El Observador | Jean Jacques Bragard

Por  Jean Jacques Bragard

Abogado especialista en conflictos societarios y socio de Bragard Abogados
17 de febrero de 2026 18:55 hs

Todos los días los uruguayos tomamos decisiones financieras. Pagamos con tarjeta de crédito, financiamos compras en cuotas, utilizamos billeteras electrónicas, débito, contraemos préstamos personales, hacemos depósitos, invertimos en criptos o las usamos como medio de pago, hacemos transferencias instantáneas, pagamos con teléfonos inteligentes, analizamos ofertas de inversión que prometen rentabilidades atractivas, compramos productos en el marco de promociones 2×1, entre una cantidad de actividades cotidianas que implican tener conocimientos financieros básicos y también digitales.

Sin embargo, el sistema educativo formal prácticamente no nos prepara para comprender ese universo con herramientas suficientes. No es una crítica a la educación tradicional, es una constatación de una omisión estructural actual.

En mi opinión y la de muchísimos, la educación financiera no es un contenido accesorio ni un interés sectorial. Según reciente informe de Banco Santander (El valor de aprender: perspectivas globales sobre educación financiera) la educación financiera se sitúa como la segunda asignatura más importante que la ciudadanía quisiera ver impartida en las escuelas, por delante de materias tradicionales como la historia o las ciencias.

A nivel legislativo existe un proyecto de ley presentado por el diputado Walter Verri en agosto 2025 que busca promover la educación financiera como herramienta para mejorar las capacidades de la población en la toma de decisiones económicas responsables, fortaleciendo conocimientos en ahorro, inversión, crédito, endeudamiento y planificación financiera. Propone incorporar en forma obligatoria y progresiva como materia curricular la educación financiera, ya desde primaria. Los tópicos que establece son esenciales a mi modo de ver. Y regula que será la ANEP junto al MEF y BCU los encargados de definir los contenidos específicos de la curricula.

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Hace pocos días el Parlamento recibió la opinión desfavorable del Codicen por razones competenciales. Ojalá esto no se convierta en una disputa política que solo logre empantanar la necesidad evidente. De ser acertada la opinión de Codicen, habrá servido la iniciativa del diputado Verri para poner el tema sobre la mesa, y que sea la ANEP quien presente el proyecto de ley y resuelva con urgencia la necesidad evidente.

No puede haber dudas que este asunto debe estar dentro de las políticas públicas modernas de cualquier país. Y debe anticiparnos a los problemas financieros modernos.

El costo silencioso de la desinformación

La falta de educación financiera tiene consecuencias concretas.

El sobreendeudamiento de consumo, el pago sistemático del mínimo de la tarjeta sin comprender su costo acumulado, la contratación de créditos sin comparar tasa efectiva anual, la concentración de ahorros en un único activo “de moda”, la confusión entre precio contado y precio financiado, no entender los costos ocultos, los créditos “gota a gota”, no comprender el funcionamiento de las AFAPs, las obligaciones negociables, son fenómenos cotidianos.

En los últimos años hemos visto pérdidas patrimoniales significativas en distintos ámbitos. Algunas obedecen a fraude o estafas. Otras a imprudencia. Pero una parte importante responde a asimetrías de información.

En una sociedad donde el dinero ya no es solo efectivo sino datos, plataformas digitales, pasarelas de pagos, QR, contratos electrónicos y activos virtuales, esa omisión es cada vez más costosa. Los teléfonos inteligentes así como generan ventajas también colocan a las personas en situaciones de vulnerabilidad en aspectos financieros.

Hay que formar criterio

La Agencia Nacional de Desarrollo elaboró un Manual de Educación Financiera que parte de una definición correcta: educar no es solo brindar información, sino desarrollar la capacidad de comprender, analizar y utilizar herramientas financieras para tomar decisiones responsables. Explica el funcionamiento del sistema financiero, los productos básicos, el crédito, la deuda, la planificación y el ahorro. Distingue entre deuda productiva y consumo innecesario. Enseña a presupuestar, comparar y proyectar.

El Banco Central del Uruguay ha desarrollado la plataforma BCU Educa, un esfuerzo institucional serio y valioso.

La Fundación BROU viene impulsando programas y talleres de educación financiera en centros educativos; el programa PIN en el ámbito del Mides trabaja competencias vinculadas a inclusión y herramientas económicas para poblaciones vulnerables; y el convenio entre el Banco Central del Uruguay y la ANEP promueve formación docente y contenidos financieros integrados al sistema.

Son señales positivas y demuestran que el tema está en la agenda institucional. Sin embargo, siguen siendo iniciativas parciales, dependientes de convenios o programas específicos. Avances aislados. Lo que aún no existe es una política pública universal, sistemática y obligatoria que garantice educación financiera para todos los estudiantes, sin depender de proyectos puntuales o voluntades circunstanciales.

La educación financiera debe ser entendida como un proceso de aprendizaje continuo a lo largo de la vida. No debe tratarse como una campaña de concientización únicamente.

No significa que todo lo que venga desde redes sociales necesariamente esté mal, pero la finalidad suele priorizar el impacto y viralidad. No necesariamente educar. Además es difícil lograr trazabilidad de credenciales o conocer si hay incentivos comerciales ocultos.

La llegada de la inteligencia artificial

Hoy miles de personas consultan asistentes digitales antes de invertir, o elegir productos financieros. Existen sistemas automatizados que procesan datos en segundos y generan recomendaciones personalizadas. Esto democratiza información, pero también introduce nuevos riesgos.

Los algoritmos aprenden de datos históricos que pueden contener sesgos. Pueden simplificar realidades complejas o generar una sensación de certeza que no existe. La responsabilidad sigue siendo humana.

La alfabetización financiera moderna debe incluir comprensión de cómo funcionan estas herramientas, cuáles son sus límites y por qué el criterio personal es insustituible.

El fenómeno del bitcoin es ilustrativo. Su auge generó expectativas de ganancias rápidas amplificadas por redes sociales. Sus caídas abruptas dejaron pérdidas significativas a inversores minoristas. Sin ánimo de demonizar la innovación, es urgente enseñar desde bien joven que rentabilidad y riesgo son inseparables.

Reflexiones finales

Lamentablemente cada año sin educación financiera sistemática es una generación que enfrenta decisiones económicas trascendentes sin herramientas suficientes.

No se trata de enseñar a ganar dinero. Se trata de enseñar a no perderlo por desconocimiento. Y también colabora con el bienestar financiero.

Y en la vida real, esa diferencia puede ser determinante.

Uruguay debe apurarse.

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