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El ruido es ensordecedor, cual colmena en plena faena. Es imposible caminar en la zona cero y no ver para arriba y perder el equilibrio: allí donde la Torre 1 del World Trade Center (WTC) sigue su camino hacia el cielo.

Diminutos, los elevadores suben y bajan llevando trabajadores y materiales. Cada día, unos tres obreros realizan tareas de albañilería, ensamblaje, electricidad, pintura y acabados. A las puertas del 10° aniversario de los ataques terroristas que asestaron una puñalada en el corazón financiero de Estados Unidos, la Autoridad Portuaria de Nueva York ha informado que la construcción del rascacielos principal avanza a razón de un piso por semana y ha alcanzado ya el número 80.

Ese es el panorama de día y de noche en la zona cero, donde las labores no se detienen, ni ahora, que el verano se fue y cuando el otoño comenzó cargado de lluvia.

En la esquina suroeste, el edificio número 4 ya alcanzó 39 de los 64 pisos y hay significativos avances en el Hub de Transporte, que conectará la PATH Station con varias de las líneas del metro más importantes entre el este y el oeste de Nueva York, de la ruta 9A/West Street, así como en la construcción del Centro de Seguridad Vehicular.

La Torre 1 o One World Trade Center o Torre de la Libertad, ya llena el vacío que dejaron las Torres Gemelas en el paisaje del bajo Manhattan. Es obra del arquitecto David Childs de la compañía Skidmore, Owings and Merrill y una vez finalizada cubrirá un espacio de 3.5 millones de pies cuadrados, lo que equivale a 325,161 kilómetros cuadrados. El espacio equivale a tres cuartas partes del Estado del Vaticano.

Nada sustiuirá a la escena que hemos visto en cientos de películas, con las oficinas de las Torres iluminadas o reflejando los celajes del atardecer; pero desde ya el paisaje ha cambiado. La cineasta centroamericana Paula Heredia así lo confirma, señalando el punto donde se erige el rascacielos, desde el mismo ventanal del piso 26 de la cadena HBO, donde hace 10 años vio sucumbir las dos torres.

Cuando finalice su construcción, en 2003, la torre se elevará 541 metros sobre el suelo, incluyendo la antena de telecomunicaciones. Será entonces el edificio más alto del país.

La pérdida humana y material de este evento nunca será resarcida. La tecnología ofrece algunas alternativas para “conjurar” las memorias, como lo demuestra una aplicación para el iPhone lanzada recientemente -completamente gratis- llamada 110stories. La herramienta, creada por Brian August tiene como objetivo colectar la mayor cantidad posible de pensamientos y homenajes... claro, de una forma virtual (110stories.com).

El National Memorial, parte vital del nuevo WTC, está casi listo. Tiene dos fuentes que miden media hectárea cada una; éstas evocan el espacio original de las Torres Gemelas. Fue diseñado por el arquitecto Michael Arad y el arquitecto de paisajes Peter Walker. Su propuesta fue seleccionada en una competencia internacional que generó más de cinco mil ofertas provenientes de 63 países.

“Es impactante saber que serán dos piscinas que estarán exactamente a donde estaban las Torres con casi un acre de terreno cada una”, reflexiona Melvin Quijano, un salvadoreño que vive en New Jersey desde 1993.

La autoridad portuaria, además, se moviliza rápidamente para conseguir inquilinos de primer nivel. En mayo de este año logró un contrato con la gigante de la publicidad Condé Nast (editora de famosas revistas como Vogue, The New Yorker, GQ, Glamour, Vanity Fair, entre muchas otras) para ocupar desde el piso 21 hasta el 40, es decir, 92.900 metros cuadrados en el emblemático edificio. Para 25 años, la renta será de unos US$ 2 mil millones.

The China Center -una mezcla de cámara de comercio con espacios para la difusión cultural y turística- ocupará otros siete pisos (del 64 al 67), según informó su representante, The Beijing Vantone Real Estate Company. Solo ese proyecto tiene un valor estimado de US$ 90 millones, según publicó The New York Times.

A Andrea Milán no le gusta el sitio, a pesar de la reconstrucción. Esta uruguaya apenas tenía dos semanas de haber llegado a Nueva York cuando fueron los ataques; trabajaba como cajera en una pizzería del sector conocido como Little Italy. Ella iba en el tren, desde su casa en Brooklyn, y nadie sabía lo que pasaba. Días después de la tragedia fue a la Zona Cero con un compañero del trabajo. “Fue una experiencia muy fuerte, ver todos los escombros y la destrucción. Nueva York es ‘la capital del mundo’ y tiene que seguir adelante; además los familiares de las víctimas necesitan tener su lugar de duelo”, afirmó a El Observador.
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