ver más

El derrumbe del apoyo a la gestión del gobierno —medido por las encuestas— parecía ser la señal más potente de alarma sobre un precoz fin del crédito político que le otorgaron los ciudadanos al Frente Amplio.

La Vice-Presidenta Carolina Cosse fue la primerísima entusiasta en encender "la luz amarilla", en una expresión que posó como una reflexión autocrítica y de invitación a actuar.

Te puede interesar

Lo inaudito —o desconcertante— fue el mensaje presidencial. Pues si el amarillo es llamado de atención, la reacción de Orsi de calificar la situación de "anaranjada" impone una brutal tensión dramática. Una valoración que es aún más inquietante por provenir de quien debiera tener la mayor clarividencia sobre lo que vendrá y lo que hay que hacer.

Porque el anaranjado es lo inmediato anterior al rojo, o sea al "full stop", la detención, el fin obligado de la marcha. Y el Presidente —así nomás, suelto de lengua y con una sola palabra— eleva la alarma como diciendo que estamos casi ahí. Pero luego se queda en eso, comentando —lo habitual— que habrá que analizar, y algo habrá que hacer. Pero no sabe aún qué.

Hasta cabe preguntarse, si las próximas encuestas siguen en esta tendencia ¿qué va a decir el Presidente? ¿Cómo evitará hablar del rojo? ¿Dirá que estamos en bermellón? Rara forma de embretarse.

El propio presidente Orsi, escalando el nivel de alerta y sin dar pistas de lo que piensa hacer, genera la peligrosa sensación de un gobierno encaminado a agotarse en forma inminente. Difícil de comprender como mensaje de un jefe de gobierno cuando le restan tres años para su relevo. Casi igual al ministro que capitula frente a la guerra contra el narco, o al que se resigna a que este país va a seguir siempre caro sin remedio.

Lo curioso de todo esto es que la preocupación central parece concentrarse en el nivel de apoyo del gobierno, o la popularidad de Orsi, y no en la mala situación del país y sus perspectivas inmediatas. Que al final del día es la causa verdadera de la insatisfacción de la gente con los gobernantes.

Acá no hay un problema de comunicación de los logros, ni de trajes desalineados, ni de discursos titubeantes. Acá hay un problema de gestión, precisamente la falta de logros, de concreciones en las cosas que importan.

Decía Julio Herrera y Obes que "la opinión pública es una cortesana versátil". Quizá la seduzcan efímeramente las declaraciones amorosas, o un hábil declamante de poesía. Pero enseguida percibirá si no hay verdadera satisfacción a sus necesidades. Su compañía y afecto estarán solamente si se le cumplen de verdad sus exigencias y se cumplen las promesas. "La donna è mobile, qual piuma al vento"

La cuestión no es gobernar para las encuestas, sino hacer un gobierno efectivo. El verdadero conductor debe marcar el rumbo claro y actuar en su consecución. No debe caer en la tentación facilonga de obtener el aplauso de la masa, que siempre será breve mientras no se resuelvan los problemas de fondo, en nuestro caso: seguridad, trabajo, economía estancada. El buen navegante sabe llegar a destino valiéndose de los vientos en contra, pero para eso debe saber adónde quiere llegar. Si se resigna a aprovechar la brisa para donde sopla, terminará perdido en la deriva.

Por eso juzgamos peligrosa la falta de dirección presidencial. Y peor aún la primera reacción de Alejandro Sánchez afirmando que el rumbo es correcto, que hay que apretar el acelerador, cumplir el presupuesto. O sea insistir en el error que nos ha traído hasta acá, no corregir nada. Tratar de tranquilizar a los enojados más radicales, mostrándoles que vamos hacia algún lado muy rápido, sin mucho esfuerzo, donde nos lleve el viento de su griterío, sin importar el fin del viaje.

Solo nos resta la esperanza de que el gobierno advierta que urge asumir la oportunidad de cambiar ese derrotero equivocado de aumentar el gasto público, anunciar más impuestos, y seguir abultando la deuda. Que debe dejar de mirar para atrás. Es hora de empezar a gobernar, animarse a hacer los cambios que hay que hacer, y asumir los costos políticos que aquella responsabilidad impone. Más gasto, voluntarismo populista, dádivas clientelares, y el querer quedar bien en las encuestas con todos los "colectivos", solo puede traer peores resultados económicos y menos logros. Al final eso los alejará más de la voluble y perspicaz opinión pública. Y, más importante, nos dejarán un país peor.

Sabe que quienes tenemos la ética de responsabilidad no los vamos a acompañar por aquel camino, pero sí por el de las propuestas sensatas que hagan el cambio necesario para el despegue económico.

El tiempo se agota. Nadie quiere el rojo.

Seguí leyendo