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En febrero de 2012, hace dos años, en medio del período más agudo de la crisis económica en Estados Unidos, uno de los avisos publicitarios más resonantes y polémicos del entretiempo del Superbowl fue el de Chrysler, donde el protagonista era nada más y nada menos que Clint Eastwood.

El comercial de dos minutos de duración, titulado “Es el entretiempo en América”, mostraba al principio a Eastwood caminando por un callejón oscuro, para luego pasar en transición a imágenes en blanco y negro de una ciudad de Detroit golpeada por la crisis y el desempleo. Por sobre esos planos, la voz en off herrumbrada de Eastwood mandaba un mensaje de reflexión y de esperanza en un futuro mejor a través de un discurso ultranacionalista que resaltaba el valor tangible y también simbólico de la industria automotriz estadounidense, centrada en la ciudad de Detroit.

La publicidad fue una de las más comentadas de la noche futbolera yanqui y generó además una polémica sobre el papel de Eastwood, quien antes había criticado el rescate económico del gobierno de Barack Obama a Chrysler, y ahora participaba en un aviso que apoyaba a esa misma empresa.

El año anterior había sido Eminem, el rapero de Detroit, quien con una voz en off describía una ciudad con sentimientos fuertes como el acero, que no era Nueva York, ni Chicago, ni ninguna otra, sino que la “ciudad del motor”. “Eso es lo que hacemos”, concluía Eminem mientras la imagen se fundía a un modelo Sedan 200 de Chrysler, que sobreimprimía un eslogan que rezaba “importado de Detroit”.

Para el Superbowl de 2013, la publicidad de Chrysler se centró en una promoción de su clásica camioneta Ram, a través de un famoso discurso del locutor radial Paul Harvey llamado “Entonces Dios creó al granjero”. Si bien el discurso es una apología de la familia conservadora y rural en Estados Unidos, la publicidad tiene una calidad excelente.

Como no hay “dos sin cuatro”, para el Superbowl de este año Chrysler contrató una figura de la talla de Bob Dylan. El comercial que se transmitió en el entretiempo del último Superbowl (y que se puede ver en YouTube junto con los otros) muestra a Dylan en viejas películas de la década de 1960 y al Dylan actual, con 72 años, el pelo teñido de un negro furioso y un par de cirugías en la cara que lo acercan a una máscara de un muppet.

El comercial comienza diciendo, con la voz en off ya clásica de Chrysler: “¿Hay algo más americano que América?”, y se ve una chica en una playa abrazada a una bandera de Estados Unidos. Las reacciones en Twitter y en Facebook fueron inmediatas de quienes creían ver en Dylan a la voz auténtica de una generación que despreciaba la visión yanquicentrista de la vida, de quienes creían que era un progresista desde el caracú, de quienes lo ubicaban dentro de un espectro ideológico ajeno a un sentimiento patriótico que se monta con un sentimiento económico. Hubo quienes dijeron que incluso el Dylan joven vomitaría si viera en qué se ha convertido el Dylan viejo.

Por supuesto que todo el talento musical y poético de este hombre nacido en Minnesota y bautizado como Robert Zimmerman no retrocede un ápice por estos dos minutos en el Superbowl, pero sí hace ruido esta aparición ante un discurso que Dylan mantuvo por décadas y que hoy queda al costado del camino, ya lejos y soplando en el viento. Es que los tiempos han cambiado, sin dudas.

“Dejen que los alemanes hagan la cerveza, que los suizos hagan los relojes y que los asiáticos (sic) ensamblen los celulares… Nosotros haremos tu auto”, concluye el comercial de un Dylan recauchutado desde atrás de una mesa de pool. Como cantó alguna vez John Lennon: “Yo no creo en Zimmerman”. Donde quiera que esté.
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