Vuelven los monstruos de plasticina
Fortalezas y debilidades de Frankeweenie y ParaNorman, dos comedias de terror realizadas en stop motion
El uso de técnicas analógicas en los blockbusters, ahora que todo parece volverse digital, adquiere visos de reivindicada artesanía. Algo de esto tienen Frankenweenie y ParaNorman, dos películas que conviven en la cartelera uruguaya y que tienen en común mucho más que la técnica con las que están hechas.
En la medida en que sus referentes son distintos, también lo es el tratamiento de la imagen. La película de Burton está rodada en blanco y negro, y parece estar ambientada aproximadamente en los años 1950. La otra es a color y se desarrolla alrededor de los años 1990. Ambas están protagonizadas por varones jóvenes, talentosos, voluntariosos y valientes que tienen pocos amigos.
Las historias, con ciertos patrones similares, consisten en lo siguiente. En Frankeweenie, Víctor Frankenstein es un niño solitario aficionado a la ciencia, cuyo mejor amigo es su perro, Sparky. En un desafortunado accidente, el perro es atropellado y muere, pero Víctor, que aprende en el liceo cómo la electricidad puede hacer mover los músculos de una rana muerta, decide revivir a Sparky en una noche de tormenta, haciendo su laboratorio en el desván de la casa de sus padres.
Víctor quiere mantener a su perro escondido, pero un compañero de clase malicioso lo descubre y lo chantajea para que le explique cómo lo hizo. Se acerca la fecha de una feria de ciencias que todos quieren ganar, de modo que cuando se corre la voz de que cómo devolverle la vida a los muertos, varios alumnos de la clase de Víctor empiezan a resucitar animales.
Por otro lado, ParaNorman cuenta la historia de Norman, un niño fan de los zombis que tiene el don de ver fantasmas, quienes forman parte de su vida cotidiana, por ejemplo, su abuela.
Él y su familia (un padre que no lo entiende, una madre comprensiva que fue hippie y una hermana rubia y superficial) viven en Blithe Hollow, un pueblo cuyo principal atractivo turístico es una supuesta bruja que vivió ahí.
Al parecer, el poder de Norman es característico de su familia, que secretamente ha debido resguardar al pueblo de la maldición de la bruja. Su tío, un loco que vive en la colina, es el encargado de ello e insiste en pasarle la responsabilidad. Por un accidente, Norman no cumple con su obligación y hace que cinco zombis salgan de sus tumbas. Esto desencadena una divertida carrera para salvar al pueblo.
El valor añadido
A pesar de las similitudes, las dos películas tienen tonos distintos. La de Burton reproduce –una vez más y hasta el hastío– su archiconocido universo donde lo infantil y lo siniestro tontean con lo grotesco. ParaNorman sorprende en lo visual y parodia la comedia familiar, la comedia adolescente y las películas de zombis, con multitud de referencias a la cultura popular, pero con varios quiebres que le dan un valor añadido.
Este es otro de los puntos en común entre las dos películas: los protagonistas deben enfrentarse al miedo y la ignorancia que lo desconocido provoca en las masas, que van a perseguir enfurecidas y sin piedad al profesor de ciencia por enseñar “cosas malas” a los niños en Frankeweenie, y a unos zombis que no buscan hacer daño a nadie, sino encontrar descanso a su castigo eterno en ParaNorman. En este sentido, es brillante la escena en la que los zombis se asustan de lo embrutecidos que están los habitantes de un pueblo en el que ellos vivieron hace 100 años.
Las apuestas de cada una de las películas son claras: ParaNorman es una comedia para toda la familia y con humor de tintes ácidos que va ganando en profundidad a medida que avanza la cinta. Frankeweenie es una película dirigida a los fans de Tim Burton que, en lo único que parece innovar, es en las citas a personajes como Hello Kitty, Gamera o los Gremlins.
Elegir ver una, otra o las dos, será cuestión de gustos y preferencias.