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"Abrir una canilla, servirme un vaso de agua y tomarlo”, dijo Mónica Díaz, casi refrescándose con cada palabra, sobre lo extraña que le parecerá esa acción .

El gerente de la Región Centro de OSE, Daniel García, había señalado que “técnicamente” no había sido posible llevar el agua hasta La Cumbre, un paraje donde habitan unas 15 personas, a un kilómetro de Villa Aeroparque y a pocos metros del barrio privado Altos de la Tahona, pero que las obras de refuerzo que se hicieron en la zona en 2009 permitían ahora el suministro.

Fue el 13 de octubre de 2014, un día después de la publicación de un reportaje en El Observador, cuando se le informó a Díaz sobre la nueva posibilidad técnica. Y, finalmente, este martes llegó la retroexcavadora hasta la puerta de su casa.

“Fue rápido porque es una movida política”, dijo uno de los obreros contratados por OSE apenas puso un pie en la finca. Díaz no pudo decidir qué parte del comentario la indignó más: si la alusión a la velocidad del trámite o a si era un favor. “¡¿Tan rápido?! El mes que viene se cumplen 18 años. Y si es una movida política… ¡que no nos cobren!”, aclaró Díaz. La obra le cuesta más de $ 40.000 y espera que esté pronta antes del verano para estrenar el duchero que iba a usar con agua de lluvia.

En efecto, la historia arrancó mucho antes, precisamente hace 17 años y 11 meses, cuando Díaz y su esposo Julio se mudaron a La Cumbre con su hija Alison, de 3 años. En ese período nacieron su segunda hija, Ariadna, y su nieta Renata, OSE alcanzó las 1.000 conexiones anuales, en promedio, en la zona, y la familia llegó a reclamar 30 veces la suya. La última había sido hace tres meses. Muchas veces cambió el funcionario detrás del mostrador pero la respuesta era la misma: no daba la presión del agua por tratarse de un terreno elevado.

La obra tampoco es gratis. Para cuando Díaz abra la canilla y se sirva ese vaso de agua en ejercicio de un derecho humano básico habrá desembolsado, al menos, $ 40.067, al valor actual de la Unidad Reajustable (UR).

Para reiniciar el trámite −para la toma de medidas de la nueva red− pagó $ 1.524. Casi lo mismo se fue en la compra del nicho para el contador. El resto comprende 43 UR que se podían financiar hasta en 36 cuotas. Díaz adelantó $ 3.000 y firmó un convenio para pagar la obra en cinco cuotas y evitarse la suba de la UR. “Entre el boleto ($90 por día) y esta cuenta se me va el sueldo. Pero no importa. Hacemos el sacrificio”, dijo a El Observador.

Una vez terminada la obra, OSE desinfectará la cañería. Recién ahí se debe pedir la conexión que, por supuesto, tiene costo: $ 3.800.

Según explicó García, OSE se hace cargo del trazado de las redes de distribución y de las obras de refuerzo de presión, pero no de las ampliaciones. “Hay determinados subsidios. Para las familias que están (inscriptas en planes del) Ministerio de Desarrollo Social (Mides) no tiene cargo”, comentó.

Díaz trabaja en una residencia de ancianos en Carrasco y su esposo es jardinero en Malvín. Alison estudia magisterio y Ariadna va al liceo. Son una típica familia “diezmilpesista” que sobrevive por encima de la línea de pobreza, sin protección social y, por lo tanto, no le corresponde ningún subsidio.

Aunque la nueva red llevará el agua a cinco familias, nadie más que este matrimonio pagará los $ 40.067. “Nos va a pasar lo mismo que nos pasó con la luz. Nosotros electrificamos y después pidieron ellos (por los vecinos). Es un detalle. Qué le vamos a hacer. Ellos tampoco podrían haber ayudado”, contó Díaz. A UTE se le pagó durante 20 meses.

Los beneficiarios del Mides pagan, además, una tarifa diferencial de $ 82 por un consumo de 15 metros cúbicos; mientras que los jubilados que acreditan que sus ingresos provienen exclusivamente de pasividades y no consumen más de 10 metros cúbicos no pagan nada. La tarifa, sin subsidio, es de $ 42 el metro cúbico para un consumo mensual menor a 20 metros cúbicos: $ 840.

Pero Díaz, en realidad, no cuenta los pesos. Planea comprar unas tomateras para ir armando una huerta en el fondo −hasta ahora riega las plantas con el agua del pozo negro− y una piscina inflable como siempre les haN pedido sus niñas. Solo teme por una cosa: “Mis hijas crecieron sin agua. Capaz que ni abren la canilla”.

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