ver más

Diez años son muchos años. Incluso en el mundo del cine, un universo donde los tiempos de rodaje y posproducción suelen extenderse por fuera del cauce de lo soportable. Por eso, Pablo Stoll tiene claro que la pausa ha sido larga, y más lo nota cuando repasa su primera década como realizador: entre 25 watts, Whisky, Hiroshima y 3 hay 11 años de diferencia, pero también cuatro películas. Y a pesar de que después de esa última producción el acto de filmar siguió presente en su vida, ya que se involucró en dos series con características bien distintas, él sabe que no es lo mismo. El cuerpo, dice, se acomoda de otra manera. La cabeza también. Y no hay mucho misterio: esa es la razón por la que, en la víspera de comenzar a filmar su nueva película, se lo escucha tan oxigenado. Porque 10 años son muchos, pero la pausa terminó. Stoll, desde el viernes, está filmando cine. Stoll regresó.

La película que lo tendrá ocupado desde ahora se titula El tema del verano y tendrá cuatro semanas de rodaje por delante. La mayor parte del trabajo se desarrollará en José Ignacio, desde donde Stoll habla con El Observador, pero algunos días extras se rodarán en Montevideo. El quinto largometraje del cineasta uruguayo de 46 años toma derroteros bastante diferentes a las historias que lo hicieron uno de los principales exponentes del cine uruguayo, y se afianza en las películas que lo hicieron querer al cine. Pongámoslo en estos términos: Stoll esquivará la idea de la película uruguaya costumbrista de festival y tomará un atajo directo al videoclub. ¿Qué va alquilar? Una de zombis. El tema del verano será, en efecto, una película con y sobre muertos vivos. 

Producida por Nadador Cine —los mismos productores de Todos detrás de Momo, serie que Stoll creó junto a Carlos Tanco, que ganó el primer fondo SeriesUy y que se emitió en 2018— y con fondos uruguayos, chilenos y argentinos, El tema del verano propondrá una historia veraniega en la que tres mujeres jóvenes que se dedican a realizar pequeños robos —interpretadas por las actrices argentinas Azul Fernández (Merlí), Malena Villa (El ángel; Cien días para enamorarse) y Débora Nishimoto— deciden realizar un gran golpe contra un millonario excéntrico. En el camino se encontrarán con un par de “colaboradores” —uno de ellos es el rapero Hache Souza y el elenco también incluye a la modelo Romina Di Bartolomeo— y las cosas se empezarán a torcer en el momento en que descubran que, a su alrededor, hay zombis. 

“Es un proyecto que me llevó mucho más tiempo de lo que lleva en promedio una película uruguaya, que ya es bastante. Más o menos lleva cinco años, y a mí me llevó diez. Tuvo muchas idas y vueltas, productores que estuvieron y después no, y otras cuestiones propias de un proyecto que es grande”, cuenta Stoll, que agrega que escribió más de 20 versiones del guion y que la última, la que se está filmando, lleva también la firma de Adrián Biniez (Gigante, Las olas). 

El tema del verano, además, tendrá el trabajo de Manuel Rebella como director de fotografía, quien trabajó junto al argentino Alejandro Fadel en la impresionante Muere, monstruo, muere. También participa otro nombre que, en las últimas semanas, fue protagonista de la cobertura de cine en Uruguay: el actor Christian Zagía, colaborador de Fede Álvarez y Rodo Sayagués, que fue parte del elenco de No respires 2 y que, en esta película, ocupa el rol de coordinador de combate escénico.

Zombis uruguayos

Datos a puntualizar: 

Primero, El tema del verano no es la primera película de zombis uruguaya. Manuel Facal ya había hecho lo suyo con Achuras y Achuras 2: feto voodoo.

Segundo, si esta película marca un quiebre “temático” en la carrera de Stoll es porque él así lo buscó. Es un hecho que será distinta a Whisky, a Hiroshima, a todo. Eso quiere su director.

“Tenía ganas de hacer otras cosas. Después de hacer las películas que hice, que me gustan todas, tenía ganas de hacer una de las que me gustan ver. En Uruguay siempre se pudo hacer películas de zombis, y de hecho se hicieron algunas. Es un monstruo barato que se puede hacer bien. A mí me pasó que empecé a escribir la película el mismo verano que terminé el guion de 3. Fue un cambio personal, no pensé mucho en la industria o en el momento, simplemente tenía ganas de escribir eso. Fue un verano en el que estaba de vacaciones en Arachania y de vecinos teníamos a 14 pibes que habían alquilado una casa, y que tenían una vida de zombis. Todavía no tenía hijos, pero nosotros íbamos de mañana a la playa en un plan de parejas grandes, y los veíamos llegar por la arena como zombis. Esa fue la inspiración para hacer una película veraniega con estas características”, recuerda Stoll. 

