15 de julio de 2026 5:05 hs

Hay silencios que aturden y ausencias que en nada se parecen al olvido. Eso sucede con el expresidente Luis Lacalle Pou. Mientras el Frente Amplio y la oposición se desgastan cada cual en su tarea –las encuestas de opinión dicen que ninguna de las partes lo está haciendo bien- Lacalle ha optado por un repliegue táctico y, por ahora, evita hablar sobre los temas de coyuntura, más allá de su salida en octubre del año pasado para defender la gestión de su gobierno en la compra fallida de las patrulleras oceánicas a la empresa Cardama.

Lacalle Pou está callado pero claramente no está distraído. Según publico el semanario Busqueda, semanas atrás el líder blanco convocó a un encuentro con algunos de sus principales dirigentes –Alvaro Delgado, Javier García, Martín Lema y Luis Alberto Heber- y les transmitió una serie de preocupaciones. La publicación dice que el exmandatario se lamentó de una militancia “poco activa” en el territorio, advirtió que no lo convence cómo el partido está siendo conducido desde el directorio blanco y tampoco cómo están trabajando los dirigentes de Montevideo.

La información dice que Lacalle Pou cuestionó las declaraciones públicas de legisladores del gobierno que dan por ganada las próximas elecciones y ya auguran que él volverá a ser presidente.

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Ese triunfalismo desvela particularmente a Lacalle Pou, ratificaron a El Observador fuentes nacionalistas. Porque jugar con el descontento que, según las encuestas, alcanza la gestión de Yamandú Orsi, es un apresuramiento evidente en un escenario global y regional tan volátil. Además, la memoria de los votantes suelen ser volátil. Como muestra de que el 52% de popularidad con el que se fue Lacalle Pou de la presidencia no augura necesariamente el éxito futuro, entre la dirigencia del Frente Amplio circulan un par de encuestas de Nómadde y de Factum de mayo y junio pasado en donde se pregunta qué responsabilidad tuvo Lacalle Pou en eventuales “actos de corrupción”, “irregularidades” o “escándalos” ocurridos entre 2020 y 2025.

Un 59% de los consultados por Factum y un 56,8% de los preguntados por Nómade le adjudicaron responsabilidad al líder blanco. En el Frente Amplio creen que esos resultados son una muestra de que Lacalle Pou no es considerado por buena parte de los uruguayos como un político con una gestión y un presente tan impoluto como para darle ya por ganada las próximas elecciones.

Lo que vendrá

¿Qué quedará entonces en la memoria de la gente dentro de tres años cuando, por ejemplo, el episodio de la camioneta presidencial de Orsi y el olvido del pago del impuesto a Primaria queden a una respetable distancia?

Los números del gobierno actual son un tanto paupérrimos, y la vieja máxima de que “otros vendrán que bueno me harán” cotiza al alza en los clubes políticos de la oposición. La gran interrogante es si la ciudadanía le cobrará al futuro candidato presidencial del Frente Amplio, sea quien sea, los errores actuales de sus figuras principales.

Al fin de cuentas, la popularidad de Lacalle Pou de nada le sirvió a su delfín, Alvaro Delgado, para ganarle a Yamandú Orsi.

El próximo 9 de agosto, en el marco de las celebraciones por el 190º aniversario del Partido Nacional, Lacalle Pou volverá a subirse a un estrado. Será el principal orador de un evento que los blancos esperan con la ansiedad de quien busca una brújula. Probablemente hable de ideas, de la identidad blanca, del país que imagina a largo plazo. Pero lo verdaderamente importante ya lo dijo en privado. Tal vez sea hora de que sus dirigentes bajen la soberbia, abandonen más asiduamente los despachos para visitar los barrios y entiendan que en política nadie tiene la banca de diputado ni el cielo de la presidencia comprado, y mucho menos cuando falta tanto para el incierto 2029.

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