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El "10" fue el auténtico motor del juego ofensivo francés, se movió con libertad por todo el campo y buscó los huecos en la adelantada defensa francesa, aunque con frecuencia se estrelló en el fuera de juego en el que incurrió su compañero Thierry Henry.

A sus 34 años, el francés demostró que sigue siendo un hombre importante del equipo y que los debates sobre si Francia juega mejor sin él están vacíos.

Además de un gran organizador táctico, Zidane fue un auténtico capitán, imponiendo tranquilidad a sus compañeros cuando los nervios se alteraron.

Pese a estar bien marcado, el jugador encontró su espacio en el juego y motivó por qué es la estrella de la selección.

(EFE)

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