Los zombis siempre estuvieron presentes en la vida del director de 25 watts. Para empezar, se declara fanático de George A. Romero, el padre de estas criaturas, y de la película que lo inició todo: La noche de los muertos vivientes. De hecho, cuenta que el primer libro de cine que leyó fue uno sobre la realización de esa producción mítica de 1968. Asegura que su influencia estará en la película, y también la de otras cintas a las que se hizo asiduo en el videoclub. Y lo deja claro: no le preocupa meterse en aguas del cine de género. Se puede ser un autor dentro y fuera de él. 

La noche de los muertos vivientes (1968)

Lo define así: “Me molestan un poco los guetos en el cine. Y no desde el espectador, sino desde la industria. Eso de que si sos una cosa no podés ser la otra, la idea del autor y el no autor, de los estantes inamovibles que para mí son bastante aburridos. Te puede copar Tarkovski y podés entender que el tipo llega a un lugar a través de la cinematografía al que solo se accede a través de su arte, pero si no fuera por Volver al futuro y las películas que yo veía en sábado de superacción en canal 4, o en los VHS, no sé si llegaba a Tarkovski. Yo a los 14 no veía Tarkovski. De hacerlo, posiblemente hubiera cancelado cualquier tipo de disfrute de su cine en el momento que tenía que hacerlo. En mi caso fue muy claro cómo pasé, en el videoclub, de un estante al otro. Porque el cine es uno solo. Si está bien hecho y te gustó, ya está, independientemente de si es cine de género o de autor”.

Para Stoll el cine es un proceso constante de actualización. Y, en cierto sentido, tiene razón; se trata de encontrar la película adecuada, en el momento adecuado. Y de avanzar a partir de allí e identificar el momento en que estamos “listos” para cambiar de registro. “Lo que me pasó de joven, de adolescente, fue que en un momento empecé a notar que había películas que me aburrían, que había fórmulas que se repetían y que ese era el momento de empezar a buscar otra cosa. Me lo planteé así: ‘Esto ya está, ya me doy cuenta de cómo es y no tiene el efecto que tenía en mí. ¿Por qué otros lugares se expande este lenguaje?’ Creo que lo mismo pasa con la literatura. O con la música”.

Del cine a las series, y de vuelta al cine

En los últimos cuatro años, Stoll estuvo envuelto en la dirección de dos series: la mencionada Todos detrás de Momo, una serie policial uruguaya ambientada en el mundo del carnaval, y Ruido Capital, una producción colombiana de Movistar Play que dirigió junto a la argentina Ana Katz. Fueron dos instancias que lo probaron en un terreno diferente y que le permitieron ejercitar sus capacidades a ritmos que, en el cine, no podría alcanzar. Por otro lado, también formó parte de otra serie que todavía no se vio, y que lo tuvo únicamente como guionista: se trata de Temporario, la ficción que se filmó este año en el teatro El Galpón y que se estrenará próximamente en Canal 10.

Como director gané músculo, velocidad de resolución, la capacidad de atacar algunas cosas rápidamente. Si estas series que se filmaron en Uruguay tuvieran todos directores uruguayos en por lo menos un tramo, de seguro todos filmaríamos mejor. Porque al hacer una película cada 10 años, ¿en el medio qué hacés? Las series tienen una forma de trabajo diferente y se nota la diferencia. Esto es otra cosa, es una película uruguaya, no es un servicio para Amazon, y tenemos que volver a adaptarnos a esta realidad. Los tiempos de rodaje son otros; lo que hacés en un día filmando con dos cámaras en una serie no es lo mismo que lo que vamos a hacer ahora. Se trata de un reacomodo general que estamos sintiendo todos los involucrados, porque la mayoría de los que estamos en este proyecto venimos de estar en series. Se trata de pararse un poco al costado y arrancar de nuevo. Filmar es como andar en bicicleta. Durante la producción eso ya empezó a pasar, y la impronta de la serie dio paso a la de la película que queremos hacer. Y a cómo la podemos hacer”, dice. 

Movistar Play Stoll en la serie Ruido Capital

En ese sentido, Stoll asegura que en el sector audiovisual se está viviendo una especie de pausa entre producciones, ya que varias de las series extranjeras grandes que se filmaron en Uruguay terminaron sus rodajes, y es un momento en que se están encarando proyectos más personales, como la propia El tema del verano. Se vuelve así a un sistema en el que la máquina aceitada e industrial de las plataformas descansa, y reflotan los viejos proyectos. Viejos proyectos que, como marcan los 10 años de desarrollo de su película, no temen esperar el momento indicado para emerger.

“Hacer películas siempre se va a poder. Claro que nunca vas a tener 80 días de rodaje, y no vas a tener recursos ilimitados, pero la película vas a poder hacerla. Y quizás dentro de esas limitaciones y de ese mundo que tenés que construirte con cierta fórmula adaptable que te haga sobrevivir, se empiezan a colar cosas tuyas y aparece el autor, las manos del realizador”, dice Stoll, que, a horas de darle el puntapié inicial a su nueva película, ya paladea el sabor del cine otra vez.

Temas:

El tema del verano cine Cine uruguayo José Ignacio

Seguí leyendo