.

“Las paredes están todas grafiteadas, rompen las hamacas, rompen los bancos, toman allí, hacen sus necesidades allí y duermen en los bancos”, relató a El Observador Juana Lemos, presidenta de la Comisión de Vecinos Plaza Gomensoro, respecto del uso cotidiano de un espacio público creado en 1897 cuando el famoso Francisco Piria delineó el barrio de Trouville.

De mañana se encuentran decenas de botellas hechas añicos en la balaustrada y en la glorieta. Además, ya han roto varios faroles y se han cometido actos vandálicos contra otras piezas del mobiliario urbano. “El entorno se vuelve poco habitable en la noche”, añadió Pérez. La plaza es mantenida gracias a la colaboración de Montevideo Shopping y la comisión de vecinos que, incluso, asume los costos de la contratación de guardias de seguridad. Por este concepto se paga alrededor de $ 40 mil mensuales por un servicio desde las 8 de la mañana y hasta la medianoche. Lemos contó a El Observador que se tuvo que suspender la vigilancia nocturna porque encarecía el presupuesto. Pero se está pagando el precio. Para limpieza y reparaciones se destinan otros $ 10 mil.

Lemos teme que los colaboradores retiren su aporte económico si el deterioro pasa a dominar el espacio y no se da abasto con los arreglos.

El guardia cumple las tareas de cuidaparque pero, de forma contraria a las necesidades que exponen los vecinos, no puede ejercer ninguna autoridad represiva.

“No le dan corte. (Los ocupantes) solo se van si aparecen policías de verdad”, lamentó Lemos.

En tanto, Pérez indicó que uno de los reclamos realizados a Layera fue que, en más de una ocasión, se alertó a la Seccional 10ª por desmanes en la plaza y se les contestó que no había móviles para atender el llamado.

Respecto a los indigentes que utilizan la plaza como dormitorio y hasta como baño, y a quienes tienen actitudes delictivas en la plaza y en los alrededores, el inspector recomendó que se les tomen fotografías para facilitar su identificación luego que se haga la denuncia, puesto que, por el momento, no se puede destinar más personal a esa zona.

Balance positivo
“Bastante positiva”, fue la conclusión a la que llegó Pérez tras el encuentro con Layera. Si bien aún no hubo propuestas concretas, el concejal y los vecinos agendaron una próxima entrevista con el comisario regional correspondiente a la zona.

“El jefe está atento a los reclamos. Veremos sobre la marcha si lo que se dijo no queda en tinta fría”, comentó a El Observador.

El concejal y los vecinos esperaron tres meses para ser recibidos por el jefe de Policía –trámite que se alargó más de lo previsto por la renuncia del inspector Diego Fernández– para informarle de los principales temas de seguridad individual y colectiva de Pocitos, Punta Carretas y Buceo: la existencia de bocas de venta de pasta base, el vandalismo en la plaza Gomensoro, y desmanes y práctica de actos sexuales en las adyacencias de boliches.
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