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El segundo día después de ganar las elecciones internas del Partido Nacional, Luis Lacalle Pou se vistió de traje y corbata y retomó su actividad como diputado. Hacía meses que no pisaba la Cámara de Representantes.

Llegó con una botella de agua en la mano, cinco minutos después del inicio de la sesión. Sin aspavientos, pero con la sonrisa dibujada y el andar confiado, el candidato de los blancos se tomó unos minutos para abrazar afectuosamente a algunos de sus dirigentes más cercanos, entre ellos Javier García y José Carlos Cardoso. Igual de cálido fue con varios funcionarios del Parlamento.

Entonces se cruzó con Pablo Abdala, uno de los principales dirigentes del sector de su anterior rival, Jorge Larrañaga. Se saludaron con un sobrio y coloquial “¿Todo bien?”.

En cuanto se sentó, empezaron a acercarse a él diputados de todos los colores políticos a saludarlo y felicitarlo por el triunfo, entre ellos los frenteamplistas Julio Bango y Luis Puig. En todos los casos él se puso de pie y respondió con abrazos a los más afectuosos y con apretones de mano a los más formales. Otros sencillamente lo ignoraron, como la frenteamplista Susana Pereyra y el colorado Fitzgerald Cantero.

A su lado de sentó el diputado de Cerro Largo, Pedro Saravia. Con él conversó durante la hora y media que estuvo en la sesión. Saravia tenía una hoja de cuadernola escrita con una lista de nombres y números al lado, seguramente un resumen de los resultados de la elección, que ambos señalaban como apoyo de la conversación, según pudo ver El Observador desde las barras. Mientras, se discutía una ley con normas para el turismo.

Al rato llegaron Ana Lía Piñeyrúa y Jorge Gandini, que al igual que Abdala acompañaron la candidatura del senador sanducero. Conversaron entre ellos con rostros serios durante unos minutos sin siquiera mirar a Lacalle Pou. En un momento Piñeyrúa anunció: “Voy a saludar a Luis”. Se dieron un beso lento, sin palabras. “Bueno”, le dijo ella sonriente, sin felicitarlo.

Luego fue el turno de Gandini. El dirigente, que aspira a ser candidato a la intendencia de Montevideo por el Partido de la Concertación –para lo cual necesita el respaldo de Lacalle Pou–, lo saludó y se quedó parado a su lado durante casi una hora. En una tablet cargaron el sitio web de la Corte Electoral y empezaron a conversar con los números a la vista. Mientras, Lacalle Pou buscó la misma página en uno de sus dos celulares (el Iphone, porque el Blackberry, que tiene la pantalla más chica, lo usa para hablar y contestar mensajes). Con todos los instrumentos se armó una discusión tranquila. En esos momentos se votó la ley que estaban discutiendo y todos levantaron la mano sin interrumpir el diálogo.

La última en llegar a la cámara fue Verónica Alonso, otra dirigente que apoyó a Larrañaga en estas internas. Estuvo un rato sentada sin saludar al que ahora es el candidato único de su partido. Finalmente cruzaron miradas y ella cedió, se acerdó a él, y lo saludó con un beso. Se quedaron mirando casi sin hablar durante unos segundos. Él le ofreció una pastilla, ella aceptó y después alguien interrumpió el encuentro. A las 17:30, sin que hubiera terminado la sesión, ya casi no quedaban diputados nacionalistas dentro de la cámara. Lacalle Pou se levantó, saludó a un funcionario más y se retiró.
Temas:

Decisión 2014

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