Veterinaria: la facultad que se cae a pedazos
El decano de la institución comparó la situación de hacinamiento con las cárceles y pidió que se concrete el traslado del centro de estudios
El frío cala hasta los huesos y el olor a humedad invade el cuerpo, cuando uno ingresa a la Facultad de Veterinaria. Los estudiantes lo saben bien y por eso se van vestidos casi como esquimales. Entre bufandas,tapados, gorros y guantes, a algunos apenas se les ve la cara, cuando caminan por los pasillos de la facultad. Y eso no es nada. Para conocer la realidad de lo que enfrentan estos jóvenes en el día a día El Observador realizó una recorrida por los tres edificios que conforman la facultad en la mañana del jueves junto al decano Daniel Cavestany, acompañado del asistente en gestión de la institución, Guillermo Tort.
Pero el tiempo pasó y la facultad del primer mundo creció. Cuarenta años después, en la década de 1950, el número de jóvenes que ingresaba cada año a la institución llegaba al medio centenar, lo que significaba que presencia de al menos 200 alumnos. El edificio comenzó a quedar chico.
Cavestany recuerda que cuando él ingresó como estudiante en 1969 “ya había problemas y se comenzaron a hacer algunos arreglos”. Actualmente, la facultad cuenta con 4.000 alumnos, de los cuales 2.000 concurren al centro todos los días. Cada año ingresan en promedio 500 estudiantes.
“El primer problema que hubo, siendo yo estudiante, fue el del gas y la electricidad, no dábamos abasto para todos el suministro que requerían los laboratorios y UTE se negaba a aumentarnos la carga, si nosotros no cambiábamos toda la instalación eléctrica”, relata el decano. “Aún hoy no tenemos la carga que necesitamos”, concluye.
Para solucionar estos dos problemas, se tendría que instalar nuevamente por completo el tendido eléctrico y se debería cambiar toda la cañería por donde circula el gas, que tiene más de cien años. Hay baños y salones clausurados, dado que por los enchufes e instalaciones eléctricas se cuela el agua de la lluvia.
Pero esos son sólo algunos de los problemas edilicios del añejo edificio. El saneamiento “habría que levantarlo todo” y cada tanto se tapa: los baños están pensados para el uso de 80 personas. La corriente de agua también es un problema. Los caños instalados en 1909 están oxidados y la propia corrosión impide que el agua circule con fuerza. Por eso, se ha tenido que optar por instalar bombas auxiliares.
“Tengo miedo que vengan los bomberos y me clausuren la facultad”, señala Cavestany, cuando se le pregunta por más detalles de las instalaciones. Sin embargo, continúa: “En la cárcel cuando hay más de cien (reclusos) de los que tiene que haber, ya se habla de hacinamiento. Acá no sé de qué tendríamos que hablar”.
La realidad rompe los ojos. Hay lugares de la facultad que están en estado calamitoso, pero que no se limpian porque hacerlo supondría un “riesgo biológico” para los funcionarios, asegura Tort, durante la recorrida. Incluso, la Intendencia de Montevideo tuvo que cerrar el horno crematorio de la facultad, donde se quemaban los cadáveres de los animales, por peligro de contaminación en la zona.
Para reparar todo esto, la facultad recibe $ 2 millones anuales, cifra que según Tort es totalmente insignificante. Pero este no es el problema de fondo. El Consejo Directivo Central (CDC) de la Udelar, aprobó en 2008 el traslado de la facultad a un terreno de 30 hectáreas, donado por el Ministerio de Ganadería en 1992. Pero en agosto del año pasado el Ministerio de Economía exigió la creación de un fideicomiso para que el BROU otorgara el préstamos de US$ 25 millones para financiar la obra del nuevo edificio y el proceso se trancó. La FEUU no estuvo de acuerdo con este mecanismo y hasta el día de hoy lo evalúa. Mientras tanto los planos del nuevo edificio duermen en un cajón.
Arocena no trancó, según Cavestany
Hace quince días el traslado de la Facultad de Veterinaria se discutió en el CDC. Allí - a pedido de la FEUU- el contador Hugo Martínez Cuaglia presentó un informe sobre cómo implementar el fideicomiso. El sindicato de estudiantes pidió tiempo para considerar el informe. El rector Rodrigo Arocena señaló que sin la unanimidad del CDC no se podía aprobar el traslado. Cavestany aseguró que Arocena no trancó el traslado, sino apeló a una cuestión de orden. Agregó que el rector es un promotor de la mudanza.