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Son ideas que ya se convirtieron en ley, o que van camino a serlo, que vinculan a todo el sistema de salud público y privado y tienen la intención de ganarle a la muerte pero también de dar vida en donde aún no la hay.
Se trata de la ya aprobada iniciativa que sustituye la “voluntad explícita” de donación de órganos por la “voluntad tácita”; de la propuesta que será votada mañana por la Cámara de Diputados para que las personas estériles puedan acceder a la reproducción asistida sin costos extras; y de otra propuesta que permitirá que los bancos de sangre se nutran con nuevas donaciones.

Leyes pro vida
La Cámara de Diputados le dio sanción definitiva el pasado 6 de setiembre a una ley que convierte a toda la población en potencial donante de órganos. El texto del proyecto, presentado por el senador nacionalista Sergio Abreu, establece que “siempre que estando en vida una persona mayor de edad no haya expresado su oposición a ser donante (…) se presumirá que ha consentido a la ablación de sus órganos, tejidos y células en caso de muerte, con fines terapéuticos o científicos”.

Quienes no quieran donar sus órganos deberán inscribirse en el registro Negativo de Donantes, que se creará en la órbita del Registro Nacional de Organos y Tejidos. También podrán hacerlo al afiliarse a una mutualista o al ser dados de alta en un centro asistencial.

La iniciativa servirá para abatir aunque sea en parte la lista de casi mil pacientes que, en algunos casos, aguardan por un órgano desde hace casi diez años. Más precisamente, en Uruguay, 431 personas esperan un riñón, 25 un riñón y un páncreas, 29 un corazón, 24 un hígado y 430 una córnea.
La esposa del senador Abreu, principal impulsor de la ley, es trasplantada lo que influyó en la posición que el político tiene sobre el asunto.

Algo parecido pasó con el diputado blanco Luis Lacalle Pou quien desde hace años pugna por la aprobación de una ley que le permita a todas las personas infértiles a recurrir a mutualistas y hospitales públicos para ser inseminados sin tener que pagar los cerca de US$ 3.000 dólares que cuesta este tratamiento.
“Dos de mis tres hijos nacieron de esa forma. De tanto hablar con la gente en las salas de espera me fui dando cuenta de la importancia del asunto. Hay gente que no puede pagar el tratamiento, pero hay otros que lo pagan y quedan muy endeudados. Y estamos hablando de un país que cada vez más necesita de nacimientos buscados y queridos”, dijo Lacalle Pou a El Observador.

El proyecto que será tratado hoy en Diputados, también recoge otras propuestas provenientes del Frente Amplio para regular las técnicas de reproducción asistida.
Pero el corazón de la iniciativa está en dos artículos: el que considera a la infertilidad y estirilidad “como una enfermedad crónica que provoca en las personas la incapacidad de lograr concebir o llevar a término un embarazo”, y el que incluye la reproducción asistida dentro de las prestaciones integrales que, obligatoriamente, deberán prestar las entidades públicas y privadas.

Esto incluye “la cobertura de estudios necesarios de diagnóstico de la infertilidad o estirilidad, el tratamiento y otros estudios requeridos, el material descartable, los procedimientos terapéuticos de Reproducción Humana Asistida de alta y baja complejidad, posibles complicaciones y medicación correspondiente en todos los casos”.
En la exposición de motivos del proyecto se recuerda que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya clasificó a la infertilidad y estirilidad como una enfermedad en el sistema reproductivo, padecimiento que provoca en las personas la incapacidad de lograr concebir o llevar a término un embarazo.

“La infertilidad/esterilidad impacta negativamente en la salud psíquica de las parejas que la padecen y afecta en forma real y efectiva su calidad de vida; el procrear, además de ser un derecho, es parte de la salud psicofísica de la pareja”, señala Lacalle Pou.
Por otra parte, el diputado blanco presentó otro proyecto para que se amplíe la posibilidad de donar sangre a cuatro veces por año en los hombres y a tres en las mujeres.

Actualmente la ley establece que no se puede donar más de dos veces por año. “Está comprobado científicamente que con los avances de la medicina se puede ampliar la cantidad de donaciones. Ante la demanda siempre insatisfecha de donantes se puede ampliar la cantidad de donaciones anuales. Esto sería muy bueno y no tiene contraindicaciones”, dijo Lacalle Pou.
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