Los vietnamitas son bruscos, de habla extravagante, conducen horriblemente y tienen mal gusto.
Los vietnamitas son bruscos, de habla extravagante, conducen horriblemente y tienen mal gusto.
El episodio subrayó una verdad delicada sobre Vietnam: los rencores no desaparecen con facilidad. Estados Unidos ha tenido 142 años para reponerse de la guerra civil. La unificación de Vietnam tras la guerra se concretó hace apenas 32 años.
Las relaciones son por lo general civilizadas y aun cordiales. Pero ocasionalmente, algo agita las viejas animosidades. Y nada lo ha hecho con más virulencia que el comentario de Nhu Hoa en la "blogosfera", que escribió después de una visita de fin de semana a Hanoi.
"No me gusta nadie que no sea de Saigón", declaró la muchacha. "Me apenan los padres que han dado a luz a esta chica endemoniada", escribió un residente de Hanoi, Bui Dung, en una de las respuestas que desencadenó el comentario de aquélla.
Los norteños tienden a creerse más refinados y consideran a Hanoi como la capital nacional del arte, la literatura y la erudición. Algunos ven a Ho Chi Minh como un lugar deslumbrante y divertido, pero un poco superficial.
Los sureños con dinero llevan a sus amigos a cenar; los norteños suelen ser ahorrativos y prefieren visitar a sus amistades en el hogar, dijo Kim Dung, una periodista que se mudó de Hanoi a Ho Chi Minh hace doce años.
Dung añora el ambiente pueblerino de las callecitas sinuosas de Hanoi y los vendedores callejeros que equilibran las canastas de fruta sobre la cabeza.
En la escuela, los compañeros se burlaban del acento norteño de su hija. "Odio Saigón. Me quiero volver a Hanoi", decía la chiquilla de 11 años. Seis meses más tarde, la niña ha transformado su acento y ha ganado aceptación.
Dice que a veces tiene dificultades para comprender los deseos de sus clientes en Hanoi. "Las empresas sureñas te dicen lo que necesitan sin rodeos", dijo Khanh. "Con las compañías norteñas es como transitar un camino sinuoso". Aunque muchos sureños siguen resentidos por la guerra, muchos otros están dispuestos a olvidar.
Agregó que son muchos más los elementos que unen el norte con el sur que los que los separan. "Aceptamos su cultura y ellos aceptan la nuestra". Pero hay algo que no le agrada del norte. "¡El servicio es terrible!", exclamó. "Si uno va a un restaurante y pide un palillo extra, el propietario se enoja contigo".
(AP)