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Como argumento para no votar la Rendición de Cuentas, el senador Andrés Ojeda afirmó que el gobierno no cumplió con los números proyectados en el presupuesto y entonces, haciendo un paralelismo con los estudiantes de secundaria, sostuvo que sus integrantes perdieron el examen. “Se fueron a febrero”, dijo.

En una entrevista en radio Sarandí, el ministro de Economía, Gabriel Oddone, protestó ante tal analogía y calificó tal argumento como "poco serio" y solo apto “para un asado o para una conversación risueña entre amigos”.

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“El uruguayo no está acostumbrado a eso”, dijo.

No estamos acostumbrados, pero nos estamos acostumbrando muy rápido.

No solo la Rendición de Cuentas: cada vez más temas serios son tratados con respuestas huecas, vacías, carentes de todo argumento.

Cuando apenas se había iniciado el escándalo por el inexplicable descuento que obtuvo en la compra de una camioneta de lujo, al presidente Orsi solo se le ocurrió decir que él se tiraba de cabeza cada vez que había descuentos.

Cuando el asunto se complicó y ya quedó en evidencia que el presidente había ocultado información importante y –según informes de prensa- también mentido, aparecieron el senador Daniel Caggiani y Fernando Pereira a dictaminar que el asunto estaba cerrado y recontra cerrado.

¿Y las explicaciones? ¿Y la respuesta a las informaciones de periodistas serios? Bien, gracias.

Lejos de aquellos tiempos en que la política era la búsqueda de datos, ideas y evidencias para convencer al otro, hoy el debate parece haber quedado reducido a la mera repetición de eslóganes y frases vacías para dejar contento al núcleo más incondicional de la respectiva hinchada. Y a veces ni siquiera eso.

La conferencia de prensa de la Coalición Republicana para anunciar el no voto de la Rendición de Cuentas fue otro hito de esta rodada barranca abajo.

La última pregunta la hizo un periodista de Tv Ciudad, José María Caraballo: “Más allá de las notorias diferencias con el oficialismo, en este caso alguien puede entender por allí que no votar esta rendición de alguna manera podría llegar a ser darle la espaldas a la gente. ¿Qué se les responde en ese sentido”?”

La pregunta fue recibida con un ooohhhhhh de parte de todos los legisladores presentes, como si fueran niños que hubieran visto un elefante rosado.

Luego se escuchó a la senadora Graciela Bianchi decir a viva voz: “¡Hay que cerrar TV Ciudad!”.

Caraballo le retrucó –con evidente razón- que más allá de esa opinión, la pregunta seguía siendo válida.

Mientras algunos de los presentes hacían gestos airados y otros se reían, tomó la palabra el senador Javier García y dijo: “Josema, la pregunta es válida y la respuesta también, porque fue hecha en este rato. Gracias”.

Y así dio por terminada la conferencia de prensa, sin haber respondido la pregunta. Ni uno solo de los legisladores presentes atinó a pedir el micrófono para responder. Inmediatamente, Ojeda se sacó una selfie con García. Y el grupo se autodisolvió.

Conferencia de la Coalición Republicana- captura de InfoCapital de Tv Ciudad

Así como cada vez que Nacional pierde o empata, Peñarol hace lo mismo y así se arrastran ambos en esa tristeza que es el fútbol uruguayo, la política parece seguir el mismo derroteo: abochorna uno, abochorna el otro. Quizás conscientes del patético final que tuvo la conferencia, el Partido Nacional borró la última pregunta y el final en la versión (casi) completa que subió a las redes sociales.

Pero borrar ese pasaje no cambia la realidad. La pregunta del colega de TV Ciudad fue hecha en forma correcta y clara. Periodísticamente era válida y legítima. Y no es cierto que ya hubiera sido respondida. Quizás alguien pudo entender que las cosas que se habían hablado hasta ese momento podrían, eventualmente, entenderse como una respuesta al argumento planteado por Caraballo. Pero, en todo caso, así se le debería haber respondido y explicado.

Además, la pregunta del periodista de TV Ciudad era la que más les convenía a todos los legisladores de la Coalición Republicana allí presentes. Si lo hubieran pensado diez segundos se habrían dado cuenta. Porque la hipótesis planteada por el periodista era el argumento que con toda seguridad jugaría el oficialismo, como quedó en claro apenas finalizó la conferencia. Era una oportunidad de oro de anticiparse a las críticas y de dar a conocer a la opinión pública los argumentos de por qué no consideraban válido ese punto de vista.

Pero pensar diez segundos no está de moda. Ninguno de los 37 legisladores presentes se dio cuenta de que la pregunta había que responderla: porque era correcta, porque correspondía y también porque les convenía. Hoy están todos en las radios y en las redes sociales desesperados por explicar lo que antes se negaron a responder.

Para peor, el exabrupto de Bianchi contaminó el debate necesario respecto a TV Ciudad. La existencia del canal es discutible justamente en el marco de lo que se está debatiendo en la Rendición de Cuentas: cómo conseguir fondos para las urgencias ineludibles que tiene Uruguay. O sea, un país que es más chico que la provincia de Buenos Aires, que tiene un estado deficitario y que padece enormes carencias y rezagos en políticas sociales, educativas, de salud, de vivienda, etc, ¿cuántos canales de televisión públicos deficitarios es lógico que mantenga?

Esa es una discusión legítima. En cambio gritar que hay que cerrar TV Ciudad porque un periodista hizo una pregunta que no gustó, es un bochorno.

Por otra parte, plantear la idea de un modo tan equivocado es también una forma de ayudar a sepultar un debate que haría falta pero que, como tantos otros, seguirá pendiente.

Temas:

TV Ciudad Coalición republicana Rendición de cuentas

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