—¿Por qué no existe en Uruguay, pero sí existe en otras partes del mundo?— se preguntaban las cofundadoras de la empresa que hace dos años llevó a cabo el primer vino en lata uruguayo.
—¿Por qué no existe en Uruguay, pero sí existe en otras partes del mundo?— se preguntaban las cofundadoras de la empresa que hace dos años llevó a cabo el primer vino en lata uruguayo.
La respuesta era simplemente porque nadie lo había hecho en el país, ya que —en el mundo—, el vino en lata ya era un producto de mucha aceptación en 2020. Por ejemplo, Estados Unidos —el mercado con más oferta y demanda— ya encontraba en este segmento un negocio de US$ 45 millones, según un estudio de Nielsen.
Siendo conscientes del éxito a nivel mundial —porque se convirtió en tendencia en Europa, e incluso en algunos países de la región—, las empresarias uruguayas trabajaron para incluir una nueva marca en el mercado uruguayo. Entonces en 2020, las enólogas Alejandra Trabazo y Valentina Uranga lanzaron la primera partida de LaTITa (producido en bodega Artesana): un vino fino, en un empaque no tradicional.
“Fue un año difícil”, afirmó en entrevista con Café & Negocios, Alejandra Trabazo. El motivo fue la pandemia, que no permitió la organización de eventos para educar a los uruguayos sobre el vino en lata. Pero a medida que las enólogas comenzaron a conversar con los consumidores sobre el producto —un vino fino en su versión blanco, rosado y tinto aprobado por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (Inavi)—, la venta fue en aumento. El primer año vendieron 3.000 latas, el segundo año 9.000 y este año —que aún no terminó— 15.000.
Según información de Inavi, los uruguayos demandan cada vez más el vino en lata. Y es principalmente por dos motivos. Por un lado, porque lo consideran una solución para el consumo unitario dado que reemplaza a la botella —que una persona no suele tomar completa sin compañía—, por un envase versátil, con medidas de contenido adecuadas y practicidad en la manipulación. Por otro lado, porque el formato lata incentiva el consumo de los jóvenes.
Para satisfacer esta demanda, también hay un incremento en la oferta. Cada vez son más las bodegas uruguayas que optan por comercializar su vino a través de la lata, ya sea de 269 centímetros cúbicos (cc), 275 cc o 473 cc. Las bodegas que sumaron este nuevo empaquetado son: Familia Barbero, Quinta Santero, Pizzorno —que únicamente vende en bares o restaurantes—, y Santa Rosa.
A diferencia de LaTITa que surgió como una empresa especializada en la venta de vino en lata, Santa Rosa es una bodega de tradición que en 2022 —luego de que la empresa fuera adquirida por un nuevo dueño—, optó por producir vino en lata. “Nuestros clientes fieles son las personas de más de 50, por lo que tenemos que captar público joven. Por eso apostamos por el vino en lata”, sostuvo el gerente comercial de la bodega, Santiago Siniscalco.
Pensaban que era un buen camino, y lo fue. Santa Rosa produce tres vinos (blanco, rosado y tinto), tres frizzantes (ananá fizz, durazno fizz y fresa fizz), un medio y medio y una sidra. Además —tras el éxito de este primer surtido, la producción creció de 1.000 latas por día a 1.800 por hora—, y ahora están lanzando al mercado dos espumantes: blanco y rosado.
Según Siniscalco, la venta de vino en lata dio la posibilidad a la bodega de acceder a una cantidad “innumerable” de comercios: “Logramos hacer 700 clientes en cuatro meses”, afirmó. “Eligen las latas por sobre otros envases”, añadió.
Desde Inavi destacaron que sumando a todas las empresas que trabajan en este mercado, en lo que va de 2022 se comercializaron 166.314 litros de vino en lata.
LaTITa está presente en ocho departamentos, y uno de los objetivos es llegar a todo el país. Están en la cadena de supermercados de Grupo Disco y también en los almacenes Iberpark. Además, se comercializa en bares y vinotecas. En cuanto al precio, Trabazo señaló que ronda los $150.
El producto tiene un público amplio. El consumo generalmente comienza a los 30, y según la cofundadora de LaTITa: “No tiene tope”.
Santa Rosa comercializa en retailers de todo el país, y el valor varía según el producto. La lata de vino se comercializa a $ 100, la de frizzante, medio y medio y sidra a $ 120 y el espumante en el entorno de los $ 199.
Según el presidente de Inavi, Ricardo Cabrera, el vino en lata "en los últimos años ha tomado un impulso favorable en cuanto a los volúmenes de venta”. Y para él esto se debe —además de por la demanda de los uruguayos—, fundamentalmente a la calidad de los productos que llegan a los consumidores. Es que las propias empresas que las venden son precavidas en las condiciones de almacenamiento y conservación en el comercio, lo que junto a un vino de calidad son estándares de cuidado al público.
“El vino en lata llegó para quedarse”, concluyó Cabrera.