En dos semanas, si los pronósticos se cumplen, las calles de Londres se llenarán con un embotellamiento olímpico irremediable. El venerable pero irregular tren subterráneo será una pesadilla de demoras y aglomeraciones, y los trenes suburbanos se tornarán más lentos que nunca.
Yates lujosos coparán al Támesis
Las congestiones en el tránsito urbano de Londres no serán problema para los más adinerados, que podrán navegar por el río que atraviesa la ciudad