ver más

Johnny Blaze era un piloto de acrobacias muy exitoso, capaz de proezas imposibles, que un mal día se entera de que su mentor sufre de un cáncer terminal. Para salvarlo, firma un pacto con el demonio Mephisto –lo más parecido que tiene Marvel Comics a Satanás– por el que intercambia su alma por la vida de su maestro.

Como siempre es de esperarse en estos pactos a lo Fausto, Mephisto lo engaña: su mentor muere de igual manera en una prueba acrobática y Blaze ha entregado su alma por nada.

Pero como las cosas no son siempre tan simples, la novia de Blaze –Roxanne, hija además del finado mentor– enterada del pacto realiza un conjuro de amor (sí, así como suena) y logra salvar en parte a Blaze.

La cosa queda entonces con que media alma de Blaze todavía es humana pero la otra mitad alberga a Zarathos (quien luego se revelará como el curioso demonio de la Venganza). Así, Blaze se ve condenado a vagar por el mundo con un demonio a cuestas, que a la noche lo obliga a convertirse en Ghost Rider o el Espíritu de la Venganza.

Si ya el universo Marvel se componía de dioses nórdicos, monstruos invencibles o reyes de la Atlántida, ¿por qué no un demonio?

Eso debe haber pensado Gary Friedrich cuando le llevó la idea al editor y luego coguionista Roy Thomas, quien reclutó al dibujante Mike Ploog.

Las aventuras de Ghost rider comenzaron a publicarse en 1972, en pleno auge de los motociclistas en el cine (la legendaria Easy rider de Peter Fonda y Dennis Hopper es de 1969) cuando el satanismo colmaba el género de horror en las pantallas. Race with the devil es un gran ejemplo, de 1975, nuevamente con Peter Fonda y Warren Oates. Ghost rider combinaba ambas ideas de moda y lo sumergía por completo en el universo de los superhéroes.

Pero Ghost rider no se vincularía demasiado cómodo con su pares –demasiado oscuro, demasiado maldito– y viviría la gran mayoría de sus aventuras en solitario.

La historia de Johnny Blaze tendría eventualmente un final feliz: liberado de su maldición, se casa con Roxanne y forma una familia. Sería a su vez el mentor del siguiente Ghost Rider –Danny Ketch– y Marvel pautaría que ha habido Ghost riders desde siempre, desde el lejano oeste y hasta en el futuro.

Pero no, nos adelantemos, Ghost rider en el cine sigue siendo Johnny Blaze y Ghost rider, Spirit of vengeance, su segunda película.

Una para Cage

Cuentan las malas lenguas que Nicolas Cage estaba desesperado por interpretar a algún superhéroe. Famoso es su cast como Superman en la versión que Tim Burton jamás llegó a filmar (de lo poco que se ha visto de ella, guión y algunas fotos de producción, sólo podemos estar agradecidos de que nunca se rodara). El problema es que pasaban los años y ya comenzaba a estar poco adecuado para la gran mayoría de ellos.

En 2007, produce y protagoniza Ghost rider, lo cual llamó bastante la atención, ya que se trataba con suerte de un personaje de segunda categoría y apostaba a un joven director Mark Steven Johnson, quien venía de tener un rotundo fracaso con la adaptación de Daredevil, otro superhéroe de la divisional B de Marvel.

La historia es, pasos más acá pasos más allá, la misma que en el cómic. Pero tremendos desaciertos en el guión (también firmado por Johnson), pésimas actuaciones y una muy mala dirección, lo transformaron en el escarnio completo de la crítica.

Pero la taquilla es la que manda y en este caso, la taquilla fue por demás exitosa (más de US$ 228 millones a nivel internacional). No es de extrañar entonces que cinco años más tarde tengamos su secuela.
En esta ocasión se nota que la apuesta es mayor. Primero que nada, el equipo de guionistas incluye a David S. Goyer que es responsable de entre otras Batman inicia y El caballero de la noche.

Para la dirección Cage, que vuelve a oficiar de productor y obviamente de protagonista, optó por Mark Neveldine y Brian Taylor, los directores de ese divertido delirio que es Crank (con Jason Statham) y su innecesaria secuela.

En el filme que se estrenó ayer en salas uruguayas, se vuelve a contar el origen de Ghost rider, con algunos cambios, y luego la historia se ambienta en Europa del Este, donde el Jinete Infernal deberá combatir hordas de demonios que tratan de ganar la tierra (“en una historia de misterio parecida a El Código Da Vinci”, según la describió el propio Cage).

Para hablar de paralelismos con la primera película, la reacción ha sido idéntica: la crítica la ha destrozado pero su éxito en taquilla ha sido indiscutible: lleva US$ 122 millones y recién comienza su periplo internacional en muchos países, como es el caso del nuestro.

Viendo la historia hasta ahora, podemos llegar a creer que aún no hemos visto todo lo que Ghost rider puede ofrecer al séptimo arte y quién sabe si no tendremos una tercera parte en los próximos años.
Seguí leyendo