ver más

Días atrás tomaba el tren magnético en Shanghai, China; alcanzaba 430 km/h. Había estado viajando a diferentes ciudades en los trenes de alta velocidad (200 a 300 km/h), recorriendo el país que tiene la red ferroviaria de pasajeros más larga y de mayor tráfico del mundo. A esta velocidad China une presente y futuro. En Uruguay hemos tomado viento a favor y bajada en la última década, y nuestro tren ha circulado a máxima velocidad: 20 km/h, por decirlo en términos gráficos. Y últimamente con señales de repechos, viento en contra y algunas curvas con fundado peligro de descarrilamiento.

Días atrás se realizó una gira presidencial a China, buscando la cooperación en temas como el puerto de aguas profundas, los ferrocarriles, ciencia y tecnología, fortalecimiento de los vínculos comerciales. China hoy es un país clave para el agro, y lo será aun más, con lo cual no deberíamos tomarlo como una visita protocolar rutinaria. Nuestro comercio con China ha crecido a tasas muy superiores a las del promedio de Uruguay y a las que tenemos con Brasil. La exportación a China se ha multiplicado por cinco desde 2007. Soja, carnes, lanas, cueros, lácteos, madera, celulosa, grasas y aceites, tienen ese destino. Y no hay vuelta atrás. Es una buena razón para ir aprendiendo mandarín en las escuelas.

Uruguay es uno de los países más alejados de China. Pocos ciudadanos en el mundo deben viajar tanto; parece un detalle, pero no lo es. Porque esto tiene implicancias desde económicas hasta de entendimiento de los mercados, de las culturas, los procesos, los estilos, las comunidades. Tampoco tenemos otros activos “blandos”, como podrían ser los tratados de libre comercio, algo que sí ostentan por ejemplo Chile y Nueva Zelanda.

Nuestro potencial para ofertar se basa en la combinación de recursos naturales y conocimiento. Ahí hemos demostrado una ventaja. Tendremos una producción creciente, y de la cual buena parte sólo China será capaz de absorber.

Pero su rol trasciende lo comercial. La delegación presidencial ha manifestado objetivos vinculados a la inversión en infraestructura en Uruguay. La producción agropecuaria futura con la logística actual colapsa, y su resultado será mayores costos, menores precios en la portera, y luego innumerables externalidades a la sociedad (tráfico excesivo en las rutas, accidentes, polución ambiental, deterioro de la red vial, etc).

He visto en África cómo China ha avanzado como proveedor de proyectos en infraestructura y energía. En lugares donde literalmente no hay nada ni nadie, ahí están construyendo las rutas, los trenes, las represas. Y creo que ésta es la apuesta más fuerte que debemos plantear: Uruguay debe abrazar y transformar esta oportunidad en una realidad. Es una cuestión de aceptación estratégica. Precisamos grandes cambios y transformaciones en la infraestructura, ya no hay dudas. Otro ejemplo: Nueva Zelanda exporta algo menos de nueve millones de metros cúbicos de pino a China (casi el equivalente a toda la producción de madera de Uruguay). Hace cinco años, exportaba menos de un tercio de ese volumen. El desarrollo portuario y logístico les ha permitido capitalizar la oportunidad.

¿Cómo hará Uruguay para extraer, a costo competitivo, una producción agropecuaria dos o tres veces mayor a la actual? Que transportar un producto de Tacuarembó a la capital salga cuatro veces más caro que llevarlo de Montevideo al Lejano Oriente no es sostenible. Una mejora radical en nuestra estructura es imperiosa y urgente. ¿Podemos hacerlo por nuestra cuenta? Los chanchos no chiflan al menos en mi pago.

Uruguay debe apostar a captar inversión de China, transferencia de tecnología, financiamiento y ejecución de proyectos, en la forma que queramos, pero de tal manera que nos permita lograr un salto con una garrocha a la altura de las circunstancias. Debemos combinar nuestros recursos naturales, capacidades y conocimiento y debemos conectarlo con el futuro. Ese futuro acontece ya en Asia y dependerá de nosotros que la diferencia horaria la sigamos midiendo en horas y no en años.
Seguí leyendo